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Pepe Jiménez: «Inicié una Santa Cena con indigentes y me denunciaron por derechos de imagen»

Artista y de Huelva «por los cuatro costaos», aunque con muchos años en Madrid, ha sido también aparejador, cantaor y futbolista

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Pepe Jiménez, junto al Niño Miguel, con una guitarra con solo cuatro cuerdas a bordo de una patera H24
Bernardo Romero

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Es la historia de una Huelva desdibujada por el tiempo, pero viva gracias a personas como él, como este pintor que se ha pasado más de media vida en Madrid, primero como aparejador y luego como pintor de atmósferas y sentimientos. Pepe Jiménez retrata en sus lienzos aquello que le rodea, sin cortapisas, interpretándolo con la honestidad y el saber hacer de quien busca la pura esencia de la misma existencia. Hace diez años, harto de tren para arriba y para abajo, decide dejar la capital del reino y se instala definitivamente en su tierra, instalando su estudio en una tranquila zona cercana a Pio XII para continuar con su fecunda y feliz carrera pictórica, más conocida fuera que dentro de Huelva, a pesar del fuerte acento choquero de todas sus obras.

Pepe Jiménez tiene raíces alosneras por parte de madre, de ahí quizás que lo flamenco se entienda en su pintura como algo lógico, cargado de intención y de sentimientos. Nacido en el Barrio Obrero y recriado en la Punta Umbría, fue pronto reclamado lejos de sus raíces por motivos profesionales. Estuvo alejado, pero nunca del todo, de su tierra. Con él nos hemos citado en su estudio donde pinta y donde guarda una obra que necesariamente debe ser conocida por los onubenses fuera de su círculo de amistades y admiradores, que viene a ser un mismo y amplio espacio.

-A Pepe Jiménez le viene la infancia definida por dos artistas que son sus abuelos.

-Ahí va, uno era jefe de obras en la Compañía Ríotinto y el otro tenía una carpintería en Punta Umbría con dos secciones, una para lo blanco y otra destinada a la construcción cuando la madera era más empleada que el hormigón o el hierro que vinieron a sustituirla. Por uno nací en el Barrio Obrero hace ya más de ochenta años, donde teníamos casa familiar y por el otro pasé unos maravillosos años en una Punta Umbría que era muy distinta de esta que ahora ha crecido como la espuma. Como la espuma del mar.

Pepe Jiménez y dos estampas taurinas, un pase al natural y un retrato de Mguel Abellán h24

-El mar, una de tus obsesiones en la pintura.

-El mar y el espacio, la profundidad, la atmósfera que es menester capturar en el lienzo. El mar, el ruido de las olas, o el estampido de la tempestad, el rugir de los vientos y también el leve movimiento que apenas apreciamos cuando la mar está en calma, todo eso forma parte de mi vida, soy de Huelva y de Punta Umbría, que son nombres con sabor a mar. El mar, la mar. Sí, me gusta pintar el mar.

-Pasas un tiempo en Punta Umbría, pero al poco estás de vuelta a la capital.

-Sí, y por culpa mía. En estos tiempos no tendríamos que habernos mudado a Huelva de nuevo, pero yo dependía de la canoa para ir y venir al colegio en Huelva, a la Milagrosa que era donde yo estaba matriculado, y mis padres deciden que no podía andar todo el día paseando libros y cuadernos de un lado a otro del río, de modo que la familia se traslada en pleno a la capital, y nada menos a la calle San Sebastián. Fíjate que recién llegados ocurrió la tragedia de la cogida y muerte de Rafael Carbonell y el cortejo fúnebre, toda la Huelva de entonces, desfiló por delante de mi casa que estaba donde se despedía al duelo para enfilar el camino al cementerio viejo, que estaba al final de la calle.

-Esto fue en 1954, y tú estarías acabando la primaria en la escuela.

-Sí, después hago oficialía en el Madre de Dios, donde empiezo a jugar al fútbol, y luego en el Politécnico haría una maestría industrial que me sirvió y mucho para entrar en la Escuela de Aparejadores de Madrid.

«Llegué a entrenar y jugar algunos partidos con el primer equipo del Recreativo, pero en aquellos años no era como ahora, que se gana muy bien jugando a la pelota»

-También fuiste pelotero y me han contado que de los buenos.

-Sí, jugué en el Recreativo juvenil, luego pasé al filiar, al amateur, e incluso llegué a entrenar y jugar algunos partidos con el primer equipo, pero en aquellos años no era como ahora, que se gana muy bien jugando a la pelota, de modo que seguí con los estudios.

Imagen principal - Bodegón con higos sobre plato de duralex / La Virgen del Carmen en proceso y presidiendo una alegoría marinera
Imagen secundaria 1 - Bodegón con higos sobre plato de duralex / La Virgen del Carmen en proceso y presidiendo una alegoría marinera
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Bodegón con higos sobre plato de duralex / La Virgen del Carmen en proceso y presidiendo una alegoría marinera H24

-¿Cómo recuerdas aquellos años, y sobre todo aquella calle con tanto sabor y tanta esencia?

-Qué te voy a contar, con la calle San Sebastián ocurre lo mismo que con Punta Umbría, que ya no es lo mismo. Enfrente de mi casa estaba la taberna del Salao, lo del Cano, el bodegón del Litri… En los altillos las barberías, el refino, el granero… Son muchos recuerdos, y de los vecinos ni te cuento, mucha torería y mucho flamenco… y alguna pilingui también.

«Me gustan el flamenco, los toros y, en general, la vida. Soy como he sido siempre, la calle San Sebastián de entonces marca»

-De ahí te viene tu afición al flamenco. Sé que cantas bien.

-Bueno, se hace lo que se puede. Me gustan el flamenco, los toros y, en general, la vida. Soy como he sido siempre, la calle San Sebastián de entonces marca.

-Cuéntame lo que te pasó en la antigua Venta del Gato.

-Ah, esas son las cosas de Juanini. Actuaban en el histórico tablao madrileño y estaba allí toda la plantilla del Real Madrid, la de Gento, Puskas, Di Stéfano… Y cuando me vio entrar le pidió un aplauso a toda la concurrencia porque estaba encantado de ver a un paisano en Madrid, así que todo el mundo se puso a aplaudir sin saber quién era yo. Pero ahí no quedó la cosa, porque me pidió que subiera al escenario, y como me sabía todas las canciones de Los Marismeños, pues allí que estuve cantando con ellos.

«El agente de Rosario me llamó para que me incorporara como cantaor a una gira que iban a hacer por América primero y por toda Europa después»

-Y casi dejas la mesa de dibujo por el flamenco.

-Sí, pero mi mujer no me dejó. Fue unos años después de que se separaran Antonio el bailarín y Rosario, porque ella se consideraba más bailaora que bailarina. Decide formar compañía propia y su agente me llama para que me incorpore como cantaor en una gira que iban a hacer por América primero y por toda Europa después. Tendría yo veintitantos años y estaba recién casado, ganando un sueldo magnífico además porque estaba en el estudio de arquitectura de otro paisano, Eleuterio Población, que estaba llevando a cabo obras de enorme entidad por toda España, así que mi mujer, que era y es más sensata, me lo dejó bien claro: Como pases el umbral de esta casa, no vuelvas.

-Un hombre hecho a sí mismo, porque con diecisiete años ya andabas trabajando y seguías estudiando.

-En realidad, lo de estudiar no acaba nunca. Sigo estudiando cada día, aprendiendo, intentando conocer este mundo en el que vivimos para disfrutar más de él. Pero a lo que te refieres es a que con esa edad andaba ya dibujando planos para la instalación de la fábrica de Celulosas en Huelva. Entonces no había ni ordenadores ni plotter que te crío, lo que había era lápiz, escuadra y cartabón.

Imagen principal - Con un retrato de su amigo José Luis de la Paz, el malogrado guitarrista flamenco / Las olas del mar rompiendo en los lienzos de Pepe Jiménez
Imagen secundaria 1 - Con un retrato de su amigo José Luis de la Paz, el malogrado guitarrista flamenco / Las olas del mar rompiendo en los lienzos de Pepe Jiménez
Con un retrato de su amigo José Luis de la Paz, el malogrado guitarrista flamenco / Las olas del mar rompiendo en los lienzos de Pepe Jiménez H24

-Te llaman a filas, pero tú sigues a lo tuyo.

-Claro, lo que te decía, aprender. Me llevan a Cádiz para hacer el Servicio Militar y esa circunstancia no me iba a parar, lo que hago es utilizar aquel tiempo como campo de aprendizaje. Aprovecho y hago primero de Industriales en Cádiz, al tiempo que me matriculo también en lo que entonces se llamaban Escuelas de Artes y Oficios. Ya para entonces yo pintaba. Y según los que compraban mi obra no debería de hacerlo mal. Ya para entonces yo estaba trabajando en el Instituto Nacional de Industria, y nada más acabar la mili me envían a Madrid. Pensaba que era solo cuestión de días o de semanas porque mi función allí fue la de corregir las reformas que se estaban haciendo precisamente en la fábrica de Celulosas, pero no fueron unos días. Cuarenta y siete años me he pegado en Madrid y trabajando con los mejores arquitectos.

-Empiezas tu carrera profesional nada menos que en el INI.

-Los primeros años sí, pero como ya había empezado Industriales me pude matricular en la Escuela de Aparejadores, de modo que al poco y ya con la carrera terminada pude trabajar en distintos estudios de arquitectura, el primero de ellos, como te decía, el de un paisano, Eleuterio Población, que indudablemente ha sido una referencia en la arquitectura española del siglo XX.

«En Madrid conocía todos los tablaos y entablé amistad con muchos artistas, del flamenco, de los toros y del fútbol… Que me quiten lo bailao»

-Mucho trabajo, pero también mucha diversión, desde luego no perdías el tiempo en Madrid.

-Siempre hay tiempo para todo. Tuve la suerte de poder perder el tiempo en Madrid con muy buen aprovechamiento. Conocía todos los tablaos y entablé amistad con muchos artistas, del flamenco, de los toros y del fútbol… Que me quiten lo bailao.

-Te has pasado más de media vida en Madrid, pero no se nota. Sigues siendo más de Huelva que los noráis del muelle.

-Hasta la mismísima médula. De Huelva por los cuatro costados, costaos si queremos pronunciarlo correctamente.

«Dejo el trabajo a raíz de un premio nacional de pintura que me entrega don Enrique Tierno Galván siendo alcalde de Madrid»

-En tu largo periplo matritense trabajas como aparejador, pero no siempre, ¿cuándo dejas los planos y la mesa de dibujo por el lienzo y el caballete?

-Dejo el trabajo a raíz de un premio nacional de pintura que me entrega don Enrique Tierno Galván siendo alcalde de Madrid. Recuerdo que fue a finales de 1985 porque al poco se complicó la enfermedad que sufría el viejo profesor, falleciendo al poco, en enero del 86. Un genio y un gran alcalde. Demasiado joven para dejar este mundo, fíjate que pensamos que era un señor muy mayor por su aspecto, pero murió con sesenta y siete años tan solo.

-Dejar la seguridad de un sueldo para dedicarte a pintar, debió ser una decisión complicada.

-No creas, a mí me animó el premio, pero también una exposición que hice en la sala de la Caja de Navarra, donde cuelgo cuarenta cuadros y vendo treinta y ocho. Ya fue un no parar, expuse en la galería Rembrand, en Durán…

-Y en Huelva no se conocía tu obra.

-Apenas, solo los más cercanos, mis amigos y mi familia. Hasta que vuelvo hace ahora diez años y pude exponer en la Caja de Ahorros, en la Caja Rural o en Rocataliata, un hombre con mucha clase y que lleva a cabo una labor callada ero eficaz en su establecimiento, hasta necesaria en una ciudad. Para mí fue un honor colgar allí algunas obras. Sigo pintando porque en realidad es lo que he hecho siempre.

«Todos mis estudios han girado alrededor del dibujo: industriales, artes y oficios, aparejadores… Sin dibujo no hay nada. Es lo esencial»

Date cuenta que todos mis estudios han girado alrededor del dibujo: industriales, artes y oficios, aparejadores… Sin dibujo no hay nada. Es lo esencial. En una escuela o fuera de ella lo que he hecho siempre y sigo haciendo a mis ochenta y dos años, es estudiar, aprender. He podido volver a Huelva, a mi tierra, y ahora lo que tengo de nuevo más cerca es el mar y por supuesto personajes de Huelva como nuestro común y querido amigo Eduardo Hernández Garrocho o el Niño Miguel que en paz descanse.

«Tuve hasta juicio y como es natural quedé absuelto porque yo lo único que estaba haciendo era pintar y dignificar a los indigentes»

-Flamencos y toros.

-Te puedo asegurar que no soy un pintor encasillado en absoluto. Fíjate que uno de los proyectos que tengo en marcha es una Santa Cena. Inicié una Santa Cena con indigentes y me denunciaron por derechos de imagen. Entre los personajes que utilicé para los apóstoles estaba precisamente el Niño Miguel, pero también algunos indigentes que he ido retratando, de aquí o de allá, de Madrid. Es una manera de dignificar a las personas que viven ajenas a la necesidad de contar con lo mínimo para subsistir, en lo que se refiere a cosas materiales, que no otra cosa es ser un indigente. Espero poder seguir con el proyecto de esa Santa Cena, pero lo tuve que parar porque un señor cura le dijo a los pobres modelos que les estaba engañando y me tenían que pedir derechos de imagen. Fíjate tú que barbaridad. Tuve hasta juicio y como es natural quedé absuelto porque yo lo único que estaba haciendo era pintarlos y dignificarlos. Así que el proyecto quedó en suspenso, era una obra de seis metros de ancho, y eso no es una cuartilla que la guardas y la sacas de nuevo. Pero volveré a ese proyecto, y de hecho tengo un buen número de retratos que no son más que bocetos para esa obra.

Imagen principal - El pintor con algunos bocetos para su proyecto de Santa Cena
Imagen secundaria 1 - El pintor con algunos bocetos para su proyecto de Santa Cena
Imagen secundaria 2 - El pintor con algunos bocetos para su proyecto de Santa Cena
El pintor con algunos bocetos para su proyecto de Santa Cena H24

-No me lo puedo creer.

-Pues créetelo, porque acabé mostrándole al señor Juez hasta los bocetos. El cura les había dicho que tenía que pagarles un dineral por derechos de imagen y las criaturas pues se lo creyeron. El juez se mostró hasta molesto con la denuncia tan ridícula de los mendigos, que no del cura, que ese no se mojó. Al final les he pintado y guardo los retratos realizados, estos que te he sacado para que los veas, pero la obra va a tener que esperar. Es un trabajo arduo, de meses, de muchos meses y ahora estoy con otras pinturas.

-Expones en Punta Umbría este verano.

-Sí, ya tengo preparada la exposición y entusiasmado de volver a mi pueblo. Llevaré marinas, por supuesto, y si me da tiempo una Virgen del Carmen que estoy terminando.

«Llevo tres años solicitando la sala de la provincia, en la Diputación Provincial, y ni me han devuelto una llamada siquiera»

-Y en Huelva, en tu ciudad.

-No lo sé. Llevo tres años solicitando la sala de la provincia, en la Diputación Provincial, y ni me han devuelto una llamada siquiera. Me dan la callada por respuesta. Desconozco los criterios de selección que utilizan. Vete tú a saber.

-Eres un pintor sin excusas, muestras la realidad como la percibes, como la sientes

-Eso es exactamente lo que hace un pintor realista. En absoluto soy hiperrealista, eso de copiar las cosas tal como aparecen si les haces una fotografía, no me interesa para nada. Eso es una manera de pintar, o de copiar la realidad, a mi modo de ver, simplemente artesana, sin alma. Fíjate que ahora, con cualquier aplicación informática te pueden fusilar cualquier fotografía y pintarla tal cual. Es trabajo para robots. De hecho, lo que no diferencia de las máquinas es precisamente lo espiritual. Ni el ordenador más potente del mundo puede sentir como sentimos nosotros, el amor es patrimonio del género humano.

«La inspiración es un estado de ánimo, luego lo que hay que hacer es trabajar, y que la inspiración te coja en el tajo, con el pincel en la mano»

-Crees en la inspiración.

-Rotundamente, no. La inspiración es un estado de ánimo, luego lo que hay que hacer es trabajar, y que la inspiración te coja en el tajo, con el pincel en la mano. Sigo trabajando todos los días, diez, doce o veinticuatro horas, las que hagan falta. Trabajando y aprendiendo. Es lo que he visto con los maestros que he tenido la suerte de conocer, lo que vi y sentí con Antonio López o con Ramón Chaparro, que tenía su estudio al lado del mío en Madrid. Recuerdo que cuando le encargaron las esculturas de la Almudena, como tenemos una buena amistad, me pidió que le echara una mano devastando la piedra. Acabé rendido y me di más golpes a mí mismo que a la piedra. Zapatero a tus zapatos.

-Para ser un maestro de la pintura es menester trabajar mucho, tener constancia. Llevas toda una vida delante de un lienzo o con un bloc de dibujo entre las manos

-Desde pequeño, la verdad es que no recuerdo cuando empecé. De chavalito no paraba de dibujar. Podría decir que soy autodidacta, pero realmente he aprendido a dibujar en todos aquellos lugares por los que he pasado. Igual no es casualidad, sino algo buscado. Fíjate que me matriculo en Industriales al mismo tiempo que en Artes y Oficios, en ambos sitios no paro de dibujar. Luego aparejadores, más dibujo. Hasta mi propio trabajo en el INI era de dibujar y dibujar. Mi suerte ha sido dar en distintas etapas asignaturas relacionadas con el dibujo. Desde la primera maestría industrial en el Madre de Dios hasta la Escuela de Aparejadores en Madrid. Antes te contaba que con apenas doce años ya vendía algunos cuadros. Luego he ido cosechando medallas y ganando concursos nacionales de pintura. El dibujo es esencial, sin dibujo no hay ni puede haber pintura. Sirve para todo, para las profundidades, los espacios… la perspectiva misma es puro dibujo técnico.

«Hasta don Diego Velázquez la pintura es muy plana, parece que está todo pegado en un lienzo, como muñecos adosados a la tela»

-Me encanta de tu pintura la atmósfera que creas, los espacios y hasta el aire que se respira en ellos

-Así es, procuro componer espacios en los que la luz es fundamental, de ahí lo del aire que tú comentas. Cuando estoy estudiando historia del Arte, que siempre he sido y sigo siendo un lector y observador de los grandes maestros, te das cuenta de que antes de Velázquez no existían esas profundidades, esas perspectivas, esas atmósferas que tanto entusiasman a los estudiosos, a los teóricos del arte. Hasta don Diego Velázquez la pintura es muy plana, parece que está todo pegado en un lienzo, como muñecos adosados a la tela. Y son magníficos pintores, no creas. Pero eso, muy planos. Ahora estoy de nuevo con una de mis pasiones, el mar. Estoy pintando el mar…y necesito saber que está ahí y me puedo lanzar a nadar en ese mar, pincelada a pincelada. Cuando pintas tienes que crear el espacio exacto. Si pintas a un torero en una faena de muleta, tienes que estar ahí tú también, dando un pase al natural, pero sintiéndolo, no solo reproduciéndolo. Ves ahora este mar que estoy pintando, pues si lo estás viendo como lo veo yo, debes estar sintiendo la brisa en tu rostro, oír el murmullo de las olas, sentir el mar.

Con la palabra mar en los labios, Pepe Jiménez se adormece al compás de las olas que tiene delante de él. Es un lienzo enorme, una alegoría de los hombres del mar, de sus sentimientos y sus emociones. Lo suyo es amor por el arte, que es amar la vida, una vida intensa y plena que ahora continúa en su tierra, en su bendita Huelva. Casado en Madrid con Amalia, tuvo tres hijos y se separó hace ya treinta años pero mantiene unas excelentes relaciones con la madre de sus hijos, por mucho que ahora viva solo para la pintura, para descubrir pincelada a pincelada cómo es la vida, una manera de sacar lecciones de filosofía en una paleta donde va mezclando colores y emociones que necesita para encontrarse con la luz de estas costas de Huelva, una luz intensa y cegadora que durante tantísimos años ha echado de menos.

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