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Ricardo Ubric
Sábado, 6 agosto 2016 | Leída 542 veces

Bendita resurrección

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Bendita resurrección. Benditos ‘cero’. En Huelva, territorio en el que poco menos que actuaban como visitantes, el ‘Pitos’ y los suyos ofrecieron otro auténtico recital para enmarcar. Noventa minutos de música con los tiempos perfectamente definidos y yendo de menos a más para ir ganándose al escéptico respetable, al que no le quedó otra que reconocer al final lo que durante tanto tiempo ha sido una tremenda injusticia, y es que 091 es sin duda una de las bandas de culto de la historia de este país. Larga vida a los granadinos, desde ya sin duda en el recuerdo de una de las mejores noches de Colombinas.

Ellos presintieron hace ya más de 20 años que el futuro sería imperfecto. Sin ellos sí que lo ha sido. Afortunadamente están de vuelta y esperemos que sea para quedarse incluso más allá de un mes de diciembre que ninguno de los seguidores de 091 queremos que llegue. Habría que clonarlos, que conservarlos en formol, aunque parece que no hiciera falta porque ritmo y vitalidad tienen de sobra. Como los mejores vinos, han ganado con la edad y suenan en directo mucho mejor que antes. De Maracena a Huelva con las mismas canciones pero todo mucho más mágico, emocionante y casi místico. Un sobrio José Antonio García fundido con la armónica y con sus casi perennes gafas de sol tuvo que pasar calor de lo lindo, pero eso no le frenó a la hora de darlo todo ante un público que se fue prodigando en número conforme iba avanzando el concierto. Muchos no conocerían al grupo granadino, pero al oír desde lejos sus acordes no les quedó más remedio que acercarse hasta el escenario colombino para bichear y reconocer que eso sonaba muy pero que muy bien.

 

091091 nos dieron a los cuerdos que allí nos dimos cita, alrededor de dos mil, una parte de locura y tres de confusión, y durante la hora y media que duró la actuación a todos los que teníamos encima el cielo color vino onubense nos dio vueltas la cabeza. Embriagados de felicidad, casi en éxtasis, los Lapido, Tacho y Jacinto rayaron la perfección con una mezcla de canciones más lentas con otras eléctricas, rockeras y pegadizas que levantaron al público. Los ‘cero’ nos hablaron y cantaron sobre Dios y sobre el pecado, sobre el sexo y el alcohol, sobre arte y lucha de clases y hasta sobre el Necronomicón. Son pura adrenalina. Aquí no hay debate. En nuestras cabezas también rugieron de vez en cuando tormentas imaginarias de morriña de los años ochenta y noventa. Cualquier tiempo pasado fue mejor, pero al fin y al cabo este es nuestro tiempo. El que nos ha tocado vivir.

 

Se detuvo el tiempo. Olvidamos los problemas cotidianos y le pegamos un buen meneo al esqueleto. Falta hace en los tiempos que corren. Entre tanta barbarie con las guerras y tanto sufrimiento por la crisis económica que nos azota en el día a día de vez en cuando hay que soñar a lo grande y pensar que lo tenemos todo a nuestro alcance aunque casi nada nos pertenezca y que somos hombres y mujeres con suerte y que tenemos nuestro particular Dios siempre a nuestro lado. Entre fuegos de artificio naufragamos en la ciudad y buscamos el lado oscuro de las cosas en el laberinto de la calle del viento. En esta vida hay tiempo para el amor y hay que quererse un poco más. Y hay que saber que debemos estar preparados para todo lo que vendrá después y para seguir unas huellas que quizás nunca nos lleven al sol. Fue una noche para buscar en el baúl de los recuerdos y recuperar los zapatos de piel de caimán de nuestra juventud. Fue una noche para impresionarte y para ver como la luna se iba a casa muy tarde.

 

Lo dicho, que fueron claramente de menos a más y nos quedamos con muchas ganas de ‘cero’ tras escuchar al final himnos ya de la música española como La torre de la vela, La canción del espantapájaros en un dúo José Antonio-José Ignacio, Debajo de las piedras o La vida que mala es. No hubo problemas en toda la noche, no hubo cadenas que nos estorbaran para disfrutar, seguiremos andando pero sin avanzar para ver lo que nos va deparando esta vida en la que ya casi nada es real. Los 091 sí que son reales. Nos hicieron bailar hasta la desesperación esperando y confiando en que alguna vez nos sonreirá la suerte en la cola de los milagros. Muchos aún seguimos esperando que llegue el tiempo de la reencarnación, pero al menos desde anoche somos un poco más felices.

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