CARTA AL DIRECTOR

Dinámica (negativa) de lo impensado

En un tema llamado Sol de invierno, el gran Carlos Goñi afirma que “lo peor que tiene la verdad es no ser mentira alguna vez”. Y, precisamente, esta última temporada del Recre se parece bastante a un sol de invierno: engaña porque no posee el fulgor de aquel de otras épocas, pero quema igual o más incluso.

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Es evidente que el aficionado medio, en efecto, está quemado de tanta derrota seguida, de tanta rueda de prensa hueca y de tanto abundamiento en los mismos errores de siempre.

Podemos ponernos una tonelada de paños calientes para atenuar el rigor del discurso si tal es nuestro deseo, pero la realidad es palmaria: nos espera la recién creada Tercera RFEF. Mucho me temo, además, que la nomenclatura oficial no nos va a eliminar el pesar de decir que, por haber descendido dos categorías en un año, estamos “en quinta”, lo que supone una verdad, por más mentira que quisiéramos que fuese.

Sabido es que los senderos del fútbol jamás conocieron certezas escritas de antemano —amaños aparte, aunque eso es harina de otro costal—, porque, como bien nos enseñó Dante Panzeri, son “dinámica de lo impensado”. Esa andadura por vías de las cuales no se conoce el destino es la que nos lleva a inquirirnos cómo el Decano ha pasado en quince años de dar auténticas lecciones en Primera División a saber que, a partir de la campaña 2021-2022, va a tener que moverse en entornos totalmente alejados del mediático rutilar, mientras que nuestros amigos de Granada, en ese mismo período, saborean las mieles de haber disputado con todos los honores posibles una competición europea después de haber conocido el barro balompédico en toda su crudeza. Si se me permite parafrasear a un personaje de un excelso videojuego de factura andaluza, nudosos son, fueron y serán los caminos del deporte rey, aficionado penitente.

Eso sí, aun cuando el punto de llegada nos sea desconocido, a nadie se le escapa que el Recre ha contraído esta temporada méritos más que suficientes para alcanzarlo. En este sentido, el recurso fácil es atizar a los jugadores, en tanto que responsables últimos de que el balón ingrese en la portería contraria y de evitar tal acontecimiento en la propia. Sería muy sencillo dar nombres propios de aquellos futbolistas de quienes se esperaba mucho más y decir que no han estado a la altura o que alguno que otro se ha prodigado más en ámbitos festivos que en los estrictamente deportivos. Sin embargo, aunque pueda advertirse cierta contradicción entre lo que acabo de decir y lo que a continuación voy a expresar, a la pandemia que, por desgracia, azota a todo el mundo se le ha sumado en el Recre una epidemia de abulia cuyas manifestaciones más virulentas se han dado cada siete días sobre un césped propio o ajeno.

Más allá de esto, determinar un único sujeto o colectivo responsable de la debacle que padece el club a todos los niveles es, amén de un ejercicio injusto, irreal, porque todos los actores posibles, en comandita, han contribuido al quilombo. En esta situación, con el corazón derrotado a base de golpes procedentes de marcadores adversos, despachos y juzgados, cabe preguntarse a qué aferrarse para el futuro. Para que el trago sea lo más llevadero posible, el único remedio es obrar con cabeza y no con planificaciones acéfalas cuyo mayor logro es patear hacia delante cada cierto tiempo un balón económico que únicamente sirve para tapar agujeros, a sabiendas de que la operación habrá de repetirse de manera inexorable cual carga de Sísifo.

Aun a riesgo de incurrir en un arcaísmo al inicio de cada una, lanzo algunas preguntas: ¿do queda la garra de gente como Antonio Núñez?, ¿do queda eso que tan bien nos canta Rocío Márquez de que “Huelva siente cómo ruge tu grandeza”?, ¿do quedan la ilusión y las ganas de salir adelante mediante buenas ideas y no solamente con la mera invocación del decanato y de que el club es bien de interés cultural porque así lo expresa una disposición normativa autonómica de rango reglamentario de 2016? A pesar del natural hastío que padece, el único grupo en el que ahora mismo veo garra, grandeza y ganas de salir adelante es la afición, sufridora incombustible de las catastróficas desdichas de la entidad, casada con ella bajo votos matrimoniales en los cuales, por instantes, da la impresión de que las palabras “pobreza” y “enfermedad” aparecen en negrita y subrayadas, como en aquel episodio de Los Simpson.

Terminaré esta carta con otro par de fragmentos de letras de canciones, porque creo que la ocasión lo merece. En algún momento, como nos dijera Strong en Antes del apagón, nos daremos cuenta de que “se hizo costra lo escrito con el punzón”, y sabremos que nuestro Recre volverá a estar en disposición de regresar a categorías superiores. Sucederá, y entonces, como ahora, cantaremos eso de “volveremos a Segunda, volveremos otra vez”…

Juan Diego Sández

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