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Manuel García
Jueves, 15 septiembre 2016 | Leída 260 veces

La eternidad de cinco meses del Recre

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Bien podría haber pasado un año, un lustro o toda una eternidad desde aquel viaje a Villanueva de la Serena. Lo único seguro es que desde entonces ha llovido mucho, bastante más, si cabe, que aquel aguacero que soportamos (a la intemperie) los 90 minutos en las gradas del Romero Cuerda. Era otra parada más de una travesía por el desierto de la inanición económica y deportiva que solo ha encontrado un maná en el extenuante periplo, la afición, único sustento para una institución que se ha tambaleado pero que nunca ha hincado la rodilla.

Aquello ocurrió el 10 de abril, hace algo más de cinco meses. Una horda de irreductibles soñadores y luchadores partía hacia dominios extremeños en plena tormenta institucional desatada. Era mi segunda expedición para apoyar al Recre fuera de nuestras fronteras (la anterior fue a Algeciras) y lo que se respiraba no eran ni mucho menos aires de derrota, pesimismo o temor, a pesar de que coqueteábamos con el descenso y el pronóstico del abuelo no era nada alentador.


Había una certeza, mientras el blanquiazul vibrase y despertase pasión, mientras ese escudo centenario hiciese suspirar y mientras esa camiseta generase irreprimibles lágrimas de emoción, seríamos invencibles. Y aquel día, nos perpetuamos… una vez más. Lejos de la extremaunción, la derrota (1-0) en un partido nefasto e infame (incapaces de llegar a la portería rival y con un juego errático) renovamos nuestros votos, recibimos la consagración de un sentimiento y una fe que quedó sublimada paradójicamente al bajar un escalón más en dirección a los infiernos. El traspiés inesperado resucitaba a los serones, rivales directos por la permanencia, y el Recre volvía a perder fuelle en la clasificación.


Pese a la decepción evidente, aquel jarro de agua fría caló nuestra ropa por la intensa lluvia, pero no reblandeció las esperanzas tras un encuentro que será desterrado de la videoteca de cualquier recreativista. En aquellos instantes, el clavo ardiendo (cada vez más templado) era la metafísica, mientras la matemática y la estadística financiera se empeñaban en darnos la espalda.


El agnosticismo y el ateísmo quedaron deserrados, no quedaba espacio para las medias tintas, los más escépticos aparcaron sus reservas y se volcaron, aunque la lógica les gritara a voces que aquello que invocábamos con energía no era más que una entelequia. Ese día, cuando todo se torció y la soga más apretaba, muchos asumieron como suya una creencia que antes seguían con devoción por amor a unos colores pero sin convencimiento.   


Hoy, las cuentas siguen plagadas de borrones y con complejos cálculos sin resolver, al margen de ecuaciones con diferentes variables e incógnitas múltiples que precisan ser despejadas, pero hay camino, uno que se forjó en gran parte aquella tarde de abril y que se venía gestando un tiempo atrás. El calendario liguero depara al Recre para este fin de semana el retorno a uno de sus avernos particulares la temporada pasada, en el que cientos de gargantas fueron capaces de dibujar un arcoíris blanquiazul que permitió esquivar el azufre de la desazón.

 

@ManuelGGarrido

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