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Manuel García
Viernes, 25 noviembre 2016 | Leída 147 veces

Oh, negra Navidad

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Llegará el día en el que nos tomemos un mojito en El Mosquito de Punta Umbría alumbrados por las luces de un árbol de Navidad, con un grupo de jazz tocando un solo de saxofón del ‘Campana sobre campana’, con mazapanes en vez de frutos secos para acompañar la bebida y con gorritos de Papá Noel sustituyendo a viseras y gorras. Suena irreverente y demencial, tanto como que pese a que hace dos días los termómetros marcaban aún 30 grados, tengamos hoy la ciudad plagada de reclamos navideños.

Lo de los villancicos en bucle en el hilo musical de las tiendas debe estar demostrado que produce el mismo efecto que el ‘chunda chunda’ que martillea en los establecimientos de ropa, es decir, pilla lo que puedas y huye antes de que el precio de una chaqueta sea tu equilibrio psicológico y emocional, y de eso no hacen cheques de devoluciones.

 

La campaña agresiva y cada vez más precoz de los comercios tiene una razón de ser, por mucho que algunos clientes tengamos alergia a la intensidad o ‘jartibilidad’ (que decimos por aquí) de determinadas estrategias de marketing. El verano tardío que engulle lentamente a los otoños está rompiendo los esquemas de los negocios, que se ven obligados a adaptarse a un limbo estacional impredecible y oscilante. Si no llega el frío, abrigos, paraguas y botas de agua, se quedan en los escaparates. Y el tiempo pasa. A lo que antes se le daba salida en septiembre, ahora, en noviembre, todavía no termina de venderse.

 

Uno de los parches para remendar este descosido climático es llenar con etiquetas de extranjerismos las tiendas, tratando de reeducar el comportamiento consumista. ¿Que eres un agnóstico del consumo obsesivo compulsivo?, no pasa nada, te sometemos a un bombardeo cognitivo exasperante que anule tu anclaje racional para que termines rindiendo culto a la divinidad de los descuentos y las rebajas. Black Friday, te alabamos, óyenos.
Da igual que sea otro invento yanqui, cuya fecha se rige por una celebración completamente ajena a nosotros. Ojos que no ven, bolsillo que se vacía. Y es que en EE UU con esta campaña del Viernes Negro se inaugura el periodo de compras y coincide siempre con el día después de Acción de Gracias. Qué mejor manera para mostrar gratitud que gastando indecentes cantidades de dinero en bendecir al materialismo exacerbado.     

 

Supone que los establecimientos hagan el agosto, que sirve de agua de mayo para sus cuentas, y consiste en convencer a la gente de que es diciembre cerrado, lo cual alarga nuestra cuesta de enero. A grandes rasgos, ese es el chiringuito  espacio-temporal que tienen montado.

 

La única certeza es que la Navidad ya está aquí, queramos o no. Aunque en realidad nunca se fue. Antes solo encontrabas turrones en el último mes del año y los ojos te hacían chiribitas al ver la estantería llena de dulces manjares vetados hasta entonces. Ahora, los supermercados no retiran las últimas existencias hasta que se agotan, dándose la circunstancia de que te encuentras en pleno julio con la disyuntiva de elegir entre el Almendro y un almendrado.

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