Jueves, 14 marzo 2013

De pajas y vigas

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Fran Barbosa

No sé si es algo característico sólo de los españoles o si es extensible al resto de la humanidad, aunque me consta que los italianos cojean del mismo pie que nosotros (quizá por ello su situación actual sea tan pareja a la nuestra). Por lo general, no nos basta con tener cierta simpatía o inclinación hacia alguien o algo, hacia una idea, sino que tendemos a entregarnos en cuerpo y alma a su defensa, como si nos dotara de mayor personalidad, independencia o carácter, somo si nos aportara seguridad. Y no se me entienda mal, creo que es positivo tener confianza en las creencias propias y defenderlas, pero hasta el límite de lo razonable. Lo peor de morir con unas ideas es, precisamente, que se acaba muriendo.

Y da igual de lo que hablemos, que siempre habrá posturas encontradas, que pasarán a ser enfrentadas; que crearán grupos que se convertirán en bandos. Y a partir de ahí, pasamos de ser librepensadores a ser pretorianos de una causa. Y el problema no es tanto el litigio en sí, como el cinismo con el que se litiga.

A saber, hay varios ejemplos. En el deporte, madridistas y barcelonistas llevan años enfrascados en una guerra que trasciende lo futbolístico en torno a ideales tales como lo moral, el señorío, la deportividad, la estética, la humildad o la sinceridad. Los hay consecuentes, pero he de decir que me encuentro con muchos más radicales de ambos bandos, capaces de disculpar entradas salvajes, operetas de teatro sobre el césped, dedos en ojos ajenos o discursos cargados de falsedad con tal de rendir buen servicio al escudo al que se deben.

Pero esto no va de fútbol. En política también cuecen habas. Es, quizá, el ámbito donde más se practica eso de fijarse en la paja del ojo ajeno e ignorar la viga propia. En los últimos días, hay varios temas de candente actualidad que salpican a las dos principales fuerzas políticas del país. Por un lado, el caso Bárcenas no desfallece y mantiene el pulso, al mismo tiempo que los 'peperos', confesos o encubiertos, son capaces de quitar hierro al asunto, preferir desprestigiar al diario que ha destapado toda la trama, sospechar de los jueces o qué sé yo, en lugar de reconocer que el ex tesorero tiene toda la pinta (a falta de sentencia) de haber trincado y, además, haber sido más que generoso con las principales figuras del partido.

Por el otro, y más reciente, resulta que en tierras castellanoleonesas, concretamente en Ponferrada, el PSOE consigue la alcaldía pactando con un ex alcalde condenado en 2002 por acoso sexual. La historia tiene miga, ya que el partido reacciona y pide la dimisión o la militancia a sus representantes en dicho ayuntamiento, pero una vez que el escándalo es de dominio público. Siempre quedará el interrogante de qué habría pasado si nadie hubiera dicho esta boca es mía, que ya sabemos cómo funciona esto de la política.

Pero eso no es lo preocupante en este caso. Lo preocupante es que se usa como arma arrojadiza por parte de simpatizantes o militantes del PP, mientras que socialistas exculpan a su partido por el mero hecho de haber reaccionado. También los hay que argumentan que el travieso ex edil ha cumplido su condena, que qué problema hay...

Lo primero que es enfermizo es que este señor pudiera volver a presentarse a unas elecciones después de haberse demostrado que abusó de su posición para acosar a una joven trabajadora, pero es más enfermizo que fuera lo suficientemente votado en ese pueblo como para ser una fuerza política a tener en cuenta para hacer un pacto. Y es enfermizo que personas de un partido que asegura estar sensibilizado con las desigualdades y los abusos sea capaz de pactar con semejante elemento, con la justificación de que así despoja del poder a su rival. Enfermizo y radical, claro. También egoísta e interesado.

Incluso a muchos kilómetros de distancia ha sido curioso ver cómo la muerte de Hugo Chávez también ha creado bandos entre los que no han querido ver ni lo bueno que dejó, ni lo malo, que de todo hubo. O fue un adalid de las libertades o un dictador del calibre de Franco o Hitler, sin término medio.

Pero no queda ahí la cosa. La Iglesia está de moda. Hasta ayer, se buscaba Papa, ya se sabe, y repasando la lista de figuras eclesiásticas que allí se encontraban para decidir qué color le iban a dar al humo que sale de la candela cada día, resulta que encontramos a algún que otro cardenal o arzobispo que ha tenido relación con escándalos de abusos a menores convenientemente silenciados. Alguno porque no se dignó ni a escuchar a las supuestas víctimas de tales abusos. Otros porque directamente pagaron a cambio de silencio y evitaron así un proceso judicial. Se habla de renovación de la institución, pero se antoja difícil si entre los encargados de elegir sucesor se encuentran semejantes iluminados. No parece muy justo que seis zorros y una gallina voten para ver qué se cena, al fin y al cabo.

La Iglesia es muchas cosas buenas, pero también esconde otras malas y parece increíble que se mire hacia otro lado en muchos casos. La fe mueve montañas y, por lo que se ve, provoca ceguera o mala memoria en muchos otros. También las hay que la atacarán de manera incondicional, por muchas labores humanitarias que desarrolle, tanto en países pobres como en su propio barrio.

En resumen, siempre encontrarán personas que le quiten hierro al asunto, que echen por tierra la información o al informante o que, simplemente, intenten cambiar de tema para dejar constancia de las cosas buenas que aporta aquello que defienden. Ausencia de autocrítica, propia o grupal. La más pura esencia del 'y tú más', que lo contamina todo, que recrudece los enfrentamientos y que, en esencia, aumenta la distancia entre personas que no son tan distintas y que tienen más intereses comunes que diferencias insalvables. Es la sal necesaria del 'divide y vencerás'. Quizá sea el camino que nos ha llevado hasta aquí y parte de la razón de que no sepamos salir. No se puede esperar que todo cambie a nuestro alrededor y vengan a salvarnos sin mover el culo de un asiento que no siempre nos da descanso, pero que defendemos contra viento y marea por el mero hecho de sentirlo nuestro.
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De Huelva
Fecha: Jueves, 21 marzo 2013 a las 18:12
Hombre, la distancia entre Ponferrada y la comunidad autónoma de Galicia no es de más de 40 kilómetros, que yo vivo por esta zona. Cerca están. Y quedarse con eso en vez de con el mensaje del artículo es muy preocupante...
Juan Luis
Fecha: Miércoles, 20 marzo 2013 a las 17:36
Pa mí es que mezcló mentalmente Pontevedra y Ponferrada
j
Fecha: Miércoles, 20 marzo 2013 a las 17:35
Hombre, cerca cerca lo que se dice cerca Ponferrada y Galicia no están, pero bueno, errar es de humanos
A
Fecha: Miércoles, 20 marzo 2013 a las 14:01
Me aburro...
Fran Barbosa
Fecha: Lunes, 18 marzo 2013 a las 20:22
Cierto. La cercanía me ha jugado una mala pasada. Intentaré que lo corrijan. Gracias por el apunte.
j
Fecha: Lunes, 18 marzo 2013 a las 19:07
Fran, picha, Ponferrada está en León. Repasa el bachillerato, literato
Yambier
Fecha: Sábado, 16 marzo 2013 a las 12:38
Excelente el últmo párrafo.
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