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La voluntad de permanencia

La decisión de las bases socialistas fue que el autócrata Sánchez fuese su secretario general y, como consecuencia, tras perder las últimas elecciones, el tal Sánchez sigue dictando en España

Un grupo de personas a las puertas del Congreso en la primera sesión del debate de investidura protesta contra los diputados del PSOE E.P.

javier berrio

Aún no he terminado de entender qué pasó en aquellos comicios, aparte de que fueron convocadas en la peor fecha y tras un tremendo varapalo en las locales y autonómicas para las izquierdas. Está claro, también, que hubo intromisión indebida, desde los medios de comunicación afines a la agenda globalizadora y desde los 'lobbies' socialistas y comunistas, comenzando por los del abecedario, hasta las feministas de cuño radical (empoderamiento sobre el hombre), y los de la macabra idea de la inexistencia de género antes de la decisión de cada cual. Género a la carta y sexualidades diseñadas desde el poder.

Finalmente y como era de esperar, Feijóo no se ha hecho con la jefatura del gobierno a pesar del apoyo de Vox, el cuál resultó insuficiente pero de gran altura moral teniendo en cuenta los desprecios de los 'populares' a la formación de derechas.

Pero el Sr. Abascal, presidente de esa derecha que abunda en valores y autodeterminación española, dejó claro frente a la soberbia e insolencia de Sánchez, el realismo crudo de antecedentes históricos que no ha tenido ni que mencionar. El mayor error de Sodoma, al contrario de lo que se suele pensar, fue la soberbia de sus moradores. Actuar como si no hubiera principios superiores a nuestra voluntad acaba destruyéndonos. Y a ese respecto, solo puedo decir que el tiempo hablará.

Lo claro es que las libertades están en franco peligro. Algunos han terminado por creer que los derechos son grupales y no de cada ciudadano. O se sale a la calle masivamente y de forma organizada, o Sánchez llevará a efecto su planificación antidemocrática. El jefe del Estado, D. Felipe VI, por su parte, debe saber que su misión es cuidar el orden constitucional y territorial que recibió como legado con el mandato de mantenerlo unido para la comunidad y la posteridad. Tiene la oportunidad, en este dificilísimo momento, de poner por delante a España y no cuidar tanto de la penosa dinastía que representa. En sus manos está.

Si los que quieren acabar con el Estado de Derecho y convertirlo, como ya viene sucediendo, en un polvorín expuesto a todas las chispas, que tengan cuidado: ya lo hicieron en la II República bajo los gobiernos del Frente Popular y harto sabido es lo que sucedió. También los socialistas amnistiaron a Companys tras su golpe institucional con la proclamación de la República Catalana y ya conocemos los resultados. Esta España no es aquella pero la situación política está calcada

Sería una desgracia inigualable pero, los poderes que se mueven en el entorno social comunista, Bildu y los radicales independentistas, más los sindicatos subvencionadísimos y llamados sociopolíticos y de clase -UGT y CCOO, fundamentalmente-, están dispuestos a todo porque solo conocen la soberbia egóica del poder y la supuesta superioridad moral del soberanismo insolidario y falto de ética en el uso de recursos para alcanzar sus fines.

El concepto estatalista del gobierno frentepopulista produce mucho miedo a la vez que mucha náusea. Que Dios nos guarde, pero se requiere más que aguante para tolerar esto. Es necesaria la continua acción de protesta de los ciudadanos y tener en cuenta que el presidente del PP, quien también defiende la Agenda 2020-30, igual que los socialistas y comunistas, es un hombre débil y errante, con lo que poco se puede contar con él. Afortunadamente, algunos líderes del constitucionalismo del PP son mucho más claros en la defensa del hogar común y de los derechos de la persona, como también lo es el socialista Page y los antiguos líderes del PSOE que todavía no han sido expulsados de la organización extremista. Solo las asociaciones ciudadanas, con esos líderes junto a Vox y la colaboración de los simpatizantes, podrían cambiar algo. Protesta continua contra el control que esta gente quiere ejercer sobre toda la sociedad creando, incluso, nichos sexuales diferenciadores para mayor y mejor manejo de los ciudadanos.

Los modos bolivarianos están directamente inoculados en el socialismo y en el comunismo españoles, igual que en la segunda república lo estuvo el estalinismo. La situación, grave de por sí, queda empeorada con la cobarde y traicionera intervención y, por lo tanto, internacionalización, del presidente del ejecutivo en funciones ante las Naciones Unidas. El presente está en manos de los ciudadanos y no habríamos de conformarnos con menos que una convocatoria electoral limpia y plausible para tratar de lograr una mayoría estable que lleve a España por sendas de libertad, prosperidad, solidaridad y lealtad institucional.

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