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Manuel García
Jueves, 21 julio 2016 | Leída 262 veces

Huelva estrena ría

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Mi Huelva (ahora sí) tiene una ría. El estuario fruto de la confluencia de los ríos Odiel y Tinto ha pasado de ser un figurante sin frase y apenas protagonismo en el guion de la ciudad a interpretar un papel principal en un remodelado escenario onubense. Su época como recurso de relleno en el paisaje urbano parece ser historia; hoy los focos apuntan directamente hacia uno de los elementos más identificativos y emblemáticos de la capital.

Se ha ganado con creces al público choquero que abarrota los espacios habilitados en las funciones diarias del enclave. Las discrepancias de los más puristas sobre los matices acerca del método en la ejecución o en detalles de vestuario quedan sofocadas por el aplauso casi unánime de la crítica, entusiasmada con el desenlace de esta historia de suspense que se estrenó con éxito de taquilla hace apenas unos días.


La ciudad lo necesitaba, lo pedía a gritos. Era una composición escénica natural dentro del hilo argumental de Huelva que ha tardado demasiado en rodarse. Cierto es que, de momento, y quizás irreversiblemente, la recuperación ecológica de la ría es una quimera, pero su marginación sistemática como colgajo inerte carente de valor vertebrador era de una estrechez de miras alarmante. Yo no metería ni una uña del meñique en sus aguas, pero pasear por su falda y observar los contrastes cromáticos que la luz onubense dibuja en su mansedumbre es un lujo para los sentidos sin parangón.


Tampoco se precisaba un gran dispendio arquitectónico, con habilitar un espacio por el que transitar y reposar era suficiente, pero todo lo subyacente que ha traído esta actuación con una inversión faraónica es bienvenido. El sistema de iluminación, las fuentes, los quioscos, los espacios verdes, etc. mejoran las prestaciones de un entorno al que le sienta bien la prenda con la que se le quiera vestir; la percha es innegable.


Quedan retoques de postproducción que añadirle para niquelarlo, como una cobertura de transportes públicos acorde a la afluencia de visitantes desde todos los puntos de la ciudad. Lo único seguro es que, si en algún momento la proyección del Ensanche Sur recupera su vigor, contará con un atractivo de excepción para atraer a nuevos residentes a la zona.   


De lugar de paso, a destino; de vistazo nostálgico y con desdén, a mirada cómplice; de resoplido y bufido de indignación al contemplarlo, a suspiro de satisfacción. Probablemente no veremos surcar por ella un barco velero (nos vale con la canoa), tal y como narra el famoso fandango, ni tampoco a una morena mojar su mata de pelo, pero ahora sí que podremos cantar de verdad que Huelva tiene una ría.   

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