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Javier Berrio
Domingo, 2 abril 2017 | Leída 53 veces

La necesidad andaluza

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Hay necesidades ineludibles en el terreno individual y también en el de las sociedades. Y en ocasiones, ni los individuos ni las sociedades son suficientemente conscientes de esas carencias. Hay personas que están solas y ellas mismas han de ser su motor para afrontar cualquier circunstancia adversa al igual que hay sociedades a las que les sucede lo mismo.

Andalucía es un caso paradigmático de esa especie de inconsciencia ante su propia problemática, al igual que vive la realidad de que si no se convierte en su propia fuerza dinámica, nunca se liberará de las lacras del subdesarrollo que padece en tantos aspectos.

 

Que yo sepa, desde la llamada repoblación  -en realidad fue cosa bien diferente-, el país ha sido ignorado por España. De tal suerte que teniendo casi todas las riquezas naturales posibles, vive una situación de clara desigualdad con otros territorios del Estado español que ni de lejos cuentan con tantos beneficios de la naturaleza. Y, ¿por qué se produce experiencia tan injusta y esperpéntica? Porque el Estado cuenta con que Andalucía nunca dará problemas desde el punto de vista del cuestionamiento de su españolidad.

 

No obstante y a pesar de que la mayoría de nosotros somos descendientes de aquellos repobladores, ni somos ellos ni nos obliga aquella  situación histórica. Andalucía tiene una larguísima historia de pueblos que han pasado por su suelo y según todos coinciden, en eso consiste la especificidad de su población. Pero, por encima de ello, están nuestras necesidades desatendidas y el hecho de que nos mantenemos en una posición muy por debajo de nuestras posibilidades. El caciquismo y el señoritismo mantuvieron a Andalucía al margen de cualquier posibilidad de desarrollo y, en la actualidad, el continuo gobierno de un partido de obediencia española, produce exactamente el mismo resultado.

 

Ante esto, ¿qué puede y qué debe hacer Andalucía? Ni el centralismo borbónico fue bueno ni la autonomía ha garantizado el progreso necesario en todos los ámbitos de la vida andaluza. Evidentemente, la única opción que queda es el cuestionamiento de si es prudente o no mantenerse en la actual posición, cómoda para muchos, sin duda, pero que nos coloca bien lejos de las cotas de bienestar que se podrían alcanzar bajo una relación diferente con el Estado español, es decir, con España. ·Es preciso que los andaluces comprendan algo: Andalucía puede y debe lograr mayores cotas de desarrollo por medios propios, haciéndose cargo de sí misma y de sus propios problemas y no esperar que España ni los partidos españolistas puedan mejorar su calidad de vida. Pero este mensaje ha de ser muy claro, sin ambages ni complejos y, sobre todo, sin miedos. Para ello es necesaria la existencia de diferentes partidos nacionales que, por encima de la ideología que mueva a cada uno, se pongan de acuerdo en que primero hay que recrear el sentido nacional para, después, aplicar las políticas que cada cual crea precisas. Primero, nación. Después, las ideas de cada cual. No olvidemos cuál es el objetivo porque, de lo contrario, nunca cambiará absolutamente nada. 

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