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Arístides Mínguez
Sábado, 14 enero 2017 | Leída 157 veces

Carta a nadie y a todos

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Homo homini lupus, Hobbes
Homo sum, humani nihil a me alienum puto, Terencio
Homo homini unus deus, Arístides Mínguez

Aplastado por la desgracia, atosigado por la impotencia sólo me mandó redactar esta carta…


A ti, a quien acosas a un compañero. A ti, acosador o acosadora, que, por desgracia, en esto sí que hay igualdad de género. Te creerás grande, un tío o una tía guay por machacar a alguien,  en apariencia, más débil que tú. Te creerás el rey o la reina del mambo, porque un grupo de palanganeros te ríe las gracias, cuando has vomitado tu basura sobre un indefenso. Te sentirás un dios o una diosa por humillar a quien tú ves como un simple gusano.


No te equivoques: el gusano o la gusana eres tú. Eres, simple y llanamente, escoria. Un mierda. Abusas de tu presunta superioridad para arrojar a la cloaca a un ser, al que tu ceguera sitúa en el lodo, simple y llanamente, por ser diferente, por no reírte las gracias, por no lamer tus hediondos pies.

 

Atrévete con uno de tus iguales, con uno que pueda hacerte frente. Conmigo, por ejemplo. Mira: yo soy gordo. Estoy calvo. Mira: soy heterosexual, pero, si te hace falta para alimentar a tu bestia, puedes llamarme maricón. Mira: he nacido en la huerta de Murcia, pero, si le pone al monstruo que te habita, dime africano, negrata, o panchito o sudaca. Mira: mis padres me han bautizado, pero, si te excita, llámame moro, puto moro, si te pone cachondo. Métete conmigo, piltrafa.


Lo que me digas me resbala como una ducha de agua pestilente, cuyo hedor me quitaré a continuación con un delicioso baño de agua caliente perfumada. A tu bilis le devolveré mi indiferencia, porque un mosquito como tú no puede ni herir superficialmente a un elefante como yo.

 

Abre los ojos, alma de Dios. Lo que estás haciendo es un delito. Trata a los demás con la misma humanidad con la que quieres que te traten a ti. Ten, de una jodida vez, empatía: métete en la piel del prójimo. Deja de ser escoria, ¡por todos los dioses!: sé humano de una puta vez. Te harás, nos harás un gran regalo.


A ti, a quien ríes las gracias del que acosa a un compañero. Eres su secuaz, te revuelcas en su misma mierda. Estás a un paso de convertirte tú también en desecho. A este ritmo corres el riesgo de convertirte en un engendro en vez de en una persona.


¡Espabila! Da de lado a estos piltrafas acosadores. Arrincónalos. Échale huevos u ovarios y ten el valor de denunciarlos. Sentirás que estás haciendo justicia, un acto de humanidad, digan lo que digan, piensen lo que piensen los miserables, los cagados. 

 

A ti, a quien conoces casos de acoso y no los denuncias porque temes que te tachen de chivato o que estas bestias pardas se ceben contigo. No seas cómplice con tu silencio de algo que puede degenerar en una desgracia de consecuencias funestas. Échale arrestos y busca ayuda en tu entorno, en tus profesores, en tu familia. Te juro que no te vamos a dejar solo.


A vosotros, a quienes habéis educado a un acosador, a quienes lo habéis amparado, a quienes no habéis querido ver al monstruo al que estabais alimentando en el cuerpo de vuestros hijos. Sabed que sois, también legalmente, responsables de sus actos. En el pecado lleváis la penitencia. Algún día os devorará, también a vosotros, el diablo que habéis consentido. 


A ti, criatura, a quien arrinconan, a quien humillan, a quien machacan por no ser, en superficie, como el resto del rebaño. No te rindas. Digan lo que digan, hagan lo que hagan: eres un héroe. Eres un héroe o una heroína por acarrear, en solitario, sobre tus hombros, el lastre de inmundicia que esos canallas están vomitando encima de ti. Pero no cargues tú solo con ese tonelaje. Piensa que hasta el más grande de los héroes griegos, Hércules, buscó ayuda para salir triunfador de alguno de sus peligrosísimos trabajos.


Sé Hércules: encuentra auxilio en tu entorno o fuera de él. Somos una legión los que queremos ayudarte: tu familia, tus amigos, tus profesores o, incluso, la policía. No tienes por qué soportar a solas lo que estás soportando. Ningún humano puede nadar siempre contracorriente en el río de porquería que están echando sobre ti. Hazme, hazte un favor: no te rindas, pide ayuda. Descubrirás cientos de tablas salvavidas que se partirán la cara por sacarte del pozo.

 

Resiste. Busca una tabla salvadora, un brazo amigo. Digan lo que digan los miserables, los ciegos de espíritu, tú eres grande. Una persona, pura y simplemente, maravillosa. Por eso, te debes una oportunidad.

 

Por último, quisiera pedirte perdón, en mi nombre y en el del resto de profesores que aman esta difícil profesión, por no haberme dado cuenta del martirio que estabas padeciendo. No estamos en vuestra piel, no podemos compartir en todo momento lo que te sucede en los pasillos, en los recreos, en las calles, en las redes sociales. Perdónanos: somos imperfectos.

 

A diferencia de lo que dicen los canallas que gobiernan desde escaños y despachos climatizados, vosotros no sois meras cabezas de ganado. Sí que importa que en clase tengamos que atender a diez más. Nos es imposible estar pendientes de las treinta y tantas criaturas que acuden a cada una de nuestras cinco o seis clases.


No. No sois cabezas de ganado, sino personas, seres humanos fantásticos, como tú, que, además, atravesáis una etapa de vuestra vida muy difícil, en la que, en una sociedad materialista y súper competitiva, debéis dar el paso de gigante de decir adiós a la infancia y empezar a caminar en el difícil mundo de la vida adulta.

 

Hazme un favor, mi héroe, heroína mía: no te rindas. Déjanos acompañarte en tu lucha de titanes. 

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