CARTA AL DIRECTOR
Basta ya de incendios
Hace una semana del horrible incendio ocurrido en el paraje conocido como Los Espinos, un lugar idílico, situado en el término de Bonares, un espacio extraordinario que existía –y digo existía– porque por desgracia ahora sólo quedan unas hectáreas de terrenos totalmente calcinados, sin vida, que nunca volverán a ser lo que fueron: un maravilloso y único lugar.

Es descorazonador ver con tus propios ojos la eliminación de aquellos frondosos pinares, alguno de ellos centenarios, y que han quedado convertidos en cenizas. Hay que pisar el lugar para comprender tamaño crimen contra la naturaleza provocada por la mano del hombre. Y asevero esto porque no es casual que ocurra en fechas y lugares tan próximos, el último el pasado día 17, cercano a la localidad de Lucena del Puerto, iniciándose las llamas y humaredas a mi paso pon dicha localidad, proveniente de los campos carbonizados de Los Espinos. ¡Cuánta impotencia ante tanta desolación! Cómo el ser humano puede ser tan insensible ante una tragedia semejante.
Yo me pregunto si es casualidad que comenzase el incendio alrededor de las 9 de la tarde/noche, una hora en la que los servicios aéreos de extinción ya no pueden realizar su trabajo por el peligro que conlleva. Y todo ello, presumo, por conseguir unos terrenos que son escasos para la siembra del fruto rojo.
Dos días después del fatídico día escuché por una emisora de radio de Huelva unas declaraciones del señor alcalde de Bonares en las que insinuaba que dicho incendio podría haber sido provocado. Yo le sugiero al primer edil municipal que convoque un pleno municipal con carácter urgente a fin de modificar la actual Ley del Suelo, estableciendo que en aquellos terrenos rústicos que hayan sufrido incendios sea obligatoria la resiembra de la variedad que existia con anterioridad (pinos, eucaliptos, alcornoques, etc.)
Esto que sugiero no es novedad, ya que lo hacen nuestros vecinos de Portugal y parece que les está dando resultado. Creo honestamente que se evitarían muchos de los incendios que venimos padeciendo.
Julián Carrasco González