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Mario Asensio
Sábado, 28 noviembre 2015 | Leída 571 veces
Regresa con un recital electroacústico

Maestría especial de Lapido en Huelva

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2.54 h. El artista granadino desarrolló un concierto electroacústico en el que sin perder su fuerza inherente las canciones cobraron interesantes matices en una nueva relectura de temas más presentes en sus actuaciones y sobre todo en el rescate de otros más postergados por el tiempo. Se convirtieron en pequeñas joyas dentro de la despedida que el ‘maestro’ realiza antes de protagonizar con 091 a lo largo de 2016 una ‘Maniobra de resurrección'.

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Más de un lustro después de la primera función de José Ignacio Lapido en Huelva, ‘el poeta eléctrico’ regresó a la capital onubense con un buen puñado de canciones en la maleta para compartirlas en formato electroacústico en en el Club Alhambra Reserva 1925, que hizo parada en la estación del Real Lion.  Ante un reducto de fieles en un público en ocasiones demasiado bullicioso para un espectáculo que invitaba a abrir bien los oídos para percibir la riqueza de lo dispuesto sobre el escenario, el ‘maestro’ marcó la pauta con la guitarra acústica y la voz, acompañado por la guitarra eléctrica de Víctor Sánchez y los teclados de Raúl Bernal, un trío de muchos quilates.

 

[Img #138959]Juntos fueron desenvolviendo con un sonido brillante una a una las canciones preparadas, templadas con detalles sutiles, arreglos de calidad que vistieron con ropajes distintos canciones que se desmelenan con fuerza con la banda al completo y que sufrieron una reinterpretación de paladeo fino y puntos álgidos de intenso sabor. Acordes rasgados, arpegios, punteos de revoloteo suave que acababan retorciéndose y el marco de fondo perenne de los teclados aportando dimensión y cuerpo al paisaje. Fue una maestría extra de Lapido, que denominó como "especial" el concierto por el momento en el que llegaba, aunque también lo fue por mostrar una versión interpretativa distinta, tanto en formato como en la selección de los temas.

 

Así sonaron con la esencia de siempre, con su fuerza original pero con la aportación de interesantes matices, ‘El más allá’, ‘En el ángulo muerto’ y ‘La hora de los lamentos’, entre otros de los temas que han sido regularmente interpretados en los últimos tiempos por Lapido. Pero además sacó del fondo del armario otras canciones que el tiempo ha ido arrinconando un poco y han sido menos tocadas, como ‘El principio del fin’, que destacó en su redescubrimiento entre todas junto con ‘Escala de grises’, además de ‘El carrusel abandonado’ y ‘No queda nadie en la ciudad’ y ‘Con la lluvia del atardecer’.

 

La maniobra de rescate de canciones alojadas en el doble fondo del repertorio hizo que estos temas menos habituales pero ni mucho menos menores cobraran protagonismo para ser unas joyas especiales dentro de la despedida antes del paréntesis que va a suponer en la carrera en solitario de Lapido la gira de reencuentro 20 años después de 91 con ‘Maniobra de resurrección’.

 

En esta línea abrió la noche ‘Nubes con forma de pistola’ y su emblemático comienzo. Comenzaron a llover acordes que saben a himno y anuncian un nuevo año de remembranzas, como pregonando por las tediosas aceras todo lo que vendrá después. En este impulso inicial se avanzó hacia ‘El más allá’, se percibió que ‘No hay vuelta atrás’ y que la situación ‘Está que arde’, para comprobar que ‘No queda nadie en la ciudad’ y que en ella está ‘El carrusel abandonado’, ‘La antesala del dolor’ y la ‘Escala de grises’. Continuó el recital con ‘Muy lejos de aquí’ y ‘El principio del fin’, ‘En el ángulo muerto’ y ‘Nadie sabe’ antes de vestir de balada la noche con ‘Algo me aleja de ti’. En la recta final se marcó ‘La hora de los lamentos’ y en los bises Lapido y Raúl desmadejaron con lentitud ‘Con la lluvia del atardecer’, para luego con el trío al completo poner el broche con ‘Cuando el ángel decida volver’.

 

Lapido demostró una vez más que es un grande del rock español, que sus excelentes letras llevadas por melodías y ritmos que agitan el espíritu en cada directo son un tesoro musical, para  privilegio de quienes valoran la calidad por encima de modas y posturismos. Lapido sólo hay uno y que dure mucho.

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