indesinenter
Esos días de diciembre
Si miro atrás, a esos momentos pasados que ya no existen, me veo defendiendo la república liberal y laica
Evitar el abismo político y espiritual
La voluntad de permanencia
Maltrato, violencia y género
Además, sueño con una Andalucía plenamente reconocida institucionalmente y, por lo tanto, emancipada del Estado español. Pero todo tiene su momento y su estado interior: lo que entonces soñaba virtuoso, después se mostró lleno de vicisitudes y miserias humanas y políticas.
A medida que transcurría el sueño del tiempo, me encontré con que quienes defendían la República eran comunistas estalinistas, no pocos socialistas y muchos nacionalistas soberanistas que perseguían resucitar a la II República, aquella que gobernada por el Frente Popular provocó, con sus torpezas, ambiciones totalitarias e imposiciones ideológicas, el golpe de Estado de 1936. Y en cuanto al nacionalismo, me bastó ver cómo se administró en Cataluña, con cuánta bajeza institucional y popular fue llevado a cabo, unilateralmente y con mensajes de odio al resto de España y al conjunto de los españoles, la proclamación imposible de una república catalana y cuán intolerable fue el remedo de refrendo llevado a cabo.
Para más martirio y tras el penoso 4 de diciembre de este año, observo a Juan Manuel Moreno celebrando, sin pena ni gloria, el día de la bandera blanca y verde, esa que al PP nunca gustó demasiado y, para más inri, a los nacionalistas andaluces, todos de izquierdas y pro moriscos, cada vez más anticuados en su anticapitalismo y en la transgresión de la idea humanista de que cada andaluz sea lo que quiera ser.
Lamentablemente, defienden todo lo contrario a esa libertad e independencia personal, al igual que el poder central, cuestionado y cuestionable de este momento: todo basado en la mentira y en el engaño a los electores y convirtiendo el derecho en cosa propia de los grupos y no de los individuos. Así pues, me sentí triste y lejano de aquellos días y más cerca, cada vez, a la resistencia que busca a la persona como centro de atención de cualquier acción política (siempre fue mi idea), y renunciando a la subvención a los lobbies de presión y clientes políticos de las leyes execrables del bolivarianismo hoy en marcha en España.
Resistir tanto ultraje, tanta demagogia y desmontaje de los derechos individuales, supone defender la separación de poderes, la igualdad en todos los sentidos de cada ciudadano se encuentre donde se encuentre y denunciar, con ahínco, que el PP es cobarde y se une al felón al permitir que el separatismo tenga presidencias de Comisiones mientras marginan a VOX, tercera fuerza bastante por delante del bolivariano Sumar.
Soñaba yo también con la redacción de un nuevo texto constitucional más federal y radicalizado pero, mi realidad de presente, es mantener todo lo institucional que tenemos, la reforma de la ley electoral para hacer realidad un ciudadano un voto con el mismo valor en todo el Estado y la anulación de la mayoría de las leyes anarquizantes, controladoras de los individuos, de ataque a la propiedad privada y fomentadoras de la ideología de género y trans, está última manifiestamente mejorable y la anterior, derogable. Que cada cual haga lo que quiera, pero que asuma su condición sin necesidad de más legislación.
En fin, quizás el día de la Inmaculada dé un respiro a tanta política y decepción aunque, con el actual ocupante de la silla petrina, tampoco es como para que los católicos tengan muchas razones para la felicidad. Por mi parte, más espiritual que religioso y lejos del olor a incienso vaticano y de las doctrinas más oscuras de católicos y protestantes, intentaré poner mi pensamiento en el «Dios proveerá», pero no sin mi concurso, nuestro concurso. El resto está en la Constitución y que a nadie le tiemble el pulso.