Llamada desesperada desde Matalascañas: «La playa presenta un aspecto un poco lamentable»

El alcalde de Almonte alerta sobre este deterioro y lamenta la falta de respuesta del Gobierno para salvar la campaña de Semana Santa

Crece el temor en el sector turístico por las consecuencias económicas de este abandono para la comarca

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Aspecto que presenta un tramo de la playa almonteña tras los temporales AYTO.ALMONTE
H. Corpa

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Matalascañas, principal motor turístico del municipio de Almonte junto con la aldea de El Rocío, afronta su Semana Santa más crítica en muchos años. El alcalde, Francisco Bella, ha alertado sobre el deterioro de la playa tras el azote de los últimos temporales y la falta de respuesta del Gobierno para salvar la inminente campaña vacacional.

Las últimas borrascas han dejado el litoral en un «estado un poco lamentable«, como lo ha definido el propio regidor, antes de lanzar una llamada de auxilio al Ministerio para la Transición Ecológica: »No ha habido ninguna respuesta a nuestras peticiones de medidas urgentes«, lamenta. El balance de daños es, como explica Bella, lo suficientemente elocuente e incluye la desaparición de grandes cantidades de arena, accesos destruidos y un paseo marítimo muy deteriorado, especialmente en la zona de Caño Guerrero.

El alcalde se rinde a la evidencia: «No vamos a poder presentar un perfil de playa bueno para el disfrute durante esta Semana Santa»

«Yo espero que el Ministerio sea capaz de actuar, cosa que hasta ahora no ha hecho y que realmente reponga en parte los posibles efectos que esto nos ha causado y que condena de una manera irrevocable a la economía de la zona en la propia comarca de Doñana». Sin embargo, parece rendirse a la evidencia al reconocer que «no vamos a poder presentar un perfil de playa bueno para el disfrute durante esta Semana Santa».

El alcalde subraya que esta situación es el resultado de años de retrasos en proyectos esenciales. «Llevamos desde 2018 esperando la regeneración de la playa con aportes de arena, algo que se hace periódicamente, pero nunca llega». La licitación de una obra para paliar el problema, anunciada en enero de 2025, «no estará lista para esta temporada», según admitió el propio Consistorio.

Pero la preocupación va más allá de la arena. «Los temporales han afectado también a infraestructuras básicas», advierte, recordando que Matalascañas es «la locomotora económica del Condado de Huelva». Sin una intervención inmediata, el Ayuntamiento teme que los visitantes perciban la playa como insegura o poco atractiva.

El alcalde vincula esta crisis a otro problema estructural: la gestión hídrica en Doñana. «Las lluvias recientes han evidenciado la falta de infraestructuras para aprovechar el agua», señala, criticando el «abandono de los cauces públicos» que alimentan el parque nacional. «Doñana no es solo un espacio protegido: es el sustento de nuestra comarca, y su conservación depende de decisiones prácticas, no de debates políticos».

El precio de la desidia

El deterioro de Matalascañas amenaza con romper una tendencia positiva en su turismo. Según datos históricos, la ocupación hotelera en Semana Santa rondaba el 80% en años previos a la pandemia, aunque con fluctuaciones marcadas por factores externos. En 2010, por ejemplo, los alquileres vacacionales cayeron un 50% debido a la crisis económica y los daños también por temporales. Aquel episodio sirvió de advertencia: «Si la playa no está lista, el verano se resiente», advirtió entonces la Asociación de Propietarios.

El contexto actual es aún más complejo. Pese a que Matalascañas registró un récord histórico de veraneantes en julio de 2024, con casi el 100% de ocupación, la Semana Santa opera bajo un lógica distinta. Es un 'termómetro' para el sector, como señalan los hosteleros: atrae a turistas nacionales que suelen planificar con antelación y cuyas impresiones influyen en las reservas estivales. Por eso, la falta de arena y los accesos dañados podrían ahuyentar a este público, ya que sin una playa en condiciones el riesgo es que esa mala imagen se consolide, espantando incluso a visitantes habituales.

Doñana, testigo y víctima

La crisis de Matalascañas trasciende lo turístico. Las dunas que separan la urbanización del parque nacional —último baluarte contra la erosión— están siendo devoradas por el mar. Estudios científicos citados por el Consistorio alertan de que la desaparición de la playa aceleraría la salinización de acuíferos en Doñana, ya afectados por la sobreexplotación.

Mientras, el alcalde recuerda el papel clave de los almonteños: «Sin su conocimiento, Doñana no sobreviviría». Ejemplo de ello fueron los ganaderos que, durante las recientes inundaciones, rescataron ganado de las marismas «montados a caballo, como auténticos héroes». Eso es posible, añadió, «gracias a la implicación del hombre con Doñana, a través de las poblaciones de Almonte y de Hinojos, ya que mantienen ese espíritu y ese alma», una muestra más de que, en esta esquina de Huelva, la lucha por el patrimonio natural y el futuro económico son una misma batalla.

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