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Manuel García
Miércoles, 30 marzo 2016 | Leída 400 veces

Enterremos la esquela del Recre

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Aquí somos así. Remolones para movilizarnos, perezosos incluso, pero cuando nos ponemos en pie no hay quien nos pare. La gran mayoría de los onubenses han vivido ajenos a los estertores agónicos y moribundos del Recre hasta hoy. Solo el boceto de esquela redactada por los empleados del club hace un par de semanas ha generado una reacción.

Casi desahuciado, totalmente dependiente y al borde de la inanición, el Abuelo apenas se mantenía en pie hace cuatro años. El Ayuntamiento, su allegado más directo, que aducía no poder hacerse cargo de sus cuidados, se desentendió y lo dejó en las primeras manos que prometieron colmar de atenciones al Decano. El Consistorio mantuvo parte de la tutela con un porcentaje de acciones, jurando vigilar la gestión de quienes habían asumido el mando para velar por el bienestar del Recreativo. Papel mojado.

 

Los dos primeros años el Decano parecía correctamente atendido, salía a la calle bien vestido, aseado y perfumado. Su rostro volvía a tener un tono blanquiazul saludable y su cuerpo aguantaba las exigencias deportivas y económicas de la competición. Rejuvenecido, sus pulmones casi le permiten escalar un puerto de montaña para volver a pisar la cima de la Primera División. Le faltó un resuello, el que proporciona un gol. Pese a ello, el distanciamiento con su familia se fue evidenciando poco a poco.

 

El tratamiento milagroso que recibió el Abuelo y que le permitió experimentar una recuperación muscular inusitada, tenía efectos secundarios. El principal fue un severo y progresivo trastorno de personalidad. Su talante campechano, humilde y sencillo desapareció; la cercanía con su gente se tornó en desapego. Primero se miraba al bolsillo, a la cartera, luego al césped y se perdió de vista a la grada, que de verdad sostenía emocionalmente al Recre. Las exigencias para ir a visitarle los domingos se desorbitaron y el vínculo se resquebrajó.

 

Sus células nerviosas, las que permitían que su cerebro anclara los recuerdos, empezaron a morir. El proceso de desencanto del aficionado fue degenerativo y, con su pérdida, la demencia del Abuelo aumentó. Una especie de alzhéimer institucional se apoderó de él, que ya no era consciente del significado de su escudo, su pasado, su esencia; no se reconocía a sí mismo ni quién había sido. La ausencia de sus nietos en el estadio ahondó mucho más en esa amnesia profunda, que pareció volverse crónica por momentos.     

 

Su tutor, consciente de la relevancia histórica del decanato de nuestro anciano equipo, trató de exprimirlo, se olvidó de sus dolencias, de sus achaques y de las limitaciones físicas, y sobreestimuló empresarialmente más de lo que el Recre podía soportar; hasta que colapsó. Responsable del homicidio imprudente, lanzó el mortecino cuerpo del Abuelo al pozo de la Segunda B y lo abandonó a su suerte, intentando borrar sus huellas e inculpando del crimen a otros.

 

Entre sollozos de plañidero barato, dice profesar un cariño exacerbado al Recre que le impide soltar el cepo que lo mantiene hundido en el fondo del foso al que lo lanzó. Todo ello a pesar de que, en la superficie, permanecen ansiosos y preocupados un grupo de salvadores que traen abrigo y comida para al menos intentar restablecer la delicada salud del Abuelo.  

 

De momento, el Recre permanece atrapado en un oscuro y hondo agujero, en el sepulcro que Pablo Comas excavó para él. Pese a no poder sacarlo de ahí sin ayuda, el recreativismo ha reaccionado, no se sabe si a tiempo, pero ha dado un paso adelante. Los jugadores, incansables y abnegados pese a su precaria situación, le dan vida deportiva luchando victorias indispensables. Los empleados, incondicionales, ejemplares y estoicos (merecen un monumento), sostienen el valioso patrimonio del Abuelo gestionando todos sus bienes. Y la afición, con el lleno de hace dos semanas, la nutrida presencia en Algeciras y el apoyo de plataformas creadas para sufragar sus necesidades básicas, insuflan dosis cruciales de oxígeno que siguen bombeando el corazón blanquiazul. Larga vida al Recre.

 

@ManuelGGarrido

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 2 abril 2016 a las 11:04
ALBIAZUL
Es que tenemos un alcalde, Gabriel Cruz, que pasa olímpicamente del Recreativo y de sus problemas. Así de claro. Aún quedan tres interminables años de mandato.

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