CONFIDENCIAL
El runrún: Un vigilante a cargo de la estación de Damas
Mientras la Consejería de Fomento promueve la reforma de la estación, con casi tres décadas de vida en sus andenes, y a pesar de convocar un concurso para bautizarla como 'Puerta Atlántico de Huelva', parece que hay cosas que están llamadas a no cambiar por mucho lavado de cara al que se sometan.

Son(somos) muchos los que conocemos los puntos negros y carencias del servicio del presta Damas, bien en piel propia o por experiencias directas de familiares o de personas de nuestro entorno. Lamentablemente no es nada nuevo, arrastran desde el mismo comienzo, cuando íbamos como rebaños y apelotonados (hasta hace no demasiado tiempo) a algún punto de la Costa (especialmente a Punta Umbría) a darnos un baño. La pandemia parece que ha acabado con esa imagen (toca cruzar los dedos), en tiempos en los que las redes las hacen virales y no hay nadie que pudiera atreverse a negarlo con vídeos o fotos que enseñan cómo se viaja en un bus que depende del Consorcio Metropolitano de Transportes. Sin embargo, el funcionamiento se sigue cuestionando bien por falta de servicio o por gestos de algunos de sus trabajadores. Les ponemos en contexto (a muchos les habrá pasado en primera persona): martes 14 de junio de este 2022, alrededor de ocho personas esperan en una de las paradas de Punta Umbría para coger el autobús de las 18.45 horas a Huelva. Algunos llevan una hora de espera. El autocar pasa, sin parar, mientras el conductor hace un gesto (dedo pulgar señalando hacia atrás) que se entiende como que otro bus viene detrás. Lo de parar y dar explicaciones a los usuarios de si va lleno (o no) debe de ser algo que ocurra en otros lugares, no en Huelva según algunos conductores de Damas sin respeto alguno por los ciudadanos. Ni visos de un segundo autocar: a esperar al siguiente servicio, a las 20.00 horas. Una vez en Huelva, tres de los usuarios (dos turistas perdieron el billete pagado que tenían para Sevilla) se dirigen a las oficinas a poner una reclamación y tratar de que se les devuelva el dinero o les cambien el billete. Imposible. Las taquillas están cerradas, en la oficina y en la torre o zona de control no hay un alma (qué paradoja lo del control), también cerrada. Nadie de la empresa, ningún responsable está en la estación. Solo está el vigilante de seguridad (uno) que, a solicitud de los usuarios, contacta con el jefe de tráfico - así se refiere a él- por vía telefónica para solucionar lo de los billetes perdidos por la falta de servicio en Punta Umbría. Asunto solucionado. Solo el vigilante - atento y de excelente trato-, también para recoger de forma oficial la hoja de reclamación después de buscarla entre varios montones de papeles en la torre de control y localizar, en una de las mesas, el sello que debía ponerle. La usuaria desistió…hasta que haya alguien de la empresa, que igual están de guardia localizada a las ocho de la tarde de un martes de casi verano. La estación, a cargo del vigilante.

Siembra de parquímetros. El humor tiene muchas caras y perfiles y uno de ellos se apoya en la exageración como vía para reírnos de una realidad. La visión cómica de las cosas es una forma de ironizar sobre lo que ocurre, pese a que no sea agradable. Así quizás se dulcifica o se nos olvida lo puñetero que es. Se intenta a cada instante desde innumerables cuentas de redes sociales y en Huelva no hay pocas. En Instagram se encuentra @huelvaconhumor, que recientemente difundió un montaje fotográfico que ha hecho mucha gracia. Refleja una de las cosas que no gusta del verano y es la proliferación de la zona azul y por ende de las de color verde, naranja, etc. en las calles de un núcleo tan turístico como Punta Umbría, que multiplica por cuatro su población en estos meses. Los onubenses saben que es casi imposible aparcar y más aún sin pasar por caja echando monedas en el parquímetro del municipio puntaumbrieño. Con mucha guasa se muestran diferentes imágenes de Punta Umbría ‘sembradas’ de estos aparatos, pero no cada cien metros, sino pegaditos unos a otros, como si fuera un cultivo. Como para que no quede hueco alguno sin ser objeto de explotación y recaudación. Esta suerte de esperpento se plasma en un barco que trae los parquímetros apilados, o en lo alto de una torre de vigilancia de playa, como una barrera frente a la puerta del Ayuntamiento, o a cada pocos centímetros en la pasarela de madera que baja a la playa. Lo absurdo pone el toque de atención. Se dice que la realidad a veces supera la ficción, pero esperamos que esto nunca se cumpla. Con lo que pasa habitualmente ya vamos más que servidos, ¿o no?.

Caja Huelva... vive. ¿Recuerdan que hace unos meses trajimos a esta sección una reliquia publicitaria que aún podía verse en la Isla Chica, concretamente una valla de la vieja Cajahuelva, extinguida hace más de 30 años? Hoy tenemos que decirles que no fuimos muy rigurosos, ya que hemos comprobado que Cajahuelva sigue existiendo como banco. Eso sí, para acudir a una de sus sucursales tendrán que cruzar el océano Atlántico, pues se trata de una entidad radicada en Argentina, concretamente en la localidad costera de Rivadavia. Desconocemos la relación que este banco pudiera tener con nuestra provincia y aunque hemos intentado contactar con algún responsable que pudiera satisfacer nuestra curiosidad, al menos de momento no hemos obtenido respuesta.