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Javier Berrio
Domingo, 24 enero 2016 | Leída 97 veces

Elecciones anticipadas

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No pienso, no creo en modo alguno que lo deseable sea un gobierno presidido por el PP. Las políticas llevadas a cabo por el presidente Rajoy lo desautorizan para que sea así pero, sin embargo, no así el electorado, que ha decidido con su voto que sea la minoría mayoritaria.

Un tripartito con PSOE y Ciudadanos le conferiría al ejecutivo una representatividad fuera de toda duda y un programa de gobierno social, reformista, de limpieza y regeneración podría poner las bases para un futuro democrático más dinámico de lo que hasta aquí ha sido. Pero el PSOE parte de varios errores enormes, en cierto modo aventado por ciertos comportamientos de los conservadores. Primero, el PP no es un partido franquista, sino una organización democrática en la que sí es verdad que conviven elementos muy recalcitrantes con otros plenamente abiertos y muy ce centro. El PP es un partido con corrupción y ello es muy cierto, pero no es privativo de ellos: la corrupción comenzó con el hermano de Alfonso Guerra, con el director del Banco de España nombrado por el gobierno de Felipe González, con el Director General de la Guardia Civil, con  los Gal y hoy  con los EREs inenarrables de la Junta de Andalucía y la del socialismo catalán y su permisividad con las de CiU. Y así continuamente y esa realidad no hace deseables ni al PP ni al PSOE porque ambos decidieron que este sistema sea el que es.

 

Pero más preocupante es la otra posibilidad. Un Podemos en una mayoría legislativa y su participación en el gabinete de gobierno es peligrosa porque hasta hace dos días las propuestas de la formación de Iglesias eran claramente comunistas y populistas, la contradicción misma de lo que es natural. Cuando el líder de Podemos se reclama como vicepresidente de un hipotético gobierno presidido por Sánchez y con ministros nombrados, incluso el de la plurinacionalidad, no solo toma la iniciativa y humilla a un partido socialista cabizbajo, sino que avisa de lo que será su asalto a la alta Administración del Estado y su enorme deseo de entrar en os despachos y sus prerrogativas. Por ello, porque a pesar de lo dicho ahora, sabemos cuál es la realidad que se esconde tras el programa de Iglesias, lo menos malo sería la propuesta anterior, la tripartita, aunque bien es verdad que mi preferencia sigue siendo el adelanto electoral.

 

Vengo pidiendo un régimen nuevo desde hace años e incluso una nueva constitución, pero aceptaría la reforma en profundidad de la actual. En cuanto a la regeneración y a la democratización del Estado, la dilucidación del problema territorial y una redistribución razonable de la riqueza acumulada, también. Mas no puedo estar en modo alguno de acuerdo en que esas medidas se toman desde la extrema izquierda, sencillamente porque es bien sabido que el comunismo exclusivamente se conforma bajo la dictadura del proletariado y como eso hoy no es posible, por medidas de acercamiento a políticas más que sospechosas, como las de la república bolivariana de Venezuela, Sé que para las izquierdas, este tipo de argumentación coloca a quienes las mantienen bajo el apelativo rancio y demodé de facha, pero bueno, estoy acostumbrado a oírlo sin que me produzca espanto. Todos sabemos la supuesta ascendencia moral de quienes se sitúan en las llamadas izquierdas, pero no sé de dónde viene porque éso es no reconocer los millones de muertos y presos políticos, de conciencia o por su condición sexual del socialismo real en aquellos países cautivos bajo el muro de acero, o China, o Corea del Norte, etc., etc. Me abstuve en las pasadas elecciones y en otras por la molestia que me produce la Ley Electoral, el profundo enfado que me provoca viendo, además, cómo el actual parlamento, que podría promover su reforma antes de ir a una nueva convocatoria electoral, no se mueve lo más mínimo para llevarla a cabo. 

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