crítica de 'La comedia de las mentiras'
El túnel del tiempo
Hace cuarenta años te encuentras la procesión de las panateneas en plena calle Concepción y se arma la de Zeus es Apolo. Por lo menos. Doblas por Vázquez López pensando que estás a salvo y te encuentras a los campanilleros de Alfonso IX alegrando las tardes del paraninfo salmantino.

Algo es algo, piensas, en una calle hemos avanzado siglos. Pero tus alegrías no acaban ahí, en el interior del teatro te espera Paco Martínez Soria con unos amiguetes, y atención, con una obrita en cuya producción aparece nada menos que el Festival de Teatro Clásico de Mérida. El viernes pensé que el taxista me había dejado a las puertas del túnel del tiempo. Pero no, es que estos tiempos políticamente correctos se pueden traducir de una manera más comprensible y exacta, el mundo al revés.
“La comedia de las mentiras” es un pufo, como tantas otras cosas que nos asaltan en cuanto sales a la calle. De Pentacion no vamos a decir nada malo porque es una empresa y toda empresa que se precie tiene como objetivo fundamental crear valor, que es ganar pasta pero dicho en finolis o tal como aparece en los manuales de Economía que se tienen que tragar nuestros hijos y nietos. Por eso se salva la productora teatral, que imaginamos que está ganando pasta a mansalva con esta comedieta de medio pelo, con menos fondo que una lata de anchoas, trufada de humor grueso para hacer más llevadero el trago, se supone, y con unas actuaciones estelares con música enlatada detrás, cuyas coreografías no merecerían aparecer ni en la fiesta de fin de curso de un instituto de regional preferente, donde he visto comedias y coreografías con más clase que lo visto el viernes en el Gran Teatro, que se llenó y que aplaudió como siempre, pues entre los muchos records que tiene esta ciudad está el de ser la más aplaudidora de todas con diferencia; además de haber conseguido el tener la renta per capita más baja de toda España, ergo capital española de la pobreza si queremos ser políticamente correctos; o haber logrado hace sólo unos días, desbancar a Cádiz del primer puesto nacional en las sangrantes listas del paro.
Los actores no están mal, porque estar bien en una comedia tan mala no se puede o al menos no se debería decir. Pepón Nieto, ya lo apuntábamos más arriba, ha echado una ojeada a las pelis de Paco Martínez Soria para intentar salvar lo que a todas luces es insalvable. Paco Tous es lo que es, un gran actor como el anterior, y los demás pues la verdad es que no les van a la zaga, hasta bailan y hacen sus coreografías de una manera aséptica, como es toda esta obra, más plana que las marismas de las Metas. De entre todas y por nombrar a una, escribiré el nombre de la joven actriz Marta Guerras que se le ve muy talentosa, y perdonen que no la conozca, pero uno ya es viejo, todo esto le sobrepasa y cuando me siento en el butacón, lo que suelo ver es mi imagen reflejada en la pantalla apagada del aparato televisor. Me entretiene más ver crecer a las plantas, que es lo que tenía que haber hecho el viernes por la noche, ver crecer a las plantas, algo mucho más profundo, pero mucho más, que la comedia que nos han regalado Pentacion y el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Anda que si Plauto levantara la cabeza.
La comedia de las mentiras, de Pep Antón Gómez y Sergi Pompermayer. Dirección: Pepe Antón Gómez. Escenografía: Beatriz Sanjuán. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Música original: Mariano Marín. Vestuario: Paco Delgado y Paola Torres. Reparto: Pepón Nieto, Paco Tous, Angy Fernández, Raúl Jiménez, José Troncoso, Marta Guerras y María Barranco.
Gran Teatro de Huelva. Aforo: 640 localidades (Lleno); 2 de noviembre, 2018.