Cine Club Huelva, el germen del festival en el Franquismo: «Asistía a las sesiones un policía que acabó haciéndose socio»
50 FESTIVAL DE CINE IBEROAMERICANO DE HUELVA
«Éramos un grupo de amigos muy implicados», recuerda Vicente Quiroga, sobre el grupo de culturetas que impulsaron la muestra
«Traíamos películas a Huelva que no se proyectaban en el cine comercial», valora
Señala que la Dirección General de Información y Turismo tenía que aprobar el festival y «decía que había muchos ya en España»
José Luis Ruiz: «En América se conocía más Huelva por el festival que por el viaje de Colón»
'Medio siglo de cine': «Teníamos la responsabilidad de demostrar que el festival es el sello de la identidad cultural de Huelva»

Si el Festival de Cine Iberomericano de Huelva fuese una película -en cierto modo lo es-, en la ficha técnica aparecerían como responsables de su guión los nombres de quienes formaban el Cine Club Huelva, el auténtico germen de la muestra cinematográfica.
El certamen onubense celebra estos días con alegría su quincuagésima edición, pero hay que remontarse a los años 50 para conocer la semilla que le permitió echar raíces. En esta época, en pleno Franquismo, se unió un grupo de onubenses que hoy llamaríamos 'culturetas' de diferente condición pero con la pasión por el séptimo arte como nexo, un soplo de aire fresco en tiempos oscuros. Pagaban sus cuotas, se juntaban para ver películas y debatían con entusiasmo y respeto en un pequeño foro de democracia en un país donde aún no la había, pero que acabó llegando en los mismos años en los que ganaba prestigio el certamen cinematográfico.



La voluntad de estos onubenses con tantas inquietudes y ganas permitió abrir una ventana hacia Latinoamérica que hoy es un gran escaparate. Una de ellos es Vicente Quiroga, periodista y crítico de cine. Este año ha sido distinguido con el Premio Ángel Serradilla de la Asociación de la Prensa de Huelva por su «larga trayectoria profesional y su papel fundamental para el impulso de la cultura en la provincia de Huelva y especialmente del Festival de Cine Iberoamericano». Posee una extensa trayectoria en los medios de comunicación, la mayoría en Huelva Información, fue presidente de la Asociación de la Prensa en los años 90 y formó parte de varias juntas directivas. Actualmente es miembro de la Academia La Rábida.
«El Cine Club significó para mí reunirme con un grupo de personas de un considerable nivel cultural«
Vicente Quiroga
Periodista y parte del equipo fundador del festival
Estos días su nombre sale a relucir con frecuencia dentro de la lista de integrantes de la primera comisión organizadora del festival y de los socios del Cine Club Huelva que presidía José Luis Ruiz, el padre de la muestra. Asegura a Huelva24.com que guarda «muy buenos recuerdos» de esta época. «El Cine Club significó para mí reunirme con un grupo de personas de un considerable nivel cultural, algo que era muy necesario en aquella época en Huelva. Nuestra preocupación era la difusión del cine y nos juntamos personas como José Luis Ruiz, José María Roldán y Antonio Farré, entre otros. Éramos un grupo de amigos muy implicados», afirma.
Indica que además del cine tocaban otras manifestaciones culturales, como el teatro, y de hecho, nació en el seno del Cine Club un grupo teatral. «Nos movíamos en ese ambiente», resalta Quiroga, que ve claro el motivo por el que esta asociación ganó adeptos rápidamente: «Traíamos películas a Huelva que no se proyectaban en el cine comercial».
Coloquios tras las películas
Los socios pagaban una cuota «asequible» para que «se sumara mucha gente». «Había muchas personas interesadas y los coloquios que se planteaban después de las películas eran muy interesantes. Se discutía, se hablaba en un tono muy agradable», detalla el periodista onubense.
Proyectaban películas en cines con los que teníamos acuerdo de colaboración, como el Palacio del Cine, el Cine Rábida, el Gran Teatro y otros del centro, donde desarrollaban sesiones especiales tanto de mañana como de tarde.
«La semana dedicada al cine latinoamericano tuvo mucho éxito y nos animó a hacer el Festival Iberoamericano»
«Fuimos programando películas y fue el embrión del festival. La semana dedicada al cine latinoamericano tuvo mucho éxito y nos animó a hacer el Festival Iberoamericano. El cine era un vehículo para que hubiera contactos entre personas e inquietudes de distintos países», refleja Quiroga, que por ejemplo cita que había «películas cubanas de un cine muy comprometido, militante» de realizadores que después vinieron al festival. Sostiene que «ese ambiente de libertad y ese tipo de difusión del cine no se ha vuelto a hacer en Huelva».
El Cine Club movía a un grupo de personas «preocupadas por la cultura», que entonces «no tenía la difusión de hoy ni las posibilidades ni recursos», lo que suponía «un gran esfuerzo por nuestra parte».
El problema de la censura
Un aspecto importante era conseguir proyectar películas que se salían de los márgenes marcados por el Franquismo. «Teníamos el problema de la censura. Un policía asistía a las sesiones para vigilar y acabó haciéndose socio», recuerda entre risas. «Era un cine siempre bajo sospecha un poco atrevido, pero sorteábamos la situación con habilidad», añade.
Quiroga recuerda unas «sesiones muy concurridas», en el salón de los antiguos sindicatos, al lado del Ayuntamiento de Huelva. Ellos compraron la máquina de proyección porque la que había era vieja y encontraron que les dieron «muchas facilidades».



«Para nosotros no fue una locura llegar a montar el festival, sino que seguíamos la línea de conseguir para Huelva películas y proyecciones que de otra forma no podíamos ver en los circuitos comerciales. Venían películas en versión original con subtítulos, y algunas dobladas», detalla el periodista, que rememora la intriga que tuvo el arranque del festival.
Una primera edición con incertidumbre
«Tuvimos problemas para crear el festival. Nos lo tenían que aprobar y decían que había demasiados festival en España, cuando sólo estaban los de Gijón, Valladolid, San Sebastián y poco más. Es lo que decía la Dirección General de Información y Turismo, que es la que llevaba el tema de los festivales», comenta.
En este contexto llegó la enfermedad de Franco y su muerte el 20 de noviembre, siendo el 1 de diciembre la fecha prevista para arrancar la primera edición del festival. «Estábamos ultimando todo, y teníamos la incertidumbre de si se podía celebrar o no. Si se retrasaría o ni siquiera llegaría a celebrarse. Afortunadamente no hubo ningún problema, pero ese tiempo de incertidumbre nos tenía muy preocupados», admite.
«Trajimos a tres premios Nobel como Camilo José Cela, José Saramago y Mario Vargas Llosa, y la elite del realismo mágico en Latinoamérica»
Quiroga formó parte del festival «un montón de años», desde su creación y hasta 1997. Para él fue «una época muy brillante del festival», porque «trajimos a tres premios Nobel como Camilo José Cela, José Saramago y Mario Vargas Llosa, la elite del realismo mágico en Latinoamérica, premios nacionales de literatura y premios Príncipes de Asturias… lo mejor de la narrativa latinamericana y española».
José Sacristán en la cárcel
Ejerció de jefe de prensa la mayor parte del tiempo y fue también secretario general los últimos años. En su opinión, plantearon un par de secciones que «tuvieron un éxito enorme». Uno fue el cine infantil, «muy especializado y que trajo un montón de niños». «Teníamos acuerdos y convenios con los colegios y venían al cine miles de niños», recuerda. La otra idea que resalta es «llevar el festival a la cárcel». Ahí rescata una anécdota. «En el año que vino José Sacristán llamó alguien preguntando por él y le dije que estaba en la cárcel y me contestaron con mucho agobio y preocupación, '¿pero qué ha pasado'', nada, está allí para un coloquio, dije yo».
«Realmente fue muy bien con todos los invitados. Recuerdo como alguien especialmente cordial y entrañable Mario Vargas Llosa, un hombre de una gran cultura y que sabía muchísimo de cine», destaca Quiroga, que también señala que «otras personas no eran tan asequibles, pero por lo general la gente que venía se mostraba muy cercana».
Un festival «muy familiar»
Este es un rasgo que cree que fue clave en la etapa dorada de la muestra. «Es una de las características del Festival de Huelva de aquel tiempo, que era muy familiar. Quien venía encontraba un ambiente muy acogedor. Se sentía muy a gusto y se autoinvitaban para otras ediciones». Continúa diciendo que «teníamos la sede del festival en el Hotel Tartessos y las proyecciones eran en el cine Emperador, por lo que el camino se hacía andando y era habitual ver a los artistas hablando en la calle con la gente y es algo especial que no ha vuelto a pasar».
El paso de los años ha hecho que Vicente Quiroga no tenga el contacto con el Festival de Cine Iberoamericano que acostumbraba. Ya no sale tanto de casa ni es espectador de sus películas, pero si ahora podemos hacerlo muchos otros onubenses es gracias a su trabajo y convicción y el de todos los compañeros que pusieron las bases para que comenzara el rodaje de esta película que disfrutamos ahora.