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Javier Berrio
Sábado, 5 diciembre 2015 | Leída 137 veces

Maltrato, voluntad y olvido

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Nada en este mundo se habría movido si no hubiese sido por la voluntad decidida de las personas. El dejar para mañana no habría funcionado en los cambios cruciales que la humanidad ha experimentado a lo largo de su historia. Sin una puesta en marcha de un poder volitivo claro, nada realmente importante habría llegado a existir. Pero, afortunadamente, hombres y mujeres valientes, sin miedo al sufrimiento ni al sacrificio y con un claro carácter de acción para el cambio, han traído muchas de las grandes cosas que hoy disfrutamos.

La vida diaria, nuestras vidas, tiene un comportamiento muy parecido a ese descrito sobre el mundo. Únicamente las personas de voluntad decidida podrán acercarse a la tranquilidad de ánimo, a la paz interior y a disfrute de ellos mismos. Pienso ahora, por ejemplo, en las personas maltratadas en sus relaciones de pareja, tanto hombres como mujeres, igual heterosexuales como homosexuales. Una de las partes, está claro, carece de voluntad y no sabe afrontar el sufrimiento que determinadas decisiones podría traer a sus vidas y elijen quedarse en el dolor de una relación sufriente y tóxica.  Quizás hayan perdido la esperanza de que una vida mejor es posible y, más que posible, indispensable. En ocasiones, la persona infravalorada dentro de una pareja, puede estar cubriendo necesidades muy vitales o padecer el terrible mal del apego irracional, según el cual se convierte en príncipe de ensueño a quien en lo personal no tiene más valor que las ranas de los cuentos, solo que, por más besos que se les dé, nunca se convertirá en la persona adorable que el coadicto sueña que es.

 

El maltrato es un campo enormemente amplio, que va desde la ignorancia de la pareja hasta la humillación más grosera de la misma, incluida la infidelidad y pasando, en algunos casos, por el maltrato físico, pero ojo, que ese último no es necesario para que la mortificación se esté produciendo. Los individuos que toleran estas situaciones han perdido en el camino gran parte de su autoestima y han invertido sus energías vitales en mantener una relación que solamente está destruyendo sus vidas y a ellos como personas. Nuevamente entra en juego la voluntad, el deseo de ser antes que el de depender emocionalmente del vacío y de los abusadores. Pero, ¿cómo se producirá el milagro del despertar al reconocimiento del dolor o el sufrimiento, a la aceptación del mismo con humildad para, por medio de una voluntad que ha de ser trabajada con mucho esfuerzo, salir de la esclavitud de quien solo es espejo del deseo del abusado, nunca realidad tangible, en definitiva, existentes exclusivamente como proyección personal? 
 
Una persona cuyo autoconcepto ha sido muy mermado por una relación o porque sencillamente le cogió en un momento bajo, difícilmente podrá sentir un dolor suficientemente intenso cuando está siendo despreciado y maltratado. A veces, tiene que suceder algo externo para que entre en razón y vea la necesidad de desarrollar la voluntad suficiente para poner a estos marrajos de la nada en su sitio, en la calle, fuera de sus vidas, en aquel lugar donde ya no pueden hacer más daño: en el olvido.

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