El Tesoro de la cocina andaluza

Tarta de verano

Aunque vivimos en un auténtico vergel, rodeados de frutas de extraordinaria calidad, comemos muy poca pese a las recomendaciones médicas

Ensalada de col con ajos

Dibujo de varias frutas B.R.

bernardo romero

Andalucía, una inabarcable despensa

El placer de las frutas. Comemos demasiada poca fruta. Viviendo en el paraíso, en un auténtico vergel con abundancia de frutas, y de extraordinaria calidad, no comemos la suficiente fruta. Y mira que no paran de recomendarlo los médicos y hasta los que no son médicos pero repiten lo que oyen. Y en este caso es cierto. La fruta es saludable, pero además riquísima de comer.

En otros tiempos las comidas empezaban por la fruta. Se ponía la mesa y en primer lugar se colocaban las bandejas con las frutas que hubiera en cada tiempo. En los meses de verano, con más razón, el bodegón que se podría formar era formidable. Ahora, no. Comemos a la rusa, quiere decirse mediante una moda decimonónica que reza empezar por una sopa o un potaje, después alguna carne o pescado y al final el postre, algún lácteo o pastel y, si acaso, fruta. El otro modo de comer antes de estos tiempos de hoy en día, era a la francesa, y ahí más por exorno que por otra cosa, se colocaban frutas a lo largo de la mesa, componiendo un bonito cuadro con todo lo demás que se fuera a comer en la ocasión: pasteles, carnes, empanados, croquetas, pescados, escabeches… todo lo que se quieran imaginar. Entonces se sentaba el personal a la mesa y a comer cada cual lo que se le antojara o le apeteciese. Aunque será menester hacer una observación que igual es innecesaria. Este modo, o moda, de comer, sea a la rusa o a la francesa, estaba extendida desde el siglo XVIII en toda Europa, pero eso sí, entre los poderosos. La inmensa mayoría de la población comía lo que podía, gachas de harina, alguna legumbre o verdura y a lo más una lasca de tocino podría ser el menú más habitual.

Pero volvamos a las frutas. Para dar cuenta de la importancia del consumo habitual de frutas, bastará acudir a la Fundación Española del Corazón, que lo explica de forma simple: «Proporcionan un importante aporte vitamínico (vitaminas A, C, B1, B2, B6, ácido fólico) y mineral (potasio, hierro, calcio, magnesio, sílice, zinc, sulfatos, fosfatos, cloruros). Aportan fibra, principalmente celulosa y pectinas. La mayoría tienen un alto contenido de agua que oscila entre un 80 y 95 por ciento». Esto dicen, y así es. Recuerden, una pieza en cada comida, mejor que una pieza al día. Frutas y verduras, por supuesto. Vivan sanos y vivirán mejor.

La tarta ya elaborada B.R.

Elaboración

Ingredientes: Una plancha de hojaldre; para el relleno, un bote de queso en grumos o requesón, un brick pequeño de nata líquida, tres huevos, una pizca de sal y cuatro cucharadas soperas de azúcar; para la cobertura, frutas variadas y almíbar hecho con un poco de agua y azúcar en dos minutos.

1. En un molde desmontable y pringado con mantequilla se colocará una plancha de hojaldre, recogiendo y enrollando los bordes sobre el canto del molde para que luego quede mona la tarta.

2. En la batidora eléctrica se introducen los ingredientes del relleno y a batir hasta que esté todo bien licuado y homogéneo. La mezcla se echará en el molde cubierto con el hojaldre. Al horno, a 180º y hasta que veamos que el hojaldre está doradito y la mezcla que era líquida ya está consistente.

3. Adornamos con frutas variadas y mojamos el resultado final con un almíbar que se hace de la manera más simple del mundo: agua, azúcar y al fuego un momento sin parar de remover.

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