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Esperanza Gómez Harriero
Sábado, 8 abril 2017 | Leída 442 veces
psicosalud

Síndrome de Asperger en la infancia

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El Síndrome de Asperger (SA), según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es un trastorno del desarrollo infantil con consecuencias en el desarrollo social, emocional y conductual. Sin embargo, existen aún controversias en cuanto a su clasificación. En el CIE-10, que es el manual europeo de clasificación diagnóstica, el SA está dentro de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD). Por su parte, el DSM-V lo incluye junto con el autismo bajo el nombre de Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Algunos de los criterios que se siguen para diagnosticar el SA siguen siendo objeto de discusión entre los profesionales. No existe ningún marcador biológico que nos permita detectar los cuadros de SA, por ello su diagnóstico se sigue basando en los comportamientos observados, en la historia de desarrollo y en el perfil psicológico de la persona.

 

Según el CIE-10, el SA consiste en un “trastorno de validez nosológica dudosa, caracterizado por el mismo tipo de déficit cualitativo de la interacción social propio del autismo, además de por la presencia de un repertorio restringido, estereotipado y repetitivo de actividades e intereses”.

 

Y las pautas para el diagnóstico son la “combinación de ausencia de cualquier retraso de lenguaje, o cognoscitivo clínicamente significativo y la presencia de déficits cualitativos en la interacción social (como en el autismo) y manifestaciones repetitivas y estereotipadas, de intereses y de la actividad en general (como en el autismo). Puede haber o no problemas de comunicación similares a los del autismo, pero un retraso significativo del lenguaje descarta el diagnóstico".

 

[Img #174631]Según el DSM-V, para diagnosticar el SA tienen que darse los siguientes criterios:

“A. Déficits persistentes en la comunicación y en la interacción social en diversos contextos, no atribuibles a un retraso general del desarrollo.

B. Patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidas y repetitivas.

C. Los síntomas deben estar presentes en la primera infancia (PERO PUEDEN NO LLEGAR A MANIFESTARSE PLENAMENTE hasta que las demandas sociales exceden las limitadas capacidades).

D. La conjunción de síntomas limita y discapacita para el funcionamiento cotidiano”.

 

Si bien conocer la etiqueta diagnóstica suele ofrecer una mayor tranquilidad a las familias y a las personas que padecen el trastorno al aumentar la comprensión de lo que ocurre, esto no es suficiente para mejorar la calidad de vida de estas personas. Por ello, en la realización de un diagnóstico lo más relevante es:

 

a) Describir las características de cada persona en todas las áreas del desarrollo.
b) Detectar las necesidades y priorizar objetivos.
c) Ofrecer estrategias de intervención que ayuden a mejorar la calidad de vida de estas personas.
d) Garantizar un seguimiento continuo que ayude a ajustar los programas de intervención.


SA en la infancia
He hecho una pequeña introducción del SA, de forma general, sin detenerme a hacer distinciones según las edades. No obstante, esta diferenciación sí es importante. Como indica el título de este texto, voy a centrarme en la infancia, dejando para otras publicaciones la adolescencia y la etapa adulta.

 

La infancia suele ser una etapa relativamente dorada para las personas con SA. En los primeros años de vida los niños con SA suelen disfrutar de un relativo bienestar. Sus intereses, su peculiar modo de comportarse y su deseo de preservar su soledad todavía no han colisionado con los intereses de sus compañeros y de la vida en sociedad. Así, la niñez les permite pasar desapercibidos, o que se miren con benevolencia determinadas actuaciones que con el transcurso del tiempo pasarán a ser extrañas e incomprendidas, en el mejor de los casos, y blanco de las burlas en el peor.

 

El exceso de sinceridad, la incompetencia para desentrañar las reglas implícitas en las interacciones sociales, los intereses restringidos, la inflexibilidad mental y comportamental, o la ausencia de recursos para socializar, todavía no se han manifestado con toda su dureza. Por el momento, quedan camuflados y confundidos entre las propias características y el desarrollo evolutivo de cada niño.

 

[Img #174632]Estas pueden ser algunas de las razones por las cuales muchos niños con SA todavía no han recibido un diagnóstico en la etapa de Educación Infantil y el primer ciclo de Primaria. Aunque para entonces los padres y profesores ya han podido comenzado a percibir que determinadas habilidades y dificultades parecen anómalas o infrecuentes, es probable que todavía no hayan llegado a considerar la necesidad de recurrir a un profesional (o no saben muy bien a qué profesional deberían dirigirse).

Hasta hace muy poco tiempo, esta situación de desconcierto e incomprensión, asociada a la falta de un diagnóstico capaz de explicar todos los síntomas, podía prolongarse hasta la edad adulta. Afortunadamente, esto ha comenzado a cambiar, y el SA se detecta a edades cada vez más tempranas, lo que sin duda mejorará la comprensión del niño acerca de sí mismo y también la del entorno.

 

Las características que tienen los primeros años de la infancia constituyen, en un primer momento, un entorno en el que las personas con SA pueden desenvolverse en condiciones bastante semejantes a las de sus iguales. Los juegos, casi siempre en paralelo o sutilmente cooperativos, permiten que el niño con SA pueda elegir entre participar, sin mostrar excesiva torpeza, o mantenerse al margen sin llamar demasiado la atención, disfrutando de su soledad. Del mismo modo, las interacciones sociales todavía no han alcanzado la complejidad que poco a poco irán adquiriendo, por lo que el niño con SA todavía puede ser un compañero relativamente eficaz.

 

No obstante, en la Educación Primaria toda esta tranquilidad irá dando paso a una nueva situación en la que las dificultades y las limitaciones serán cada año más evidentes. Desde este momento, el niño con SA irá distanciándose cada vez más de sus iguales, lo que aumentará su soledad.


Principales dificultades en la etapa de Primaria:

 

- Dificultad y falta de destreza a la hora de manejarse con sus iguales.

- Dificultad para percibir las sutilezas y las demandas implícitas en las situaciones sociales (que son cada vez más sofisticadas).

- Dificultad para interpretar las normas de un modo flexible y dinámico: se aferrará a las normas y al deseo de que nada cambie, dando muestras continuas de inflexibilidad y de poca adecuación a los cambios imprevistos.

- Dificultad para comprender muchos de los estados internos de las personas que le rodean, lo que produce en los demás la sensación de una intensa falta de empatía.

[Img #174633]- Dificultad para moverse con movimientos ágiles, coordinados y precisos (pareciendo un pésimo compañero de juegos).

- Dificultad para tomar la iniciativa en las interacciones con sus iguales, lo que produce la imagen de cierta pasividad y desinterés.

- Dificultad para compartir sentimientos eminentemente sociales: competitividad, rivalidad, o triunfo, lo que le hará parecer, ante los ojos de los otros niños, un compañero de juegos “aburrido” y poco interesante.

- Frecuentes problemas de conducta tanto en casa como en la escuela (como rabietas desproporcionadas).

-  Juegos e intereses limitados y poco afines a los juegos e intereses de sus compañeros.

- Empleo de un vocabulario extremadamente pedante, lo que desconcierta tanto a los otros niños como a los adultos.

- Preguntas repetitivas.

- Hipersensibilidad a algunos estímulos que pueden llegar a limitar o complicar significativamente sus actividades de la vida diaria.

- Trastornos de la alimentación derivados de la restricción de muchos alimentos.

- Trastornos del sueño.

- Intolerancia con los hermanos, a los que someten a instrucciones y prohibiciones frecuentes.


Cualidades y aspectos positivos en la etapa de Primaria

 

- Intenso afán de conocimiento. Gran motivación por recopilar información (u objetos) que versan sobre sus intereses particulares.

- Excelente memoria para recordar la información que les interesa.

- Gran capacidad para mantener la atención sobre un centro de interés.

- Hiperlexia (en algunos casos): precocidad en la adquisición de la lectura (entre otras).

- Sobresaliente destreza y/o conocimiento en alguna parcela concreta.


Necesidades en la etapa de Primaria

Muy a menudo, en esta edad se plantean grandes retos para la educación de los niños con Síndrome de Asperger. Los conflictos con compañeros, las conductas inapropiadas en el aula y los estallidos emocionales pueden requerir de la intervención de personal especializado que asesore al profesorado. También se hace necesario el personal de apoyo tanto en el aula como fuera de ella, así como la colaboración del resto del profesorado, con reuniones frecuentes para trabajar en equipo. Es necesario que exista una estrecha colaboración y comunicación entre las distintas personas implicadas en la educación de estos niños.

 

[Img #174634]Los niños con Síndrome de Asperger son “diferentes”, inocentes y solitarios. Todo ello les convierte en el blanco perfecto de bromas y burlas por parte de sus compañeros. Estas situaciones ocurren sobre todo en los tiempos sin organización (recreo, comedor y de camino a casa). Es necesario prevenir estas situaciones mediante un apoyo y vigilancia programada y flexible.

 

A la hora de realizar cambios de rutina, es conveniente preparar al niño, anticipándole a dichas modificaciones. Por otro lado, en este periodo el tutor es la persona más importante en la evolución del niño en el colegio. Crear un clima de afecto y comprensión y potenciar una relación positiva entre el tutor y el niño son dos claves fundamentales para facilitar la adaptación e integración del niño en el entorno escolar.

 

Es importante proporcionarle apoyos extras y adaptar la programación de actividades extraescolares para que las puedan realizar. De igual, hay que fomentar la participación activa en el aula, aprovechando sus intereses y resaltando sus capacidades para que se sienta valorado.

 

Muchos de estos niños presentan dificultades atencionales. Para evitar que el déficit atencional interfiera en sus procesos de aprendizaje es importante adaptar el entorno del aula, disminuyendo en la medida de lo posible los estímulos distractores. También es adecuado emplear apoyos visuales para organizar su jornada escolar (agendas), para motivar la comunicación con la familia (“cuaderno viajero”, de ida y vuelta del colegio a casa), para anticiparles posibles cambios en la jornada escolar y para guiar sus comportamientos (cuadernos de normas de conducta para situaciones específicas).

 

Con estos niños, se hace necesario enseñar de una manera explícita lo que en muchos casos no requiere una enseñanza formal, como las normas de cortesía. Con ellos no se debe dar nada por supuesto. Y, siempre que sea posible, es conveniente diseñar situaciones de enseñanza-aprendizaje en entornos naturales, incluyendo al profesor de pedagogía terapéutica (PT) en el aula con el resto de niños.

 

Lo ideal para estos niños es vivir en un ambiente lo más estructurado y predecible posible.


Referencias:

- Guía ‘Un acercamiento al Síndrome de Asperger: una guía teórica y práctica’, de la Asociación ASPERGER ANDALUCÍA.
- Manual diagnóstico CIE-10.
- Manuela diagnóstico DSM-V.


[email protected]
Esperanza Gómez Harriero
www.esperanzaharriero.com
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Twitter: @EGHarriero
Telegram: telegram.me/egharriero

 

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