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Javier Berrio
Lunes, 17 octubre 2016 | Leída 149 veces

El mundo sin significado

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Sé del escozor, o el desconcierto o la pena que produce en la población el conocimiento de las cosas que acontecen en el mundo. La guerra mal disimulado entre EEUU  y Rusia en Siria, para que sean los sirios quienes paguen las consecuencias; las desgracias naturales y continuas sobre el Haití desarbolado sin que nadie haga nada realmente eficaz sobre aquel suelo y aquella población; el terrorismo islámico que hunde su razón de ser en los abusos del mundo desarrollado; el drama de los asilados y los que se cuelan con los realmente necesitados; etc., etc. etc.

Más cerca, en nuestros territorios: el desempleo, la  pobreza, el acabamiento de las clases medias, el final de los subsidios para muchas personas que quedan sin ingresos; los desahucios, etc. etc. etc. En el Estado español, los políticos que no llegan a acuerdos para formar ejecutivo  y comenzar a solucionar esos problemas próximos de los que he hablado; los egos encendidos incapaces de ver el dolor de los ciudadanos y una población que no termina de comprender que únicamente saliendo del sistema, el sistema colapasaría y habría que ir a otra cosa.

 

En la vida cotidiana: la enfermedad, la muerte, las dependencias emocionales y los malos tratos; otra vez la pobreza, la mala educación o falta total de la misma, la convivencia a veces difícil, el machismo, la homofobia y, fundamental, la falta de caridad privada; la presión de los poderes económicos sobre una población en gran medida depauperada -poderes económicos tanto públicos como privados-; una sanidad tardía que hace sufrir a quienes tienen que esperar que se les atienda cuando están sufriendo; la soledad, la incomunicación cuando no el aislamiento de tantos seres humanos; el distanciamiento dentro de las propias familias, el sufrimiento, la vejez ingrata de tantos hombres y mujeres…

 

Díganme: ¿cuál es el significado de todo esto y de tantas otras cosas que dejo atrás? Está claro que la programación de nuestros egos mantendrá este estatus quo para siempre porque no hay suficientes conciencias capaces de hacerse conscientes de cuanto acontece y de la falta de significado de todo eso. No me avergüenzo de repetirme y volver a las palabras del Maestro de Nazaret a Nicodemo: “nacer de nuevo”. Esa idea de un nuevo nacimiento se tiene que producir en el plano mental y del ser, descartando las creencias preestablecidas en nuestros programas egoicos y mentales. Solo así, este mundo de la ilusión y sin significado, comenzaría a tenerlo. Y así, llego al final introduciendo nuevamente una pregunta cuyo significado unos conocen bien y otros no, pero siempre nos quedará internet para averiguarlo: “¿Quién será el centésimo mono?"

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