Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Armando Guerra
Sábado, 17 agosto 2013

Indultos injustos

Marcar como favorita Enviar por email

Tras más de una semana desde que se supiera de la extradición de Daniel Galván, supuesto espía español encarcelado por abuso de menores en Marruecos, el debate político nos ha ofrecido algo más que el caso Bárcenas.

El PSOE ha intentado culpar al gobierno de la petición de liberar al pederasta mientras que el gobierno culpa a Marruecos de dar el perdón a un preso del que solo pedían que cumpliera condena en España. Muchos periodistas y tertulianos de ciertos medios han preferido adherirse a la segunda línea argumental para así aprovechar para  reforzar la imagen de país democrático de España, alegando que aquí el jefe del estado está sometido al imperio de la ley y que se respetan las decisiones judiciales. Análisis como estos sirven para contrarrestar los voces que empezaron a cuestionar la legitimidad de la democracia española cuando comenzó la crisis, principalmente el 15-M, y que ahora están en una clara fase de retroceso. Sin embargo, elegir el asunto del espía extraditado para ensalzar nuestra realidad política es irrisorio, ya que no hace más que poner de relieve lo mucho que nos parecemos a nuestros vecinos del sur. 

A todos los que han aprovechado para ensalzar a España con todo este asunto no parecen recordar que de indultos injustos también sabemos un rato a este lado del estrecho. El PSOE indultó al banquero del Santander Alfredo Sáenz por un delito de denuncia falsa. El PP más recientemente puso en libertad a un conductor suicida que causó un accidente mortal y que casualmente era  defendido por el bufete del hijo de Alberto Ruiz Gallardón, aunque tal vez el más conocido sea el indulto a los mossos d’Esquadra que mataron de una paliza a un detenido que, para colmo, resultó ser inocente del delito que se le atribuía. 

Son solo dos ejemplos. El hecho de que los indultos hayan sido otorgados por un gobierno electo no los hace más legítimos que los otorgados por un tirano como Mohamed VI. La forma de gobierno con la que se ejecuta una injusticia no cambia la naturaleza de la injusticia en sí. Y si algunos insisten en el hecho de que las urnas son una fuente inagotable de legitimidad, que piensen en los regímenes totalitarios que salieron de elecciones en el siglo XX.
 
Si los indultos arbitrarios son un punto un común con Marruecos, no lo es menos la cuestión de las relaciones diplomáticas con el exterior. El caso del espía español ha puesto de relieve el doble rasero del monarca alauí, que presume de gran patriota pero que se pliega a los deseos de su homólogo español, muy a pesar de las familias marroquíes que sufrieron al pederasta. La política exterior de España también obedece mucho a los dictados de los que tiene por encima. El ejemplo más reciente ha sido el registro efectuado por uno de nuestros embajadores al presidente boliviano Evo Morales al sospechar que Richard Snowden viajaba en su avión. Nadie dice que España debiera participar en la huida del ex agente de la CIA, pero faltar al respeto de esa manera a un mandatario por arrestar a un hombre que ha sacado a la luz que EEUU ha espiado a sus socios europeos es algo propio de la España de Bienvenido Míster Marshall.

A pesar de estas dos similitudes entre los dos países, las realidades de Marruecos y España están lejos de ser iguales. La dureza del régimen marroquí y la valentía de su pueblo son algo en lo que nos superan con creces. Las torturas, la pobreza, la falta de libertades que sufren nuestros vecinos del sur son algo que en España, afortunadamente, no alcanza cotas tan altas. Prueba de ello es la represión que la policía ejerció contra los manifestantes que protestaron contra la liberación del pederasta. 

Afortunadamente, a  pesar de la represión, las protestas han dado sus frutos y han forzado las disculpas del monarca y el compromiso de España de llevar a Galván de nuevo a la cárcel. Mohammed VI ha empezado a tener miedo de su pueblo, que le planta cara en las calles, como hasta hace poco tiempo hacíamos los españoles hasta que nos alcanzó la apatía. Esa valentía ha sido la que ha evitado que Galván se esté paseando libre por nuestro país, protegido por el silencio de los medios, los cuales nunca se habrían hecho hueco del asunto si no hubiera sido por el grito de indignación de los marroquíes, a quienes, no les quepa duda alguna, les debemos un favor por ello.
Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Huelva24.com • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2014 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress