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Ramón Cazorla
Sábado, 4 marzo 2017 | Leída 190 veces
crítica de cine

'Trainspotting 2': cualquier tiempo pasado fue mejor

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Elige un productor (Andrew McDonald), elige el mismo autor (Irvine Welsh), elige el habitual guionista (John Hodge), elige casi idéntico reparto, elige un director (Danny Boyle) y elige rodar una secuela. ¿Razones? Quién necesita razones cuando has sido el creador del mayor dardo envenenado que escupió el cine británico a mediados de los noventa, Trainspotting.

[Img #171857]Dos décadas después nos llega la secuela de una película que adoramos, reverenciamos y disfrutamos de su banda sonora hasta la extenuación y que fue dirigida por el entonces desconocido Danny Boyle (en su zurrón cinematográfico solo se hallaba la comedia negra, 'Tumba abierta').


Veinte años han dado para mucho en la carrera de este admirado director, Oscar por 'Slumdog millonaire', fiascos sonoros como 'La playa' y 'Una historia diferente'. Honrosas películas como 'Steve Jobs' y '127 horas' y la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, entre otros muchos proyectos.


Danny Boyle argumentaba que la segunda parte de 'Trainspotting' no llegó antes (rechazó dos guiones), porque no encontró una historia sólida que contar sobre estas cinco almas perdidas en el limbo yonquie. Harina de otro costal es que haya conseguido vertebrar ese relato de peso que justificara la vuelta a las pantallas de estos excesivos e iconoclastas personajes.


La película rezuma melancolía y nostalgia por cada uno de los miles de fotogramas que la componen y su autocomplacencia es llamativa.


Los personajes están desdibujados, Sick Boy, el eterno dandy frustrado (Jonny Lee Miller) y Begbie, el psicópata irredento (Robert Carlyle), están pasados de rosca, casi rozan la caricatura. Spud (Ewen Bremmer), busca la eterna redención a lomos de su inseparable corcel, incluso Renton (Ewen Mcgregor) carece del pragmático liderazgo que exhibía en el filme original.


A la película le falta ese vigoroso y frenético ritmo que poseía la anterior y dormita en el permanente autohomenaje, los excesivos guiños a su predecesora evidencian la falta de fuerza narrativa de este atropellado relato; ni tan siquiera su música, que subraya la acción y vuelve a ser un personaje más, hace que volvamos a empatizar con estos desencantados 'outsiders'. Algo [Img #171856]chirría en este mecano cinematográfico que hace que lo veamos con muchas expectativas, pero no sublimemos como ocurrió con la patada nihilista que recibimos en nuestros acomodados traseros visionando la primera parte.


Esta gris reflexión sobre el cruel paso del tiempo, sobre la madurez sombría e involutiva, sobre nuestra esencia moral y sobre el amargo fracaso, no nos ha cautivado. El toque Boyle está presente, pero las dentelladas de su cine primigenio han desaparecido. Debe ser el aburguesamiento que produce Hollywood.

 

Y es cierto que todos los incondicionales de 'Trainspotting' soñamos y deseamos esta continuación, pero por desgracia se ha cumplido por enésima vez la teoría cinéfila que segundas partes nunca fueron buenas, exceptuando obviamente la majestuosa secuela de la obra cumbre de Francis Ford Coppola, 'El Padrino'.

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