CARTA AL DIRECTOR

Insultos hirientes, homófobos y gratuitos

Uno de mis días más tristes con tan solo 45 años, cargado de rabia y frustración, fue en la mañana del pasado 20 de julio cuando viniendo de hacerle las compras a mis padres, de quienes estoy al cuidado por ser mayores con enfermedades y minusvalías,

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Me paré frente a la puerta de mi domicilio a conversar con dos vecinas del barrio. Hablábamos del comienzo de las obras de peatonalización de 'El Matadero', y todos coincidíamos y nos quejábamos, de que se había comenzado unas obras sin que el Ayuntamiento hubiese solucionado el problema de aparcamientos en la zona.

Una señora mayor, que se encontraba sentada en una mesa de la terraza del 'Bar La Tertulia' a unos cinco metros de distancia, escuchaba atentamente nuestra conversación, hasta que de repente se escuchó en voz alta: “Antonio, es que siempre estás igual, siempre te estás quejando de todo, no estás contento con nada, siempre viviendo amargado”, momento por el cual, le contesté preguntándole que por qué se metía en nuestra conversación sin ser invitada, y a lo que respondió la señora mayor: “es que queréis tener el coche en la puerta de vuestras casas”, y a lo que le contestó una de mis dos vecinas: “claro, como usted no tiene problemas de aparcamiento porque tiene una plaza de garaje”.

Y fue en ese preciso momento cuando yo dándole la razón al comentario de mi vecina, la señora mayor se ensañó conmigo, descargando toda su ira y mala educación. Y muy orgullosa de tener mi plaza de garaje, para eso yo me la he pagado, no como tú Antonio, que te dedicas a solicitar ayudas para tus padres y que le han dado una ayuda que no se lo merecen, que te lo escuché decir los otros días”, a lo que yo le contesté; “pues señora, en vez de llevarse toda la mañana tomándose un café, pendiente de las conversaciones ajenas, vaya usted a la administración y haga como yo”, a lo que respondió la señora; “tú, pero si tú eres un vago, pides ayudas para no trabajar, porque no has trabajado en tu vida, siempre has sido un vago”.

A esto yo le respondí: “señora no tiene usted educación ninguna, no sabe lo que dice, y habría que atarla en corto porque tiene la lengua muy larga”, y fue en ese preciso momento cuando la señora estalló diciéndome lo siguiente; “y tú Antonio, que eres un maricón, que ha sido un maricón toda tu vida”; a lo que yo le contesté: “pues sí soy maricón, soy homosexual y muy orgulloso de serlo, ¿cuál es el problema que tiene usted con personas como yo?, yo al menos tengo educación, la que no tiene usted”, y de nuevo contestó la señora; “si maricón, eso es lo que eres, y un cabrón”.

Mis vecinas y yo nos quedamos perplejos y no dábamos crédito ante tantos insultos hirientes y con tintes claramente homófobos y de manera tan gratuitos. Yo empecé a sentirme tan mal, tan tristemente ofendido, que lo único que se me pudo escapar en esa terraza en público, hacia esa señora tan mal educada y con tanta maldad, en ese preciso momento era, “desearle que se muriera, que debería de ingresar en un psiquiátrico y que estaba loca”; pero aun así, y aún pesar de que las dos vecinas le recriminaban su mala conducta, siguió soltando en público y delante de muchos otros testigos, de nuevo los mismos insultos, “vago, maricón, que ha sido un maricón toda tu vida y un cabrón.

Ni tan siquiera se acobardó cuando dije que pensaba llamar a la policía, aún más, se puso a provocarme diciéndome; “pero venga, acércate, acércate, que te voy a buscar una ruina”; y es en ese momento cuando pensé y me pregunté; ¿en serio?, esto no me puede estar pasando a mí, y más con una señora mayor con tan mala educación, es de película, y más en estos tiempos modernos, con tantas leyes y derechos.

El final de la historia es que me dio tanta tristeza, que en vez de ir a la policía y denunciar, decidí por coger a solas al marido en esa misma mañana y contarle lo sucedido, y aún avergonzado por la actitud de su mujer, que no se lo terminaba de creer, decidí por disculparme por “desear que se muriera”, que por él, no la iba a denunciar por los hechos; y recordándole, que ahí estuvieron todos esos testigos, buenos vecinos que salieron a defenderme, y a quienes les agradeceré por siempre a todos, de corazón, todo el apoyo moral que me han dado.

Antonio Bermúdez De Los Santos

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