crítica teatral
Menos birra y más indignación
Una continua y certera reflexión sobre la desilusión, la depresión y hasta la desesperación del trabajador en situación de desempleo
La versión teatral de Los lunes al sol llega este viernes al Gran Teatro de Huelva

Una bien conformada obra coral para recodarnos una película de hace veintidós años. Los actores bien, e incluso muy bien, hasta el punto de que el espectador puede creerse sentado en un velador del bar donde se reúne un grupo de antiguos trabajadores de un astillero en el paro o con la prejubilación sobre sus conciencias machacándoles como lo que han venido a ser, de personal excluido e inservible, de usar y tirar. El drama, desde la primera escena, está servido.
En estos veintidós años transcurridos desde la película de Aranoa, el gobierno de la nación ha sido ocupado por una izquierda profesional con breves lapsos de la derecha de toda la vida. Ni unos ni otros han conseguido mejorar las condiciones laborales de unos trabajadores, que del paro y los eres, o no eres, porque los andaluces ya ven ustedes para qué servían, han pasado a la más humillante precariedad laboral, reservándose los mejores puestos de trabajo para una militancia política que sin necesidad de currículo que los avale, ocupan puestos alucinantes, como la primera dama catedrática sin más etiqueta que la de anís el Mono y quizás ni con esa.



En la versión teatral de 'Los lunes al sol', se ha intentado una actualización en el argumento, pero muy leve, apenas con la mochila de la repartidora que todos a una acaban lanzando fuera de sus conciencias, pero, ay, no de sus vidas. Por lo demás, una continua y certera reflexión sobre la desilusión, la depresión y hasta la desesperación del trabajador en situación de desempleo que se podría haber ampliado no sólo a los repartidores, sino a los sueldos miserables a los que los más jóvenes y cualificados pueden optar ocasionalmente, mientras ven, repito, cómo el pastel se lo reparte tan lindamente una clase política que debería tener una respuesta en la calle y hasta en los teatros, similar a la que tuvieron en esos lapsos breves los gobiernos de la derecha. Pero ya no hay ni pegatinas con el no a la guerra por muchas bombas que tiren los fanfarrones, es como si la paloma de la paz se hubiera posado, y cagado, en la mismísima mesa del consejo de ministros, y por supuesto sin manifiestos que valgan firmados por los artistas de la subvención y el tente tieso.
Con este discurso, escrito desde la más absoluta indignación, no queremos decir en modo alguno que la derecha vaya a ser diferente cuando llegue a gobernar, que de momento solo gana en las encuestas, sino que la clase política, en general, y salvo muy honradas y contadísimas excepciones, ha pasado de vivir en otro mundo, a vivir en su propio mundo. Un horror. Los diálogos certeros de Los lunes al sol, van en esa dirección, en la falta de opciones, de oportunidades y no ya para quienes no encuentran más que trabajos de mierda, sino para quienes, como la única joven que trabaja, en la más absoluta precariedad, esperan encontrar en el estudio, en la formación y el sacrificio, el modo de alcanzar una vida digna. Miren si no el caso de la señora catedrática con la etiqueta de anís el Mono, pero miren, escruten y sorpréndanse también con lo que cada cual tenga a su alrededor. Así seguimos, con los lunes al sol, y los martes, y los miércoles…



Ya hemos comentado la buena actuación conseguida por este experimentado y muy buen grupo de actores, pero también habría que indicar lo efectiva, y efectista, escenografía, bien acompañada por una iluminación justa y sencilla. El utillaje de escena, mínimo y muy funcional, o la canción, apenas audible, una pena, porque igual era tendente a la llorera, que era lo que faltaba, mover a lástima en lugar de indignación, que es lo que nos está faltando, indignación y algo de maldad también. Que demasiado buenos somos. En la obra quizás sobraban tantas birras y falte algo más de indignación, mitinera incluso y llegado el caso, pero indignación y cabreo a raudales. También el desprecio hacia una clase política pendiente de que nadie le mueva el sillón, caiga quien caiga y pase lo que pase. Lo dicho, un horror.
LOS LUNES AL SOL, de Fernando León de Aranoa e Ignacio del Moral, en adaptación del propio Ignacio del Moral y Javier Hernández Simón. Dirección: Javier Hernández Simón. Escenografía: Ricardo S. Cuerda. Iluminación: Juan Gómez-Cornejo e Ion Anibal. Música: Álvaro Renedo Cabeza. Vestuario: Elda Noriega. Reparto: Yune Nogueiras, Marcial Álvarez, José Luis Torrijo, Fernando Cayo, Fermí Herrero, Fernando Huesca, César Sánchez y Lidia Navarro.
Gran Teatro. Aforo: 644 localidades (Lleno); 13 de diciembre, 2024. La versión teatral de una película tan taquillera como alabada, y recordada, tiene ahora su precuela llenando teatros por toda España.