CRÍTICA teatraL
'El novio de España': Recordar y colocar las piezas en su sitio
Se trata de puro entretenimiento, aunque el recordar con exactitud y sin complejos, ni turbios intereses, lo que hemos sido, además de entretenido puede ser algo arriesgado

Si hace tres años se estrenaba 'En tierra extraña', un musical que narraba el encuentro entre Concha Piquer y Federico García Lorca, en esta ocasión la diva es una por entonces jovencísima Carmen Sevilla, mientras que su partenaire es nada menos que un auténtico ídolo por aquella mitad de los cincuenta en que se sitúa la acción de esta nueva entrega de Juan Carlos Rubio, nada menos que Luis Mariano, hijo de quienes a primera hora huyeron como pudieron de la barbarie que unos y otros provocaron en España un siglo atrás. Es la segunda y los aficionados a la copla, a los musicales y también a la historia reciente, estarán ya esperando ansiosos una tercera pieza que cierre la trilogía de este notable autor y teatrero español, ahora con un magnetófono incorporado.
Es de suponer, sin mucho riesgo a equivocarnos, que será la tremenda historia de otra figura señera de la copla, Miguel de Molina y su forzada marcha de su patria acompañado por la simpar y tremenda Soledad Miralles, torera y bailaora, hoy casi olvidada a pesar de que fue la que mandó parar el baile como Belmonte mandó parar el toreo. O quizás, no. Pero por ahí debe andar la cosa. Con tanta escasez de público, mucho nos tememos que como ocurrió con En tierra extraña, nos vayamos a quedar sin disfrutar en Huelva de la tercera entrega. A saber.
El reducido elenco, mejor que bien. Geniales y metidos en el papel a pesar del poco público asistente, que eso debe desinflar al más pintado. Genial también el montaje en general, desde la escenografía a la iluminación pasando por el cuidado vestuario de los actores, de excelentes hechuras. Un ejercicio teatral simple, sencillo y, ojo, que con cuatro actores Rubio se ha montado un musical, o casi, de campeonato. En todo caso, se trata de puro entretenimiento, aunque el recordar con exactitud y sin complejos, ni turbios intereses, lo que hemos sido, además de entretenido puede ser algo arriesgado, por mucho que Rubio se haya cuidado muy mucho de no molestar a quienes hoy usan como artilugio electoral los desastres de esa guerra ancestral que destrozó una España acosada y violentada por los unos, malditos, y los otros, igual de malditos.
Trata el autor de recordar a toda una pléyade de magníficos artistas que la historia reciente de España, o más bien la manipulación de esta historia reciente, ha ninguneado cuando no acusado de afectos al bando vencedor en aquella guerra incivil. Habría de todo, pero en realidad lo que vivía España después de aquel desastre, fue un intento por sobrevivir que Carmen Raigón pone en boca de Carmen Sevilla, de manera directa y sin complejos, tal como era ella. La más guapa y la mejor novia de España. Pero mejor y más conveniente será dejar la pelea entre los malditos, entre los unos y los otros, para volver a la función de este pasado sábado, tan escasa de público, como plena de ritmo y de color, de mucho color como también tuvo esa España gris de la que nos pudimos escapar al fin y al cabo. España, país de supervivientes. Vayamos a la función.

Podríamos aducir que a veces unos cantantes y músicos, excelentes desde luego, pero en el fondo como todos, hasta el público, actores, no deberían olvidar que los del gallinero –ay, totalmente vacío este hermoso sábado de musical en el Gran Teatro- también deben oír con claridad hasta los más leves cuchicheos. O que algún dueto no saliera todo lo redondo que pudiera haber salido, por muy versiones que sean de temas que los más mayores, y al público se le veía ciertamente madurito, no solo recuerdan, sino que habrán canturreado alguna vez, o muchas. Desde el Volver de Gardel hasta las Violetas imperiales del propio Luis Mariano, un artistazo, una voz enorme, y toda una vida sorteando guerras con sus inolvidables canciones por delante. Los conocidos temas, o sus versiones, resultaron algo más que aceptables, con algún momento verdaderamente emocionante, entre otras razones porque quien no es capaz de reconocer que es un soplo la vida, o que sabes que ya no habrá primavera si no estás tú aquí, violetera, es que se ha perdido lo mejor del siglo pasado, que no fue solo Pink Floyd y Jimmy Hendrix, también estos dos genios que Juan Carlos Rubio ha querido recordar y diríase que hasta recuperar, Carmen Sevilla y Luis Mariano, cada uno por su lado, los novios de España.
Fue una noche de teatro y de canciones en las que todos brillaron, y no sólo los que iniciaron y siguen con la gira, sino también la feliz incorporación de Marta Valverde, toda una carrera dedicada a los musicales y ahora en una obra que, de forma libre y hasta distendida, ha venido a recordar unos tiempos algo desdibujados. Recordar e intentar colocar las piezas en su lugar es un buen pago para tanta alegría y color como dieron desde la radio o los picús a los españoles. Ni dos décadas más duró el general de la voz aflautada, el pequeño dictador que surgió, curiosa y precisamente, como consecuencia de una frase del personaje más enfrentado a aquél régimen, Feli (poc) y que pretende decirla en un sentido y resulta certera en el contrario, las guerras surgen del desprecio a la democracia, a la convivencia. Pues eso, hijo mío de mi alma. Pues eso. Hoy, casi un siglo después, son ya muchos los historiadores, y hasta algunos políticos, los que coindicen en que aquella catástrofe canalla no fue una guerra de buenos contra malos, sino de malos contra malos. Y en mitad de todo este largo tiempo transcurrido, el teatro, el cine, y la copla también, han sobrevivido como hemos podido sobrevivir todos.
Juan Carlos Rubio parece haber querido recordar todo aquel tiempo en un intento, justísimo y necesario, de colocar todas las piezas en su justo lugar. Una pieza teatral, o un musical, como ustedes deseen, que se nos pasó volando y también pensando, emocionados a veces. Hasta hubo un momento en que mientras los dos actores estaban a la derecha del escenario, aparece en sombras y desde la izquierda Carmen Sevilla. Hasta que no avanza unos pasos y entra en el dominio de la luz, no fui consciente de que era Carmen Raigón y no la propia Carmen Sevilla la que estaba sobre el escenario. Cosas de la vejez, supongo. O cosas de tanto cariño le tuve y a la que tanto he estimado, o, si lo prefieren en catalán porque a mí, como a ella, no me duelen prendas, a qui tant he estimat.
Ficha 'El novio de España'
El Novio de España. Producciones Txalo, Olympia Metropolitana y Pentación. Dirección: Juan Carlos Rubio. Director musical y compositor: Julio Awad. Escenografía: Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer. Iluminación: José Manuel Guerra. Sonido: Fran Gude. Fiugurinista: Guadalupe Valeo Sanz. Reparto: Christian Escuredo, Carmen Raigón, Didac Flores, Marta Valverde y la voz de Chema Noci. Gran Teatro. Aforo: 644 localidades (Menos de media entrada); 21 de diciembre, 2024. Muy poco público para un excelente musical dirigido por una de las figuras señeras del teatro español, que nos ha traído a Huelva la segunda pieza de una trilogía que inició con En tierra extraña, con Lorca y la Piquer de fondo. La escenógrafa ha estado exponiendo en Huelva y Gibraleón en un par de ocasiones, dicho sea de paso.