Jueves, 23 mayo 2013

Grande e inmortal

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Bernardo Romero

Que la visión que nos pudiera quedar es la de un señor mendigando por las calles de Huelva con una guitarra de tres cuerdas, es una de las mayores injusticias que se puedan hacer con quien ha sido uno de los más grandes de la guitarra de todos los tiempos.

El Niño Miguel, de la tremendísima saga de los Tomate, se crió en El Higueral, junto al antiguo Lazareto. Allí su padre, le instruyó en el noble arte de la música como se hacía en unos que ya son afortunadamente casi olvidados tiempos. Tiempo y constancia. Muchas horas diarias y la madre del Niño Miguel buscándolo por los descampados donde se encontraba con los amigos del barrio para jugar a la pelota o al chicharito la jaba. Le buscaba cada vez que el padre regresaba a casa, que no lo quería ver haciendo otra cosa que no fuera tocar la guitarra. Con ese radical método que hoy escandalizaría al más resabiado de los docentes y pedagogos, el Niño Miguel se fue haciendo lo que terminó siendo, uno de los grandes, uno de los guitarristas más importantes y, lo que todavía muchos no saben, más influyentes.


Fue hará cosa de tres o cuatro años cuando coincidí con el maestro en la Peña Flamenca de El Higueral, su barrio. Era una noche fría en la que cantaban dos artistas que venían acompañadas cada una con su guitarrista, como es natural. Al fin de la actuación, nos quedamos unos pocos haciendo tertulia y uno de los guitarristas preguntó por el Niño Miguel. De él estábamos hablando cuando apareció por las puertas. En dos minutos estaba el maestro con una guitarra nueva y reluciente que le pasaron tocando el sitio de Zaragoza que inmortalizó Sabicas. Los dos guitarristas, con los ojos muy abiertos y las orejas más, no perdían puntal. Después y a petición de la concurrencia, atacó su archiconocido Vals Flamenco, que nos dejó a todos absolutamente asombrados y con el vello como escarpias.


Después les pidió que le acompañaran y tocó un tema de su amigo Paco de Lucía, Entre Dos Aguas. Del propio tocaor de Algeciras oí reconocer que Niño Miguel era el tocaor más importante e influyente que había en Andalucía. Manolo Sanlúcar y muchos más compartían esa opinión. Poco después le encontré en la Peña Flamenca de Huelva, que el artista solía frecuentar bastante. Después de una actuación se puso por su cuenta a tocar en el escenario pequeño que hay en un lateral del gran salón de la Peña de Huelva. Al poco todo el personal estaba allí, a su alrededor, rendidos a tanto arte y a tanta maestría. Ya no lo volví a ver más, y si lo vi prefiero no acordarme, porque yo al menos me quedo con el guitarrista más exacto y con más duende que haya podido nacer nunca en este planeta. Si es que el Niño Miguel era de este planeta, lo cual ahora, después de la noticia que no por esperada nos ha dejado de doler más, lo estamos dudando más de uno y más de dos. Descanse en paz el maestro y que el Señor Todopoderoso, ese que de verdad existe y todo lo perdona, el que nos sólo nos transmite paz y buenos sentimientos, lo tenga en su gloria. Los mortales seguiremos disfrutando de la música de Niño Miguel por los tiempos de los tiempos. Ahí lo tienen ustedes, a su disposición en estos internetes nuestros de cada día. Escuchen el Vals Flamenco y verán lo que es tocar la guitarra, con tanto sentimiento como maestría.



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