CARTA AL DIRECTOR

Huelva, ¿la Luz?

Es sabido por todos que, recientemente, el Ayuntamiento de Huelva acometió las obras de reforma del entorno del Santuario de La Cinta. Además de la Plaza de los Capellanes y su acceso, también reformó el aparcamiento que hay junto al Santuario y el Centro Social Los Desniveles. Y he ahí la cuestión. 

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Dicho aparcamiento contaba, hasta ahora, con una torre con focos similar a las de los estadios de fútbol o pistas deportivas. Cuando en marzo de 2021 finalizaron las obras, los vecinos descubrimos que esta iluminación había sido suprimida.  Las farolas situadas en la zona peatonal (ya de por sí, tenues) y los tres plafones (habitualmente, rotos) ubicados en la pared trasera de Los Desniveles, no son suficientes para iluminar un aparcamiento de semejantes dimensiones. De hecho, hasta la reforma, convivían con la torre de focos por necesidad. 

Y, hasta ahora, esto no ha sido más que una queja de vecinos “puntillosos”, desatendida por todos. ¿Pero qué está ocurriendo desde que finalizó el verano? Que cuando dejas a oscuras un lugar poco transitado y en el que permanecen durante horas bienes de gran valor, pasan “cosas” desagradables. No se podía saber… 

A los ya habituales visitantes que vienen a “darse el lote” en la intimidad o los que vienen cargados de comida rápida (cuyos restos acaban tirados en el suelo), sumamos ahora ROBOS y ACTOS VANDÁLICOS: coches que amanecen con un espejo retrovisor roto; con lunas rotas (supongo, fruto de algún robo) y hasta coches a los que les han desvalijado los bajos. Sí, sí, como leen. El ambiente es tan íntimo y tranquilo que, al abrigo de la noche, un ladrón puede tirarse al suelo a desmontar con tranquilidad los bajos de tu coche. Y, ojalá no fuera así, pero lo escribo desde la experiencia. 

¿A qué espera el Ayuntamiento para devolver la luz al aparcamiento? ¿A que vaya a más? ¿A que haya daños personales? En abstracto, sobre el papel y para los que deciden, es sólo un aparcamiento mal iluminado en un barrio humilde; pero en concreto, para los vecinos de la zona, es abandonar tu coche a su suerte y gastar un dineral en reparaciones, si has resultado “agraciado”; y, para las vecinas, es el miedo que nos lleva a apretar el paso, con las llaves en una mano y el móvil en la otra, deseando pasar desapercibidas. 

¡No esperen más, por favor! No nos abandonen a nuestra suerte. Devuélvannos la tranquilidad. ¡Que se haga la luz en el parking! 

Isabel Abad

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