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Viernes, 24 marzo 2017 | Leída 180 veces
carta al director

Podemos lamenta la situación de los edificios históricos de la capital

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Leímos últimamente en la prensa local que del edificio del Hotel París “se conserva originariamente la mitad y la otra mitad fue reconstruida”. Sin más pretensión que la de usarlo como ejemplo, esta equivocada cita nos suscita dejar una reflexión sobre algunos vicios adquiridos y heredados que tenemos en esta ciudad.

Cuando un inmueble con historia deja paso a una obra nueva, el mantenimiento de una fachada no afecta a mucho más que a la facilidad de obra y la entrada de maquinaria en la parcela. Lo que realmente mueve un derribo son los metros de solar que hay en su interior, que es el capital vendible y del que los promotores sacan su enorme plusvalía, con el aliciente de una legislación municipal que favorece la construcción en altura en pleno [Img #173637]Centro Histórico y, por tanto, multiplica el número de metros edificables. Los ciudadanos tendemos más a pasar por delante de los edificios que a entrar en ellos y, por tanto, la conservación del aspecto exterior nos crea una ilusión de estar frente a un edificio histórico, pero nada más lejos de la realidad. Si nos contentamos con dejar para Huelva una colección de fachadas -auténticas o no-, cual decorado de cine, los sujetos que han promovido el derribo de nuestro patrimonio pueden estar tranquilos pues tienen todas las parcelas que las fachadas encierran a su disposición para construir. Pero no nos engañemos, si por ejemplo se derriba el inmueble de la histórica farmacia de la calle Concepción éste dejará de existir para siempre, como dejará de hacerlo la casa de Claudio Saavedra en la calle Palacio, como lo han hecho tantas otras casas en años pasados y como lo hará la mayor parte del Catálogo de edificios de interés de Huelva tal y como está planteado.

 

El paradigma que manejamos en esta ciudad está, a nuestro parecer, del revés. En Huelva, el patrimonio edificatorio se encuentra en constante cuestionamiento y consecuente amenaza: ¿Por qué habría de conservarse ese edificio? ¿Acaso tiene el suficiente “valor” arquitectónico? Las preguntas, como para casi todo en la vida, debieran ser las contrarias y enfocarse en positivo, dejando lo negativo en la excepción. Es decir: ¿Y por qué hay que derribar un edificio que lleva cien años de historia a sus espaldas? ¿En base a qué contexto histórico estamos valorando su arquitectura? ¿Qué valores históricos, sociales y etnológicos contiene? ¿Están legisladas las garantías por las que se prevé una mejoría patrimonial en el supuesto de una eventual sustitución? ¿Prioriza la normativa los edificios catalogados y su contexto frente a otros modelos nuevos? ¿Quién gana y quién pierde desde lo individual y lo colectivo? ¿Estamos aplicando correctamente la legislación en materia de patrimonio? ¿Qué hacen en otras poblaciones y cómo repercute ello en su economía y su percepción exterior? ¿Qué es lo que se debiera justificar, la conservación o el derribo?
 
[Img #173639]En esta ciudad el catálogo es poco extenso y aspira a mínimos de conservación, pero criticar la contradicción existente en el propio concepto de P3 pierde validez ante una violación sistemática del Catálogo por la cual los grados se cruzan a la baja y todo edificio, independientemente de su protección, es susceptible de ser tratado de otra manera. Asistimos a modificaciones a la carta del Catálogo, derribo de fachadas, aumentos de edificabilidad, cartelerías inapropiadas, mutilaciones, reconstrucciones distintas al diseño original, uso de materiales y técnicas distintas a los originales; entre otros incumplimientos.

 

Por todo ello, y por continuar con el Hotel París como ejemplo, como tantos otros el edificio simplemente no existe. Se conserva un ínfimo porcentaje del mismo, concentrado en la fachada de la primera mitad, o n.º 1, a modo de umbral a otro edificio que nada tiene que ver. La parte diseñada como hotel propiamente dicho, o n.º 2, aparecía en listado del PGOU de 1999 como P1, por lo que en un procedimiento normal debiera haberse conservado el edificio en su integridad. Sin embargo, en el año 2001 su estatus fue modificado al de P2, debiendo conservar por tanto la estructura -siendo en todo momento el edificio original-. Este grado sólo permite el derribo si lo fuerza una ruina física y se debe valorar cómo o cuánto reconstruir. Como refleja la ficha del edificio, éste conservaba por entonces su  tipología  interior  originaria, e indicaba expresamente que albergaba “elementos  de  valor  a  proteger”. Por tanto, como edificio “deteriorado” y con protección estructural, debiera haberse acometido de inmediato una rehabilitación que restituyera su buen estado.

 

[Img #173638]Pues bien, en el año 2002 se procedió al derribo del edificio. En 3 años se pasa de otorgarle la máxima consideración arquitectónica que hay a permitir su completa desaparición, del “deterioro” a la “ruina”. Las cosas claras, el nº. 2 actual no es el Hotel París y no tiene valor histórico alguno. Es un edificio de nueva planta que nada tiene que ver con el original, ni en fondo ni en forma. Todo ello enmascarado en una fachada que recrea lo que allí hubo -para gracia de la Plaza de las Monjas-, eso sí, prescindiendo de los materiales originales y la recuperación de sus cierres exteriores. Hablamos del que era un edificio modernista, tiempo de artes decorativas, con especial dedicación de sus autores a los detalles en interiores. No obstante, de los errajes artísticos del hotel, carpinterías interiores, de sus columnas, de su claraboya, de sus mosaicos, de sus escaleras y de su patrimonio mueble nada se sabe, claro está.


Es evidente que de la legislación propia a un P1 no cumple ni el título, pero es que tampoco cumple la que se le otorgó finalmente, el P2. Resulta extraño que en sólo 3 años el edificio pasara del “deterioro” a la “ruina”, no ya económica sino física e integral. Aún en este supuesto, el Ayuntamiento debiera de haber exigido la conservación de los elementos interiores inventariados y su integración en una nueva estructura cuyas características habían de acordarse previamente con los técnicos municipales. Y, además, la LOUA no contempla ningún aumento de altura y ocupación. Por no cumplir, no cumple ni con un P3, pues no se conservó ni tan siquiera la fachada del inmueble.

 

Los edificios no son una careta, son espacios entre muros donde la historia sucede. Si los perdemos sólo nos queda la ubicación y un relato.

 

Círculo Sectorial del Patrimonio Cultural de Podemos Huelva.

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