Sábado, 25 mayo 2013
psicosalud

Los beneficios del juego

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Esperanza Gómez Harriero

Jugar es una de las actividades que utilizan las especies animales más desarrolladas, entre ellas el Ser Humano. Mediante el juego desarrollamos habilidades físicas e intelectuales, y aprendemos a socializarnos. Jugar es una forma de experimentar, de explorar el mundo que nos rodea y descubrirnos a nosotros mismos y a los demás.

Si nos detenemos a observar, podemos ver que el juego exploratorio y espontáneo va dejando paso, con el tiempo, al juego reglado y estructurado. Vamos poniéndonos límites, cerrando barreras. De esta forma, estamos bloqueando mucho potencial; estamos dejando atrás el disfrute natural que nos evade de la realidad.

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Volver a abrir esas puertas que hemos ido cerrando es algo que podemos lograr a través del juego creativo. El objetivo es redescubrir la risa, el placer, la alegría, la sensibilidad, la ilusión… e ir levantando esas barreras que nos hemos colocado a medida que hemos ido creciendo.

El juego libre, el que verdaderamente deja espacio a la fantasía y la imaginación, es el que realmente nos ayuda a crecer emocionalmente. Cuando alguien está jugando se olvida de las preocupaciones, de las normas, y actúa alegremente dejándose llevar por lo impredecible del propio juego. Es la mejor herramienta que tenemos para conocernos, comunicarnos y desarrollarnos. Cuando jugamos solemos comportarnos tal y como somos, y nos permitimos hacer y decir cosas que muy probablemente reprimiríamos en la vida real, con el consiguiente desahogo emocional que nos proporciona.

Para conseguir el máximo provecho de los juegos tenemos que hacerlo de una forma natural, sin complejos, sin vergüenza, de manera desinhibida, exactamente igual que lo hacen los niños. Si logramos experimentarlo de esta forma, el traspaso de lo aprendido a la vida real será fácil y natural.

Pero no a todo el mundo le resulta igual de sencillo dejarse llevar. Esto limita nuestra posibilidad de experimentar; no arriesgamos y, por lo tanto, no evolucionamos, no aprendemos nada nuevo. Para ayudarnos en esto, existen metodologías como son la Risoterapia o el Psicodrama que nos dan recursos y herramientas para superar nuestras limitaciones. 

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Para que el juego sea provechoso debe sacarnos de nuestra zona de confort, permitir que sintamos la pérdida de control, ponernos en situaciones nuevas y diferentes. De esto modo aflorarán nuestras emociones y se abrirán nuevas posibilidades de actuación donde poder aprender y ampliar nuestro abanico de comportamientos.

Son innumerables los beneficios que nos aporta el juego, pero vamos a intentar nombrar algunos de ellos:

  • El juego desarrolla la creatividad.
  • El juego da alegría.
  • Reduce el estrés y la ansiedad.
  • Jugar regularmente aumenta la longevidad.
  • Crea y mantiene vínculos con otras personas.
  • Es un estado ideal para la introspección.
  • Ayuda en la resolución de problemas.
  • Se vitaliza el cuerpo y se generan conexiones cerebrales.

En definitiva, el juego es una actividad natural que nadie nos enseña, que sale de manera espontánea cuando somos pequeños. Mantener la capacidad de jugar de forma libre a lo largo de toda nuestra vida nos enriquece y nos acerca a la felicidad. Aprendamos, pues, de los niños.


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Esperanza Gómez Harriero
@PsicologaHuelva

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