COACHING PERSONAL
¿Lo hago o no lo hago? Aprende a decidir
Si tienes decisiones importantes que tomar, elige aquella que te haga feliz y no la que te resulte más cómoda.Una de las principales herramientas que tenemos para crecer, para poner en marcha nuestros proyectos y mejorar personal y profesionalmente es la toma de decisiones.

Se trata de elegir, de hacer frente a las situaciones que nos rodean y actuar, de tomar un camino u otro, de seguir adelante o cambiar el rumbo. Sin embargo, solemos quedarnos en nuestra zona de confort, en ese espacio de tranquilidad en el que queremos permanecer imperturbables. Ahí nos sentimos seguros, cómodos, bajo la falsa apariencia de mantenerlo todo bajo control, sin imprevistos, sin la “molesta” inquietud de tener que tomar decisiones o de enfrentarnos a situaciones que nos hagan posicionarnos.

También es habitual recurrir a otras personas, a consejos o pensamientos inducidos que nos eximan de esa responsabilidad y, si nos equivocamos, no tendremos esa molestasensación de frustración. Es un miedo natural a tener que asumir consecuencias y hacer frente a posibles errores por si nuestro plan no sale como pensábamos (y después nos dedicamos días y días a lamentarnos y a enfadarnos con nosotros mismos por haber elegido una u otra opción). Pero las decisiones hay que tomarlas si queremos avanzar, si queremos crecer, si queremos llegar a ser lo que realmente queremos, si queremos desarrollar nuestro plan de vida.
Y en esa toma de decisiones tenemos que saber que las respuestas están en nosotros. Tenemos que conocernos lo suficiente, saber cómo tendemos a razonar y las motivaciones que nos mueven para, de esta forma, poder decidir sobre aquello que mejor se adecúe a nuestros valores. Es fundamental ser fieles a nosotros mismos y no elegir por el qué dirán, por lo que pensarán, por lo que esperan de mí. Las decisiones tienen que hacernos felices, tienen que encajar con nuestra personalidad, con nuestro yo, con nuestro potencial y conectar con esa esencia que nos hace especiales.

En coaching solemos decir que “no necesitamos que el camino sea fácil, necesitamos que valga la pena, que sea posible”. Y como dice El Principito, “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. Por eso, tenemos que tener la capacidad de ver más allá, de encontrar el mensaje que cada situación nos lanza, el aprendizaje de elecciones pasadas y, sobre todo, conocer nuestras emociones. Es cierto que la sensibilidad nos da una visión que no todas las personas tienen la virtud de tener pero, por otra parte, tenemos que ser conscientes de esas emociones, dominar lo que sentimos y no tomar decisiones permanentes por una emoción temporal. Hay que encontrar el justo equilibrio.
Para aprender a decidir, partimos de todas estas nociones y podemos establecer un esquema sencillo que nos ayude a visualizar cómo cambiaría nuestra vida al tomar determinada decisión, si ese cambio merece la pena y si somos capaces de gestionarlo ahora y en un futuro.

Establezcamos prioridades en nuestra vida (en todos los ámbitos). Tenemos que diferenciar lo importante, lo que realmente nos hace felices y nos realiza personal y profesionalmente al margen de lo socialmente correcto, de las normas preestablecidas, de aquello que se marca como adecuado por los demás.
Planifiquemos cómo sería nuestro camino al decantarnos por una determinada opción para saber si eso es lo que realmente queremos y saberqué vamos a tener que dar de nosotros (de forma que podamos valorar si nos va a compensar).
Listamos las opciones que tenemos en relación a una determinada situación y en cada una de ellas buscamos los aspectos positivos y los que pueden suponer más dificultades. Unas dificultades que no deben frenarnos siempre y cuando sepamos que son asumibles, confiando en nosotros para superarlas. Sabiendo si, en ese momento, tenemos los recursos suficientes para hacerles frente. Si ese esfuerzo o sacrificio es algo que podemos asumir o no. También es importante saber si esas elecciones tienen repercusiones directas en nuestro círculo más cercano o los implica de alguna manera para también saber cómo tendríamos que gestionar las relaciones con ese entorno y de qué forma se podrían ver alteradas.
Es importante saber que, para decidir, tenemos que medir de forma cualitativa más que cuantitativa. Podemos tener en nuestra lista diez dificultades y dos motivaciones positivas, pero esas dos razones pueden ser mucho más poderosas que las adversidades. Eso lo sabremos nosotros. La respuesta no puede ser externa. Unamisma elección no es válida para todas las personas y, dependiendo de esa individualidad, las decisiones serán unas u otras.

Por último, hay que saber que hay elecciones que son permanentes y otras reversibles. Por eso, es importante tomar consciencia de que una vez iniciado el camino se puede corregir. Incluso en aquellas situaciones en las que sabes que te marcarán de por vida, siempre tienes un margen para aprender, para mejorar, para redefinir tus valores y tus planes, para encontrar lo positivo en cada dificultad y tener la posibilidad de reinventarte y descubrir tu potencial para hacer frente a los retos que vayan asociados a tu decisión.
Escúchate, encuentra la sabiduría que hay en ti, pues nadie te conoce mejor que tú. Tú sigues tu camino y nadie más estará en tus zapatos. Cada uno de nosotros elige en función de su YO, de sus metas, prioridades y creencias. En definitiva, nuestras decisiones nunca deben contraponerse ni ser opuestas a lo que somos y a lo que queremos ser. Somos dueños de nuestra vida y tenemos que tomar las riendas. Sigue aquello que te haga feliz y que sea sostenible en el tiempo; aquello que seas capaz de afrontar convencido de que podrás sacar lo mejor de ti y encontrar -en los cambios que supone cualquier decisión- una oportunidad de reconstruirte y de redefinirte. Y recuerda que si miras dentro de ti, te escuchas y eres capaz de mantener la equidistancia entre todas las opciones siendo verdaderamente honesto contigo, nunca te equivocarás.