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Alicia de Navascués
Jueves, 15 octubre 2015 | Leída 448 veces

Ciudades intelitontas

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Asistimos al surgimiento de una nueva moda: las smart cities, concepto manido, más con fines de mercadotecnia que por coherencia con su significado estricto.

Se denomina smart city o ciudad inteligente aquélla que, comprometida con su entorno y con su población, utiliza soluciones tecnológicas avanzadas para la gestión eficiente de las infraestructuras, para la reducción de las emisiones contaminantes,  para facilitar la comunicación fluida entre los actores (ciudadanía, colectividades, instituciones, empresas), promueve el uso compartido de bienes y servicios con la participación de los usuarios. En las ciudades inteligentes desempeñan un papel esencial las nuevas tecnologías de la información y la [Img #135412]comunicación (TICs), pero el objetivo último es el desarrollo equilibrado con el medio ambiente, la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y su cohesión social. El concepto así descrito tiene un significado claramente positivo.

 

Vitoria-Gasteiz ha sido elegida una de las tres ciudades que recibirán las inversiones del programa europeo "Ciudades y comunidades inteligentes" que impulsa proyectos-modelo en energía, transporte y TICs en las zonas urbanas. En concreto, Vitoria-Gasteiz recibirá una subvención de 10.885.258 euros para actuaciones en el barrio Coronación, con una población de unos 14.500 habitantes.

 

Pero bajo el paraguas de las denominadas smart cities está apareciendo una nueva brecha entre ciudades de primera y ciudades de segunda. En tiempos de crisis como los actuales en los que la Unión Europea está exigiendo recortes brutales a los gobiernos en inversiones que favorecerían la cohesión social acortando las desigualdades, especialmente en las regiones del sur ¿tiene sentido que se financien mega-proyectos como los de este programa que suelen incidir una y otra vez en ciudades que parten ya de una posición privilegiada?

 

No todos los ayuntamientos tienen capacidad para acceder a estos programas europeos de innovación tecnológica cuya mera presentación requiere una elevada especialización. Las dos convocatorias de ayudas a las entidades locales establecidas por el gobierno español para el desarrollo de ciudades inteligentes exigen como requisito tener una población superior a 20.000 habitantes. La I Convocatoria se resolvió este año con tan sólo 14 iniciativas aprobadas para una inversión de 15 millones de euros. En la actualidad, siguen abiertas la I y II convocatorias que contemplan inversiones por un total de 78 millones de euros. Además, el gobierno español está [Img #135410]centrando sus inversiones en el enfoque digital más que en los objetivos últimos de las ciudades inteligentes. Pero no debemos confundir ciudad inteligente con ciudad digital. En la segunda todos los esfuerzos se concentran en la introducción de las TICs, por encima de otros objetivos como la cohesión social.

 

No es casualidad que los sectores interesados en que la UE incentive este tipo de proyectos estén vinculados a las TICs, ya que van a hacer negocio con los sistemas  que harán "inteligentes" a nuestras ciudades. Son las empresas de telefonía, de fabricación de dispositivos móviles y de desarrollo de programas informáticos las principales beneficiarias de esas inversiones. En el caso de nuestro país, Telefónica es la patrocinadora de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI).

 

No podemos negar las bondades de tener edificios más eficientes, de utilizar modos más sostenibles de movilidad o aplicaciones informáticas que permitan una gestión más eficaz de los consumos energéticos o que mejoren la calidad de vida de las personas con mayores dificultades. Lo que cuestiono es que estos avances no lleguen por igual a todos los rincones de la UE, que salgan beneficiadas las ciudades que de partida están más desarrolladas, las de mayor población en las que son más rentables las inversiones de operadoras de telecomunicaciones, las mejor posicionadas geográficamente, las que cuenten con patronos poderosos (entidades financieras, empresas tecnológicas, de sectores industriales más desarrollados,....) que colaboran en la elaboración de estos complicados proyectos (sugiero leer las bases), las que ya cuentan con las mejores infraestructuras de trasporte y telecomunicaciones. Es decir, cuestiono que las ciudades "inteligentes" se queden en las zonas con PIB de mayor valor añadido alimentando la brecha tecnológica, digital y de desarrollo social y económico entre unas regiones y otras, entre áreas metropolitanas y ciudades pequeñas o ámbitos rurales.

 

[Img #135411]No debiéramos confiar la inteligencia de nuestras ciudades a la mera implementación de las TICs. Una ciudad será inteligente si son personas inteligentes las que asumen su dirección y gestión, cuenten o no con inversión para innovar en tecnologías y comunicación.

 

Pongo un ejemplo conocido por todos que ilustra el mal entendido concepto de smart city: los nuevos parquímetros instalados en la mayoría de nuestras ciudades no facilitan nuestra vida, tienen graves carencias de diseño en cuanto a la accesibilidad cognitiva ¿qué persona no se ha quedado atascada ante estos aparatos de difícil comprensión en su manipulación? Dejo estas fotos de los parquímetros instalados en Madrid que aplican diferentes tarifas en función del grado de emisiones contaminantes de los vehículos, y de sus homólogos onubenses un poco menos “inteligentes”.

     

Recordemos que uno de los objetivos últimos de las smart cities es mejorar los servicios a la ciudadanía, contribuir a su bienestar, y éstos no están siempre vinculados a la tecnología sino, por el contrario, al trato directo, cercano y altamente cualificado de personas.

 

El excesivo protagonismo de lo digital provoca además una brecha entre los ciudadanos. No todos tienen capacidad de manipular las nuevas tecnologías en el desenvolvimiento de su actividad diaria. Recordemos la iniciativa del ministro Montoro que pretendió que nuestra relación con Hacienda fuera exclusivamente vía telemática, dejando fuera de juego a todas las pymes, autónomos y particulares que carecían de conocimientos y recursos TICs.


En la segunda fotografía apreciamos cómo los usuarios del transporte público prefieren las ventanillas de atención personalizada a las máquinas expendedoras de billetes cuando éstas tienen deficiencias de diseño o son incomprensibles.

 

Finalmente hemos de considerar el progresivo envejecimiento de la población de nuestro país. Las personas mayores acusan la pérdida de capacidades físicas, sensoriales y cognitivas. Una ciudad inteligente será aquélla que tenga en cuenta las necesidades de todas las personas y se adapte a ellas, resolviendo problemas y no creándoles otros nuevos.

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1 Comentario
Fecha: Lunes, 19 octubre 2015 a las 15:14
cognitivo
Zzzzzzz...

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