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Las teles gigantes se adueñan del salón

Pocas cosas hay más cambiantes en el mundo de la electrónica de consumo que las prestaciones de los televisores. Las constantes innovaciones en el mundo de la imagen y las estrategias de marketing de los principales fabricantes animan un mercado que en los últimos dos años ha experimentado un importante crecimiento.

Las teles gigantes se adueñan del salón

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Hemos asistido a un cambio de tendencia relacionado con una de las características que definen a un televisor, su tamaño, y que solo es comparable a la que se produjo cuando abandonamos el viejo televisor de rayos catódicos por la pantalla plana, primero con tecnología de plasma y LCD, continuando con las LED –que son las que hoy dominan el mercado– y la que está comenzando a tomar el relevo en los escaparates, la tecnología OLED.

Hemos asistido a un cambio de tendencia relacionado con una de las características que definen a un televisor, su tamaño, y que solo es comparable a la que se produjo cuando abandonamos el viejo televisor de rayos catódicos por la pantalla plana, primero con tecnología de plasma y LCD, continuando con las LED –que son las que hoy dominan el mercado– y la que está comenzando a tomar el relevo en los escaparates, la tecnología OLED. Definitivamente, los grandes televisores, los que hoy podemos definir como aquellos con diagonales superiores a las 50 pulgadas, han venido para quedarse. De hecho, como pone de manifiesto este estudio especializado, los televisores de 55 pulgadas en adelante acaparan ya más del 75% de las ventas, siendo este ya el tamaño más vendido, mientras que los de 65 son los que más han aumentado su demanda.  El retroceso que han experimentado las diagonales inmediatamente por debajo, mayoritarias hace dos años, es absoluto: es evidente el desplome en la franja de las 40-42 pulgadas, mientras que los tamaños más reducidos, menores de 32”, mantienen el tipo como televisores secundarios destinados a la cocina o las habitaciones. Aunque los salones de la mayoría de las viviendas españolas no solo no han aumentado de tamaño sino que tienden a ser cada vez más pequeños, al menos las resoluciones de las teles que compramos sí han crecido paralelamente a la superficie de pantalla. Por ejemplo, la resolución 4K ha pasado del 48% al 80% en los televisores demandados, desde marzo de 2016 hasta agosto de 2018. Por lo tanto y pese a la carencia aún de contenidos de calidad superior al Full HD –la mayoría se encuentra en las plataformas de video bajo demanda–, el parque de televisores con paneles que acepten esa densidad de píxeles, es ya bastante elevado.  Respecto a las características añadidas, por el camino se han ido quedando prestaciones que no terminaron de cuajar entre los consumidores, como el 3D, un adelanto que triunfó comercialmente al calor de títulos cinematográficos como ‘Avatar’, pero que fue enfriándose, por un lado, debido a las limitaciones técnicas en el ámbito doméstico –lo que traía consigo una pobre experiencia televisiva–; y una reducida oferta de películas producidas en tres dimensiones. El resultado es el abandono por parte de las grandes marcas de esta tecnología, principalmente desde 2016. Otra de las tendencias que han perdido fuelle en los últimos tiempos son los televisores de pantalla curva, una característica que es ideal cuando una sola persona es la que se sienta justo frente a ella, pero cuando este panel se ve desde una posición más extrema la calidad de imagen es claramente deficiente. Si hablamos de marcas, el mercado sigue estado copado por los gigantes de las tecnologías, entre los que destacan LG, que firma uno de cada tres televisores comercializados; por delante de Samsung, responsable del 30% de las ventas. A cierta distancia se encuentra Sony, fabricante del 13,82% de las pantallas vendidas en este periodo. Le sigue la china Hisense, que amenaza a la multinacional japonesa con un 8,19%, con el que ha conseguido adelantar a marcas tradicionales como Philips (5,62%) o Panasonic (2,77%). Y si nos referimos a las ventas, cabe destacar también cómo en menos de dos años, el aumento de la demanda  de televisores de 55 pulgadas ha ido en paralelo a una considerable reducción de su precio, pasando de los 1.300 euros que costaba un modelo básico de este tamaño en 2016 a los 800 que cuesta un aparato de las mismas carácterísticas en la actualidad. 

Aunque los salones de la mayoría de las viviendas españolas no solo no han aumentado de tamaño sino que tienden a ser cada vez más pequeños, al menos las resoluciones de las teles que compramos sí han crecido paralelamente a la superficie de pantalla. Por ejemplo, la resolución 4K ha pasado del 48% al 80% en los televisores demandados, desde marzo de 2016 hasta agosto de 2018. Por lo tanto y pese a la carencia aún de contenidos de calidad superior al Full HD –la mayoría se encuentra en las plataformas de video bajo demanda–, el parque de televisores con paneles que acepten esa densidad de píxeles, es ya bastante elevado.  

Respecto a las características añadidas, por el camino se han ido quedando prestaciones que no terminaron de cuajar entre los consumidores, como el 3D, un adelanto que triunfó comercialmente al calor de títulos cinematográficos como ‘Avatar’, pero que fue enfriándose, por un lado, debido a las limitaciones técnicas en el ámbito doméstico –lo que traía consigo una pobre experiencia televisiva–; y una reducida oferta de películas producidas en tres dimensiones. El resultado es el abandono por parte de las grandes marcas de esta tecnología, principalmente desde 2016.

Otra de las tendencias que han perdido fuelle en los últimos tiempos son los televisores de pantalla curva, una característica que es ideal cuando una sola persona es la que se sienta justo frente a ella, pero cuando este panel se ve desde una posición más extrema la calidad de imagen es claramente deficiente.

Si hablamos de marcas, el mercado sigue estado copado por los gigantes de las tecnologías, entre los que destacan LG, que firma uno de cada tres televisores comercializados; por delante de Samsung, responsable del 30% de las ventas. A cierta distancia se encuentra Sony, fabricante del 13,82% de las pantallas vendidas en este periodo. Le sigue la china Hisense, que amenaza a la multinacional japonesa con un 8,19%, con el que ha conseguido adelantar a marcas tradicionales como Philips (5,62%) o Panasonic (2,77%).

Y si nos referimos a las ventas, cabe destacar también cómo en menos de dos años, el aumento de la demanda  de televisores de 55 pulgadas ha ido en paralelo a una considerable reducción de su precio, pasando de los 1.300 euros que costaba un modelo básico de este tamaño en 2016 a los 800 que cuesta un aparato de las mismas carácterísticas en la actualidad.

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