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Esperanza Gómez Harriero
Sábado, 18 febrero 2017 | Leída 220 veces
psicosalud

Duelo perinatal

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El duelo perinatal, al igual que otros tipos de duelo, es un proceso doloroso natural y esperable tras una pérdida importante, y que comporta un gran malestar emocional. Como tal, es importante que tengamos en cuenta la situación por la que pasan madres y padres después del fallecimiento de su bebé, ya sea antes o después del nacimiento.

El aborto espontáneo afecta al 10-20% de todos los embarazos clínicamente reconocidos y la tasa de mortalidad perinatal en España en la última década fue de alrededor de 5 por 1000 nacidos vivos. Por tanto, el estudio del duelo perinatal es importante debido a estas cifras. Pero, además, también lo es porque los avances médicos permiten detectar cada vez más defectos tempranos o alteraciones en el embrión o feto que enfrentan a las madres y padres con la decisión de terminar o continuar el embarazo.


El dolor de la pérdida perinatal, al igual que en otros duelos, es un proceso que pasa por diferentes fases, y que puede durar varios meses o años, cambiando con el tiempo. Al recibir la noticia, la persona siente un fuerte shock, seguido de una gran angustia emocional acompañada por ansiedad, culpa y rabia. Durante el proceso de duelo, también se experimentan sentimientos de envida y deseo por el bebé que ya no está.


[Img #170815]Se piensa que la duración del duelo depende de muchas variables que intervienen y crean diferentes patrones de respuesta: el dolor anticipado, la falta de apoyo social, una escasez de estrategias de supervivencia, entre otros, pueden alargar el dolor.


El momento en el ciclo de vida en el que se producen estas muertes, la ausencia de una persona con la que poder llorar, la dificultad de compartir experiencias y recuerdos con la familia y el entorno social y la repentina irrupción de la noticias noticia son solo algunos de los factores que pueden complicar el proceso de adaptación emocional a la pérdida.


Podemos distinguir dos clases de pérdidas: las debidas a una interrupción médica del embarazo y las pérdidas prenatales/posnatales. Un aspecto que los distingue es que en las primeras hay una participación más activa de las mujeres, en el sentido de tener que decidir si terminan o continúan con el embarazo.


Hay varios dilemas que una mujer puede experimentar con este tipo de pérdida, lo que les lleva a sentir culpa y auto-reproche. La mujer se ve confrontada con la contradicción de detener la vida que ella misma ha creado en un momento, además, en que el embarazo está más o menos avanzado y cuando ya ha sentido la vitalidad del feto.


En las muertes prenatales y posnatales (hasta 28 días de vida), normalmente no hay oportunidad de prepararse para la pérdida, ya que tienden a ocurrir inesperadamente. Respecto a las muertes posnatales, además, el bebé ya ha nacido y el vínculo emocional tras el parto ya está iniciado (lo cual no quiere decir que no existiera ya un vínculo antes del nacimiento).


Lo esperable tal vez sería que las mujeres que han sufrido una pérdida prenatal o postnatal presentaran más síntomas de dolor y depresión que aquellas que han llevado a cabo una interrupción médica del embarazo. Sin embargo, varios estudios encuentran que no existen diferencias en la sintomatología de duelo, sino que sea el tipo de pérdida que sea, el dolor es igualmente intenso.


[Img #170816]Lo que sí parece hallarse es una disminución de los síntomas pasados 6 meses de duelo en las mujeres que tomaron la decisión de interrumpir su embarazo. Pero un año después de la pérdida, no se encontraron diferencias nuevamente y las mujeres que se habían encontrado con una pérdida repentina de su bebé, en general, ya comenzaban a mostrar menor sintomatología.


En los casos de pérdida por interrupción del embarazo, algunos investigadores creen que tras una posible sensación de liberación o fin por la terrible espera, más adelante pueden surgir sentimientos de culpa y auto-reproche. Esto nos confirma la importancia de dar valor a este tipo de pérdidas y ofrecer apoyo a estas madres y padres, ya que, como dice Robinson: “estas personas pueden luchar contra una gran ambivalencia, culpa y vergüenza, y se preguntan si deberían o podrían haber continuado con su embarazo y haber logrado criar a un niño discapacitado”. Asesorarles sobre las explicaciones que darán a otros cuando les pregunten; sobre cómo lidiar con el dolor, con el regreso a casa y el trabajo podría mejorar el proceso de duelo.


En cuanto al nivel de gestación, los resultados parecen indicar que cuanto más avanzado sea el estado, mayor presencia tienen los síntomas depresivos al mes de la pérdida. Al inicio del duelo, pues, las semanas de gestación son un factor importante a tener en cuenta, pero a medida que avanza el proceso este dato va teniendo menos influencia.


Estos resultados son relevantes para los profesionales de la salud que trabajan con mujeres y hombres que han sufrido una pérdida perinatal, ya que permiten ofrecer información sobre el impacto emocional y la evolución que este tipo de defunciones implica. También se puede fomentar la creación e implementación de protocolos de intervención preventiva.


Para finalizar, y como conclusión, podemos afirmar que duelo perinatal es un proceso con múltiples variables involucradas y con un gran peso puesto en la intersubjetividad de todos los que pasan por el proceso. Este tipo de dolor implica angustia con respecto a la pérdida, aunque se refiere a una persona aún no conocida, y creemos que los resultados vistos hasta ahora indican la importancia de dar seguimiento a las mujeres (y familias) que sufren este tipo de pérdida, con el objetivo de mejorar su salud mental. De esta forma, se podrían detectar a las personas con más probabilidades de sufrir complicaciones a lo largo del proceso de duelo. La implementación de asesoramiento psicológico y seguimiento en obstetricia y unidades neonatales podría ayudar a prevenir las secuelas emocionales. Además, sería de gran interés evaluar la implicación de las estrategias de afrontamiento y el estrés percibido entre las parejas que se enfrentan a estas pérdidas. Se necesitan más investigaciones para comprender mejor los efectos a largo plazo de los eventos reproductivos de las mujeres sobre su salud mental.

 

Esperanza Gómez Harriero
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