EL TESORO DE LA COCINA ANDALUZA

Solomillo en salsa de almendras

Los frutos secos en general y las almendras en particular tienen multitud de propiedades, que en esta ocasión trasladaremos a una deliciosa salsa

Habas enzapatás

Robalo (lubina) al horno

Dibujo de unas almendras B.R.

BERNARDO ROMERO

Andalucía, una inabarcable despensa

Almendras. Tostadas o crudas, saladas o sin sal, las almendras son un vicio tal que te pones a comer y no puedes parar. No hay problema alguno, los frutos secos en general y las almendras en particular, tienen multitud de propiedades. En primer lugar, son ricas en vitamina E, un antioxidante excelente, con lo cual con comer un puñadito de almendras al día nos dará más de la mitad de las necesidades diarias. Son una fuente de proteínas importante, una quinta parte de su peso nada menos. Tienen fibra, con lo cual sacian y facilitan el tránsito instentinal. Al igual que el aceite de oliva, las almendras tienen ácidos grasos monoinsaturados, y completamos la lista con magnesio y manganeso. Como todos los frutos secos, son un alimento saludable. Come almendras y verás cómo recuperas el ánimo y las energías.

El solomillo en salsa ya en el plato B.R.

Elaboración

Ingredientes: Un solomillo de ibérico preferentemente porque tiene más grasas infiltradas, laurel, aceite, almendras, cebolla, ajos, tomillo, pimienta y sal

1. En el vaso de la batidora eléctrica echamos media cebolla picada, tres dientes de ajo pelados y partidos a la mitad, un puñado de almendras peladas, sal y un poco de vino blanco. A batir que son dos días. Bueno no tanto, hasta conseguir una pasta homogénea. Reservamos en el mismo recipiente.

2. Con paciencia y una cazuela amplia, procedemos a dorar el solomillo previamente salpimentado a fuego medio. La idea es sellarlo para que quede más jugoso, de ahí que sea mejor usar solomillo de ibérico. Una vez sellado, bajamos el fuego y dejamos que se vaya haciendo lentamente. Esto es importante, porque luego apenas va a tener cocción.

3. Pues ya casi está, porque lo único que hay que hacer es sacar el solomillo, añadir vino blanco al mismo aceite en el que hemos hecho el solomillo y desgrasar lo que se haya podido quedar pegado en el fondo con una cuchara de madera. Echamos lo que tenemos en la batidora, un poco de tomillo, si es fresco pues mejor, si no, pues seco, y a dar dos vueltas con la cuchara de madera. Volvemos a meter el solomillo en la cazuela, probamos de sal para ver cómo nos está quedando, damos unas vueltas hasta que espese la salsa y se acabó.

4. Servimos cortado el solomillo en rodajas de un centímetro más o menos, con la salsa por encima.

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