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Esperanza Gómez Harriero
Sábado, 4 febrero 2017 | Leída 212 veces
psicosalud

El estrés crónico en la infancia

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Según un reciente artículo publicado en la revista Psicothema, un porcentaje muy elevado de niños en todo el mundo se encuentra expuesto a estrés crónico o prolongado desde los primeros meses de vida. Concretamente, más de la mitad de los niños del planeta. Cada año, 1 de cada 10 niños nacidos en occidente experimenta abusos emocionales, y 8 millones de niños viven en instituciones de todo el mundo.

En España, el 4.54% de chicos y el 3.94% de chicas entre 8 y 17 años afirman haber sufrido abusos por al menos un miembro de su familia, según un estudio llevado a cabo en el centro Reina Sofía (2016). El Observatorio de la Infancia emitió un informe en 2013 señalado que hubo 42.569 casos de menores con medidas de protección.


Los abusos que los niños pueden sufrir varían en tipo y duración. Existen los abusos físicos, sexuales y psicológicos, además de la negligencia que podríamos definir como abuso por omisión en los cuidados que los padres o tutores legales deberían proveer al niño.

 

Efectos del estrés en la infancia temprana: afectivos, cognitivos y comportamentales
El estrés en la infancia temprana se define como un periodo de trauma severo o crónico durante el cuidado pre y/o posnatal.


Los factores de estrés psicosociales, especialmente cuando ocurren en etapas tempranas de la vida, contribuyen al desarrollo de trastornos de ansiedad y depresión. De hecho, los pacientes que sufren de trastornos afectivos muestran mayores niveles de corticotropina (relacionada con estados de estrés) en el líquido cefalorraquídeo.


[Img #169783]Con respecto al área cognitiva, también se encuentran alteraciones en el lenguaje, la memoria, la atención y las funciones ejecutivas. También se ha visto que los niños que han sufrido estrés prolongado en su primera infancia presentan más sesgos cognitivos que el resto; en concreto, interpretan las señales sociales como más hostiles que los niños que no han sido abusados y tienen un peor reconocimiento de las expresiones faciales positivas.


En cuanto a las medidas de inteligencia y desempeño académico, muestran un peor rendimiento escolar y un CI más bajo, son dos veces más propensos a repetir curso, presentan hábitos de trabajo más pobres y dificultades para desarrollarlos de manera independiente.


Además, los niños que han sufrido negligencia desarrollan más problemas de comportamiento, como una reducción de la flexibilidad, algo esencial especialmente en la adolescencia cuando son más vulnerables a las conductas de riesgo.


De igual modo, el funcionamiento psicosocial también se ve afectado. Estos niños son evaluados por sus profesores como poseedores de un menor autocontrol, menos sociales y con escasas interacciones con sus compañeros de clase.

 

Efectos del estrés en la primera infancia a nivel Psicobiológico
El estrés crónico a edades tempranas conduce a diferentes afectos dependiendo del momento evolutivo en que se producen. Las áreas cerebrales que se desarrollan cuando se experimenta el estrés se ven afectadas en mayor grado y sus efectos sobre el sistema nervioso (SN) han sido ampliamente estudiados. La atención se ha centrado en las estructuras que modulan la actividad del eje del estrés; como la amígdala, que aumenta su actividad; o el hipocampo (HC) y la corteza prefrontal (PFC), que lo inhiben.


La exposición crónica al estrés altera la morfología y la integridad funcional del HC (se pierden neuronas, se atrofian dendritas). Este daño del hipocampo podría explicar los problemas de aprendizaje que se observan en estos niños. Por tanto, existe una relación entre el volumen del HC, el rendimiento cognitivo y la función del eje del estrés.


[Img #169784]El HC continúa desarrollándose en las primeras semanas de vida, y el estrés continuo durante este periodo afecta a la estructura y altera el desarrollo normal. Mientras que el PFC y la amígdala tardan más, el HC se desarrolla completamente a la edad de dos años, lo que lo hace el candidato preferido para explicar la base neural de los déficits cuando el estrés impacta de manera prolongada en los primeros meses de vida.


Otras alteraciones que se aprecian se dan en la red frontal-límbica, que podrían ser responsables de trastornos del comportamiento social. En la misma línea, se ha demostrado que el estrés crónico en la primera infancia es un predictor de la reducción del volumen de PFC.


Estudiar los efectos del estrés durante edades tempranas en los principales neurotransmisores es uno de los aspectos más significativos, ya que revela la base neural del daño a largo plazo que se produce. La corticotropina y sus receptores se encuentran en muchas regiones involucradas en trastornos de ansiedad y depresión. Cuando se enfrenta a un estrés crónico, el eje del estrés se altera, y los efectos de las diferentes hormonas del estrés actuarán sobre los principales sistemas de neurotransmisión. Se ha demostrado que la relación entre el cuidador principal y el niño durante los periodos sensibles de desarrollo tiene efectos a largo plazo sobre el sistema dopaminérgico mesolímbico y sobre el eje del estrés.


Así, los niños con trastorno de estrés postraumático (TEP) muestran niveles más altos de noradrenalina y dopamina, lo que indica un funcionamiento excesivo del sistema nervioso simpático. El estrés crónico altera la función de PFC, causando hipervigilancia en los niños (aún en desarrollo), es decir, que desvía su atención hacia los estímulos amenazantes.


Finalmente, también la serotonina se altera a causa del estrés. Esta hormona modula el estado de ánimo. Los niveles bajos de serotonina están relacionados con el suicidio y la agresividad. Por tanto, la desregulación serotoninérgica podría explicar el desarrollo de conductas antisociales en adultos que experimentaron estrés crónico durante la primera infancia.

 

Conclusiones
El apego al cuidador principal tiene un claro efecto en el moldeamiento del SN en desarrollo, de modo que una interacción negativa y/o la falta de cuidados son los desencadenantes de déficits cognitivos derivados de una alteración de la estructura encefálica y su funcionamiento.


El estrés crónico durante la primera infancia, pues, tiene consecuencias afectivas, cognitivas y conductuales. Los resultados negativos de este estrés podrían ser mitigados, o incluso eliminados, si descubriéramos todos los procesos que subyacen a los déficits antes descritos.


[Img #169785]Sin embargo, estudiar esto en seres humanos es muy complejo por diversas razones. En primer lugar, hay una gran variabilidad en cuándo comienza el estrés, cuándo termina, la duración que tiene, el tipo de estrés, la intensidad, etc. En segundo lugar, la realización de los estudios longitudinales necesarios conlleva costes muy elevados en términos de recursos humanos, tiempo y dinero. En tercer lugar, dependemos de la memoria de los sujetos de estudio para que cuenten lo vivido durante su infancia, siendo los recuerdos falsos muy comunes, especialmente los relacionados con vivencias emocionales.


Por todas estas razones, es esencial desarrollar buenos modelos de experimentación animal, regidos por las leyes y códigos éticos actuales, que nos sirvan para conocer más y mejor las bases de los trastornos que nos ocupan.


Además, el descubrimiento de las bases genéticas, fisiológicas y neurales de la resiliencia al estrés crónico durante la primera infancia, que nos revelaría las claves de dicha resiliencia, permitiría a la población disponer de herramientas para minimizar o eliminar los efectos del estrés sufrido a edades tempranas.

 

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Esperanza Gómez Harriero
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