LA HUELVA CHOQUERA Y TABERNERA

Taberna El Pozo y Bar Palomeque

Son fiel testimonio de lo que era la Isla Chica de los mejores tiempos, de cuando el estadio de fútbol y el ambientazo de los partidos

U.J.M.

Un pub en Antonio Delgado

Bar Leonardo, caracoles frente a la Fábrica de Harinas

El antiguo estadio Colombino H24
José Ramón Andikoetxea 'Andi'

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Salen corriendo del colegio. No miran hacia atrás. Ni quieren ni pueden. Vuelan hasta casa, huyendo del tostón de las Matemáticas, de la Lengua… con suerte hoy tocó Educación Física y don Ramón les dejó jugar al fútbol o al matar.

El Juan Ramón Jiménez de Pérez Cubillas en los años setenta era un cole en el que había que batirse el cobre. No estaba hecho para apocados. El patio era un hervidero de niños traviesos que hacían peleas y todo tipo de trastadas. Todavía eran años de mano dura y de la letra con sangre entra. A los maestros se les respetaba o se les temía.

Tras comer unas lentejas de nuevo a galopar, esta vez hacia la plaza Padre Jenaro. Allí estaba la popular taberna de El Pozo y lo que tocaba era recoger vasos, lavarlos, hacer recados, limpiar o recoger las sillas de la terraza. De chico para todo. Había que arrimar el hombro y no te digo nada si te tocaba que tu familia tuviera un negocio. Entonces era un no parar. «La propina te sacabas y además te daban argo …». Ya está. De ahí tenías que tener para las chuches y quizá una colaboración en casa, que nunca venía mal.

Pepe Villanueva cuenta esto como una declaración de principios. «Antiguamente los chiquillos tenían que ayudar. Era así. No es como ahora, que empieza a trabajar uno y ya te está diciendo y los fines de semana de descanso».

El dueño era José Núñez Gómez. «Era mu bueno, mu bueno. El hombre era de Moguer». Así lo recuerda, con una sonrisa.

Imagen principal - Viaplana desde la Huerta Mena en los años 50 / Callejón de Palomeque desde Huerta Mena en los años 40 / Taberna El Pozo con Pepe Villanueva en la barra
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Viaplana desde la Huerta Mena en los años 50 / Callejón de Palomeque desde Huerta Mena en los años 40 / Taberna El Pozo con Pepe Villanueva en la barra H24

Imposible no acordarse de los días que eran realmente especiales en toda la Isla Chica. «Cuando había lo del Trofeo Colombino aquello se ponía… no veas aquello cómo se ponía de la gente que iban a comprar los chocos. Las mujeres esperando que vinieran los hombres del furbo: porque allí lo que había eran dos horas de trámite de un partido a otro».

Enfrente el Cine Apolo (1) era un referente del pasárselo bien haciendo algo especial. Cuando ir al cine era un auténtico acontecimiento. «El de verano y el de invierno. Estaban los dos». Al otro lado de la Carretera de Sevilla el Cine Isla Chica. En la calle Villanueva de los Castillejos estaba la famosa y populosa freiduría Pastor.

Hoy hablo con uno de los socios del bar Palomeque. La que fuera taberna hoy día es un bar restaurante que pone todo el primor en sus tapas. Para mí lo que destaca sobre manera son los caracoles en su temporada y el bacalao que se mueve, remueve y cimbrea haciendo pil pil sin parar (2).

«Ya con dieciocho años me metí en el restaurante Colón a trabajar». Corría el año 1986 y la semilla de la vocación quedó sembrada en El Pozo. En la Punta del Sebo fueron ocho años. «Me fui a la mili allí y volví».

«El ambiente era de trabajadores y de gente de fábrica, de los directores de fábrica. Allí era… un restaurante bueno». Recalca las palabras porque las exigencias de la clientela marcaban una cocina de altura. «Ambiente bueno. Buenas comidas y buenos banquetes. Y también un menú pa la gente trabajadora».

«Antiguamente era un estilo balneario», para la gente que venía a pasar el día de playa (3). Pero el nuevo propietario Juan Nieto Gil le dio un toque más estiloso.

«Mi profesión me gusta, y además yo tengo mi vida planteá así y mi jubilación es ya esto. No hay otra cosa. Desde chico pues es lo que sé y lo que he trabajao siempre». La palabra vocación es siempre piedra angular cuando sale de dentro. Aunque ya no sea un chiquillo vive su bar Palomeque como el lugar donde ofrecer los frutos de un aprendizaje de vida.

Palomeque fue taberna y tras la reforma siguieron los propietarios. El matrimonio con sus dos hijos lo llevaron durante unos años más, hasta la jubilación y que ya los hijos querían otra cosa. Salir del bar y de sus horarios esclavos.

Se lo alquilaron en el año 1996 y sigue todo tal cual. «La viuda sigue viviendo aquí arriba. Todos los días viene a la terraza. Ella era la cocinera de la taberna y cuando se inauguró este bar, por lo menos cuatro o cinco o seis años lo llevaron ellos. María Antonia se llama. Tiene que tener alrededor de los noventa».

Se nota que, aunque la carta de tapas y platos sea de altura, y que a los mediodías sea realmente un restaurante, aún se vive dentro el pulso del barrio, con su parroquia y su gente del día a día. Que es un bar de barrio por excelencia, con todo lo entrañable que eso representa.

Siempre dando vida al barrio

Al final, por estas calles de la Isla Chica, uno acaba tropezándose a tanta gente… Yo le recuerdo de la taberna, y luego del bar. Buenas tapas, buen servicio, ambiente familiar y de barrio. Me encuentro a Francisco precisamente en la esquina del Palomeque. Aunque dudo, le abordo. Porque me mueve que no se pierdan estas historias. Y Francisco me cuenta, con una sonrisa, esos recuerdos que viven en él.

La taberna Palomeque se abrió en junio del año 1965 y, como tal, duró hasta mayo del 1991

La taberna Palomeque se abrió en junio del año 1965 y, como tal, duró hasta mayo del 1991. A partir de ahí se construyó el nuevo edificio con el bar restaurante que actualmente conocemos. Hasta el 1998 lo regentaron los originales propietarios. A partir de esa fecha, lo llevan los mismos de ahora.

«En la taberna trabajaban Pepe Hispano y su señora, María Antonia Novoa Macías». Los dos con su hijo mayor, Francisco. «Me crie ahí y con cuatro años limpiaba las mesas con el trapo, y despachaba los vasos de vino chiquititos, el pehetero todavía». De tapas un listado clásico. «Al principio lo que teníamos nosotros era las caballitas en aceite, los altramuces, las aceitunas… alguna que otra lata de conserva que se ponía, una mijita de atún y demás. Y los desayunos, el tema de la copita de aguardiente, que siempre se le ponía una galleta, un biscote, un barquillo... Es lo que se solía poner antiguamente».

«Cuando ya se metío el tema de la cocina empezamos a poner menú. Eso fue cuando se hizo el colegio Reyes Católicos. Y en los veranos las almendritas fritas, las caballas con pimentada, las sardinas… boquerones, adobo. Pero eso siempre al naturá. No como ahora que te compran los botecitos. Antes todo era al naturá».

Cuando yo llegué a vivir a Huelva en el año 1978 «inauguré» el Colegio de los Reyes Católicos. Era un colegio a medio camino entre lo civil y lo militar. El lunes a primera hora y el viernes a última cantábamos el himno nacional que, sí, aunque no lo crean, tenía letra. Y ésta incluía palabras como estribo o martillo. Donde ahora se ubica el patio había unos pabellones de viviendas para familias de militares. Eran de ladrillo, muy al estilo de la Huelva antigua. El resto era un descampado. Lo típico en la ciudad. Desde allí ya se contemplaba la taberna Palomeque.

Francisco añade con más énfasis: «Y sobre todo los caracoles. Que venía gente de tos laos a los caracoles. ¿Y por habas enzapatadas? Era el bar más famoso de Huelva. Hasta pelar cuatro sacos de habas al día. Cuatro sacos de habas al día. Y nos especializamos en eso también».

«Teníamos fuera mesitas, de madera plegables». Y recalca con satisfacción esto último. «Primero eran seis mesitas y después se montó to esto».

De los clientes antiguos quedan dos. «Uno tienen noventa y seis años, que le decimos el Sordo, porque la verdá es que está sordo. Hasta hace un año, más o menos, venía. Por su vasito de vino. Y después queda Pepín Ferralla, que tiene ochenta y ocho años ya también».

José María, el hijo pequeño, estuvo los siete años del nuevo edificio. «Antes no». Y la hermana también.

Ahora el bar Palomeque es un lugar de tapeo y comidas. Muy buena cocina. La época de los caracoles sigue siendo bien sonada. Si quieres caer hipnotizado tómate una tapa de bacalao al pil pil, tras haber seguido el rítmico y bamboleante movimiento de la olla sobre el artificio que lo provoca. Siempre me ha parecido un invento magnífico.

Es un fiel testimonio de lo que era la Isla Chica de los mejores tiempos. De cuando el estadio de fútbol y el ambientazo de los partidos. De cuando se salía menos fuera y las familias aprovechaban los domingos para unas cervecitas, unas tapitas… En un barrio que hoy día se recupera tras años de declive.

Me parece muy interesante incluir fragmentos de una conversación en el grupo de Facebook Fotos antiguas de Huelva y su provincia, por lo viva que resulta, aunque trate realidades ya del pasado:

-Yo nací y viví en la vaqueriza de Pepín Bogado.

-Usted será hijo. Que yo recuerde Pepín tenía una hija y no recuerdo bien si eran dos o tres varones».

-Enrique, cierro los ojos y saboreo todavía los calostros que nos regalaba Pepín. Buena gente. Vivíamos frente. ¿Había un familiar que se llamaba Encarni? Mandaré fotos del balneario de la Cinta. Bogado Bardallo.

-Encarna es mi hermana».

-Perdona si te molesto. Sobre los años 60... ¿Vivía allí una niña discapacitada? Yo es que iba a comprar leche y la veía atada a una cama con cadenas... Pero no sé si es la misma vaqueriza...

-Sí, era mi hermana Dolores. Tenía ataques de miniguite y murió con 15 años.

-Yo viví al lado de la panadería de Teo. En Palomeque, en una casa familiar que mandó a hacer mi abuelo. Enfrente estaba las casas de militares, hoy colegio Reyes Católicos. Al lado Guadalupe, por el otro lado bar La Higuerita y polígono San Sebastián.

-En una esquina polvero Rechina y en la otra Mayte.

- iiY la droguería de Paquito!! Y la tienda de Luis, y la casa de los Pirfo, etc…

-El callejón Palomeque iba desde lo que es hoy Guadalupe, calle de la Palmera Antigua a la esquina de calle San Sebastián con avenida Adoratrices.

 

Notas al pie

  • (1) Manolo Rico, una persona entrañable que sabe de Huelva más que Briján, me pone sobre la pista de la excelsa vida artística que vivió el Cine Apolo desde 1958 hasta 1974. La Empresa González Barba estuvo plena de aciertos: Emplazó el cine en una zona donde convergía y converge siempre una gran animación como es la de la Isla Chica, dio las directrices de que el nuevo local estuviese inspirado artísticamente en el estilo andaluz. El martes, 15 de julio de 1958, el diario Odiel se hacía eco de la brillante inauguración

  • (2) Hace referencia al sonido que hace cuando las cocinas moviéndolas circularmente y al ser gelatinosas las burbujas hacen pil-pil y no chup-chup.Uno de los platos más emblemáticos del País vasco el bacalao al pil pil: Hay que remontar a 1835, año en que Simón Gurtubay, comerciante bilbaíno que importaba bacalao de Noruega, Escocia e Irlanda, hizo un pedido enviando un telegrama en el que pedía 100 ó 120 bacaladas de primera calidad.

  • (3) Páginas 229-231 del libro «Huelva choquera y tabernera, primer volumen» (editorial Niebla, 2021).

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