CARTA AL DIRECTOR
Bajo cuerda
Me resulta extraña la falta de interés del club por la continuidad de Alberto Gallego.
Carlos Hita, hace un tiempo, a raíz de una interpretación muy enrevesada de las declaraciones del entrenador, aludía en los medios a la soberanía de los aficionados. Nadie podía decirnos si celebrar, o no, el ascenso con antelación; o qué sé yo. Cuando lo lógico, atendiendo a la marcha del Recre, era haber salido a defender a Gallego, que, además, llevaba razón en sus declaraciones. Ya nos veíamos ascendidos y se había bajado la guardia. El caso es que aquello reflejaba, claramente, falta de sintonía.
Todo ha quedado más evidente con el ascenso, cuando se escuchó decir a Dani Alejo, a quien considero el principal artífice del éxito, que todavía hay que hablar sobre la permanencia del técnico. De nuevo, me quedé sin salir de mi asombro.
Estas declaraciones han abierto la veda. Ya saben sus enemigos que Alberto Gallego no cuenta con la protección del club. A por él. Ahora sí: todos a una.
Los motivos se explican bajo cuerda, en un bar, en un pasillo, en un partido… Que no se lleva bien con el cuerpo técnico y con los jugadores. Que usa malas formas. Que siempre juegan los mismos. Que si le echó la bronca a uno. En fin, que el vestuario es un polvorín.
A mí lo que me parece es que en ese vestuario hay mucho resentido, mucho interesado y mucho chivato. Gente que, durante toda la temporada, va contando lo que pasa dentro a voceros que demuestran poco amor por los colores y que utilizan esos argumentos para desprestigiar y crear mal ambiente. Estos “comunicadores” solo se preocupan de sí mismos y encuentran su escenario perfecto en la confusión y las medias verdades. Aquellos que les trasladan la información son desleales y poco inteligentes.
Quizás nuestra directiva prefiera un entrenador con buen rollito, como supongo que sería Claudio Barragán, al que renovaron a pesar de que lo único que nos salvó del descenso fue el COVID. Seguro que el ambiente era genial. Y seguro que el Recreativo le importaba tan poco que no necesitaba alzar la voz ni enfrentarse con el ego de nadie.
El presidente Mendoza, acerca de Víctor Muñoz, expresó su alegría por tener un entrenador que no se enfrentaba con la directiva, aludiendo a Marcelino. El asturiano también era duro, ponía sus cruces y se enfrentaba a la directiva y la prensa. Porque le importaba. Me da igual si era el club o su carrera. Pero se metía en el fango. ¿Por qué quienes nos llevan al éxito resultan tan molestos?
El actual entrenador ha conseguido unos resultados que, francamente, la mayoría de nosotros nunca pudimos imaginar. Algunos piensan que debíamos ganar, por goleada, todos los partidos. Y lo ha hecho con una plantilla de quinta categoría. Y, si para hacerlo, ha tenido que enfrentarse a medio vestuario, yo no lo veo como un defecto. Tiene mucho mérito. Estar en una ciudad extraña, con un objetivo muy específico y trabajando con saboteadores dentro. Es una muestra de su compromiso. Es competitivo y ambicioso. Los que lo critican, tanto a sueldo del club o desde su micrófono, han incendiado el club y han pretendido, como es lógico, torpedear su trabajo: el ascenso.
En los cuerpos técnicos siempre hay quienes tienen miedo al cambio, a la alteración de la rutina, al abandono de la comodidad. Siempre habrá jugadores que protestarán por no jugar. Pero, si ello significa ir en contra de los intereses del club, yo les aplicaría el mismo patrón que Dani Alejo cuando llegó. Aquí no quedaba ninguno.
Ahora le toca a la directiva, al ente ejecutivo que nunca sabremos quién es, dar la razón a los desestabilizadores o ratificar al entrenador. Elegir entre quienes querían que saliésemos derrotados o quien nos ha llevado a la categoría superior.
Quizás necesitemos más transparencia. Quizás, cuando les interesa, esto es una empresa como otra cualquiera. Quizás los que nos guían, como quienes se ríen de que estemos celebrando un ascenso a la cuarta categoría, no le ven el mérito. Quizás ellos no sienten, como nosotros, agradecimiento hacia Alberto Gallego. Quizás solo se acuerden de palabras como lealtad, honor y sentimiento, durante la campaña de abonos. Quizás paguen a los traidores.
En ese caso, solo me queda una duda. ¿Quién le va a dar la puñalada por la espalda?
Paco Martos