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Manuel García
Jueves, 10 noviembre 2016 | Leída 184 veces

Suelten las armas y toquen las palmas

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En el recreativismo se está incurriendo en los pocos errores que no se cometieron la temporada pasada en la que casi todo se hizo mal. Con la salida de Comas parecía que la paz se instalaba en el Recre, pero hemos tardado apenas unos meses en abrir una nueva guerra civil con demasiados frentes, y el nerviosismo provoca que se vacíen cartuchos de críticas para descargar la munición del desasosiego disparando a todos lados.

Los malos resultados acuciaban y se puso en la diana a Ceballos. Si bien es cierto que no tomó decisiones acertadas y que tenía el estigma de Comas grabado a fuego, es evidente que los problemas son mucho más profundos que realizarle al enfermo un trasplante de entrenador.


Llegó Pavón y, tras una victoria balsámica, sufrimos una de las derrotas más indecorosas que se recuerdan. Ahora el dedo acusador se ha dirigido a los jugadores, que no sudan la camiseta, que no corren, que no meten la pierna, que están desconectados porque no cobran… En el fútbol no existen los blancos y negros, menos aún en el Recre, donde existe una variada gama de grises oscuros.


De la entrega de estos jugadores no se puede dudar, entrenan, se dejan la piel, luchan… pero el coco no se controla; seguro que por las cabezas de la mayoría de ellos pasarán las múltiples penurias que están padeciendo, aunque no sea conscientemente; eso no desaparece de un plumazo al enfundarse una camiseta o unas botas, por mucha capacidad de abstracción que tengan. Eso no los convierte en peores profesionales, solo en humanos. Con las cosas del comer no se juega.  


También se comenta en algunos sectores del recreativismo que ya sabían a lo que venían quienes firmaron por el Decano. Sí, obviamente, por eso el voto de confianza debería ser más férreo hacia ellos porque, que un jugador opte por venir a un equipo descosido y al borde de la quiebra, dice mucho de lo que significa para esos futbolistas el nombre del Recreativo y lo que representa.


Por eso la afición tiene que seguir estando a la altura. Es cierto que coquetear con los puestos de descenso, presenciar un juego plano y que el balón no entre son motivos para estar descontentos y frustrarse, pero solo unidos y remando se han conseguido las mayores gestas en el pasado más reciente del club y solo así seguirá habiendo un futuro en el horizonte.


El año pasado no jugábamos a nada y no se cuestionaba, se animaba y se daba aliento, conscientes de las prioridades y de la situación tan extrema que vivía el Recre. A día de hoy la realidad es la misma, o muy parecida; hemos soltado un pesado lastre dejando a Comas en la cuneta, pero su legado sigue en la chepa del abuelo, al que le cuesta un mundo mirar al frente. No hay dinero, se hacen ejercicios de funambulismo institucional y financiero y a duras penas el club trata de asomar la cabeza de la profunda ciénaga en la que lo abandonaron. La afición es la palanca del principio de Arquímedes recreativista, el punto de apoyo que puede sacarlo a la superficie. Si el Decano pierde eso, se hunde.

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