CARTA AL DIRECTOR

La pesadilla del ‘bullyng’ para una familia de Huelva

No hay más doloroso que ver cómo tú hijo sufre en un lugar que se supone que guardará el recuerdo de por vida, el colegio.

Huelva24

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Desde primero de primaria, en el colegio de mi hijo situado en Huelva capital, empezamos a comunicar a la maestra que notábamos a nuestro hijo triste. Desde la guardería estaba con sus tres amigos y en primero de primaria los separaron, quedando tres en una clase y mi hijo en otra. No encajaba y en cada reunión se lo decíamos a la maestra. Mi hijo es muy sociable (aunque la directora diga lo contrario) y muy amigo de sus amigos, por lo que solo se relacionaba en el recreo con esos tres amigos de la otra clase. Año tras año mi hijo se entristecía más y más. Empezaron las comunicaciones por escrito (menos mal) y las cosas que le hacían le quitaba importancia la maestra diciendo que son “cosas de niños”. Mi hijo no tiene el perfil de acosado porque además se enfrenta a quien sea, pero si cumple un requisito: no decía nada de lo que pasaba.

A finales de cuarto ya la situación era insostenible, que si ‘doraemon', que sí ‘gordo', tanto que dejó de comer. Le mandamos un mail al colegio diciendo que no iba a ir más, que habíamos comunicado todo a la maestra y todo eran cosas de niños, pero la ansiedad de mi hijo crecía por días. Cada día que lo dejábamos en el colegio entraba con tristeza, amargado. Hablamos con algunos padres y la típica frase: “¿¡Mi hijo!?” Hubo un episodio en la que me mandó la foto de un niño la maestra con un arañazo en el cuello y me decía “tu hijo va a estar castigado un mes por el arañazo que le ha metido a su compañero”. Cuando vi la foto le dije: “Pues en casa va a estar castigado dos meses” (yo estaba en el trabajo). Cuando llegué a casa directo a preguntar y castigarle me lo vi con la nariz inflamada. Le pregunto que qué le había pasado y me dice:“Fulanito me pegó en la nariz con el estuche de lata y yo lo fui a parar y le arañé”. Le hice una foto y se lo mandé a la maestra diciéndole que si había preguntado que qué había pasado. Al día siguiente me dijo: “Ya he averiguado lo que ha pasado y empezó el otro, así que le quito el castigo”. ¿En serio? ¿Lo castiga sin preguntar? 

Hablamos con la directora, cuando pedimos una cita con ella. Le llevamos todas las conversaciones por escrito con la maestra, partes de lesiones del hospital por puñetazos que le habían pegado, y sólo le pedimos un cambio de clase. “Imposible, eso es imposible”, nos dijo. Le dijimos que no podíamos más con esa situación, a lo que me dijo que abriría el protocolo de acoso. MENTIRA. Llegó quinto y la cosa fue a peor. Entró un profesor nuevo y al mes nos dijo que sí que notaba que había acoso hacia mi hijo e iba a trabajarlo.

Pero la cosa fue a peor. No voy a relatar cada episodio pero en vacaciones, en Semana Santa, el primer sábado (y menos mal que había una semana de por medio porque si no me comía a quien fuera) de buenas a primeras empezó a llorar como nunca lo habíamos visto diciendo que su vida era una mierda, relatando las burradas que le hacían, y sobre todo, lo que había pensado en hacer, que me duele solo recordar esas palabras. Nos fuimos de viaje con sus hermanos mayores a la nieve, que fueron los mejores días de nuestra vida de lo mucho que nos reímos para hacerle olvidar lo que había pasado. Lo triste fue que en el grupo de los padres pusimos lo que nos estaba pasando y tan solo una madre madre nos contestó. 

Obviamente ese día fuimos a urgencias porque tenía un ataque de pánico y se abrió nuevo parte de lesiones y de ahí a comisaria, donde en ambos centros se portaron geniales y abrazando a nuestro hijo (incluso el médico con los ojos llorosos). El lunes que empezó el colegio fuimos a hablar con la directora y no nos quiso atender porque no teníamos cita. Le dije que nos iba a recibir sí o sí y decía que tenia otras citas con otros padres, pero nos iba a hacer un hueco. Estuvimos dos horas y media y no sé presentó nadie. Estaba como reticente. Hubo un momento en el que mi mujer le dijo que lo viera como madre, a lo que la 'buena señora' le dijo: “¿Has venido a hablar con la directora o con la madre?, porque la madre no es tu amiga”.

Pusimos todo en manos del inspector de Educación y gracias a la presión de él, porque la directora no lo hacía, abrió el protocolo. Antes de abrirlo nos citó para, lo que yo sentí, coaccionarnos que si abría el protocolo tenía que informar a los padres de los acosadores (no digo presuntos porque se ha demostrado que sí), a lo que le dije que por supuesto, que sin dudarlo y que me citaran a mí. Abrió el protocolo por fin en el tercer trimestre (año y medio después desde que nos dijo que lo iba a abrir). Finalmente se demostró que había acoso fehacientemente en el tiempo. Nos empieza a comentar las indicaciones para el próximo año (este que entra) y la corté diciéndole que lo mismo lo cambiaba de colegio. Su contestación fue: “Yo lo hubiera cambiado hace cuatro años”. A cuadros nos quedamos. 

Conclusiones:

- Se tiene que fastidiar mi hijo cambiándose de centro en lugar de cambiarlo de clase porque primero nos dijo que era imposible, y después que la otra clase era peor (le dije que entonces dónde estábamos mandando a nuestros hijos…).

- El nuevo profesor en un mes detectó el vacío hacia mi hijo y el acoso. Y el consejo que nos dio que si lo cambiábamos podría ser lo mejor porque ya estaba todo muy enquistado.

- El que quiere ser líder ha hecho mucho daño, aunque la madre no lo vea. Un día amenazó a los niños que había invitado a su cumpleaños que si iban a la fiesta de mi hijo no jugaba más con ellos. No vinieron. El último día le dijo que se fuera de allí (una actividad en conjunto que tenían que hacer) y se fue a un rincón viendo como los demás hacían las actividades físicas. Y los maestros que estaban allí como si nada. 

- A la directora le falta empatía, humildad y sobre todo humanidad.

Tengo denuncias, todas las comunicaciones y respuestas con la maestra a través de Ipasen y Clasroom y partes de lesiones. El dolor que se siente como padre es infinito, pero esto no va a quedar así. Porque mi hijo no tenga el perfil de acosado no significa que no lo sea. Si se está informando deberían estar atentos porque ha habido falta de interés. 

Lo único que pido a los docentes que por favor no dejen de velar por nuestros hijos. Que es la etapa más bonita de la vida y se puede convertir en la más dura. Hay unos 200.000 suicidios de niños y jóvenes al año por bullyng.

C. M. B.

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