Jueves, 5 septiembre 2013

Huyendo del ozonopino

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Bernardo Romero

Seré breve: te vas al cine con la parienta. Dos entradas, un cartón de esos americanizantes de palomitas y dos cocacolas para rubricar el acto y... echad las cuentas, que yo me equivoco y el Julián luego me riñe. Bueno, pues eso, unos veinte euros o algo más.

De esos veintipocos, o muchos, según el cine y la ciudad, la subida del IVA de este gobierno vilipendiado hasta desde sus mismos adentros, supone para las dos entradas, poco más de un euro. Total, que el mundo del cine, ese que celebra con gran algarabía los premios Goya (premio, y perdón por la redundancia), ha decidido que es el único culpable de que al cine no vaya ni Dios, con más perdón.

Las endeblitas películas americanas del fin del mundo, y las monotemáticas del cine español más mediocre de las últimas décadas, no tienen la culpa. El abusivo precio de las entradas, de las palomitas y las cocacolas, tampoco. La necesidad de quedarse en casa porque no tenemos un duro, y al menos podemos meter en el microwaves las palomitas y acceder por unos centimos (el paquete cine creo que está a cuatro euros mensuales o algo así) a una infinita y sugerente sucesión de títulos cinematográficos, sin nadie que te moleste tosiendo o contándote cómo termina la película, o  ver una peli en el keli con los amigotes, que es mejor todavía, tampoco. Tampoco esto es razón para que las salas de cine anden criando telarañas desde hace un montón de tiempo. 

Pues muy bien, compadres, sigan ustedes en sus trece. Este año, cuando vengan los premios Goya (premio y perdonen la insistencia, pero es que me lo ponen a huevo), se colocan vuesas mercedes en el pecho la pegatina que toque y le tocan, ya puestos, los oeufs al ministro o director general –siempre que no sea de la cuerda, claro está- que tenga la ocurrencia de acercarse por allí a ver lo de los premios, a ese señor o señora, da igual, que es culpable de todas las guerras, de todos los vertidos, de todo lo malo que en el mundo pueda ocurrir u ocurra desde ahora hasta que llegue el día de la gala. Y si no tienen cosa mejor, pues se ponen la pegatina del terrible impuesto que pagamos todos, pero que ustedes no tienen por  qué tener que apoquinar, ni mucho menos, y menos siendo como es el muy cabrón el que ha despejado, el solito oiga, las salas cinematográficas en todo el solar patrio y parte del extranjero. 

Y mira que huele bien el ozonopino. No lo entiendo, no lo entiendo.
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Isaias
Fecha: Domingo, 15 septiembre 2013 a las 21:31
Pena de caverna periodística empeñada en quitar pulgas a los gobernantes de la derecha. Pierden la parte de razón que llevan (de quien es la culpa de las salas vacías? No solo del IVA, es verdad, pero también del IVA) por ser la voz de sus amos. Por cierto, Pena también de intelectual palomitero. Con lo que molestáis a los que vamos a ver cine...
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