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Antonio Jesús Romero Vera
Sábado, 16 febrero 2013
crítica

'Maus: Relato de un Superviviente': jugando al gato y al ratón

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Acabo de terminar de releérmelo; no es la primera vez que lo hago y, probablemente, tampoco será la última. No es una obra que invite a la relectura, pero es echar siquiera una simple ojeada por encima (tanto con 'hache' como sin ella; 'hojear' suele implicar 'ojear', y viceversa) para acabar atrapado entre sus páginas, como una mosca en una telaraña. Como una telaraña no; más bien como un ratón en una ratonera.

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Crítica de 'Maus: Relato de un Superviviente', una fábula sobrecogedora sobre el Holocausto nazi y ganadora del premio Putlizer.

Como otras veces, he tenido que pararme un momento para respirar hondo; el propio sabor del aire parece distinto. No sé cómo aguanto las ganas de descorchar la botella de sidra que me aguarda en la alacena (y que, por cierto, debo agradecerle al camarada don Jesús M.).

Desde crío, amo con locura los mundos de viñetas y bocadillos. Se les llame cómics, tebeos, historietas o novelas gráficas, siempre, o casi siempre, he considerado que constituyen un medio narrativo tan perfectamente válido como el cine, la literatura o cualquier otro. Al fin y al cabo, no en vano se le considera el noveno arte.

Afortunadamente, hay títulos que se defienden a sí mismos y, con ellos, a todo su campo; 'Maus: Relato de un Superviviente', es uno de ellos. Escrito e ilustrado por Art Spiegelman, el primer volumen fue publicado originalmente en 1986 con el subtítulo de 'Mi padre Sangra Historia'. El segundo, 'Y aquí comenzaron mis problemas', no vio la luz hasta 1991. No obstante, la mayoría de las ediciones, incluyendo las españolas, suelen recopilar los dos en un único tomo.

En ambos nos relata la historia real, ¡y tan real!, de su padre, Vladek, al que rinde tributo y, con él, a todas las demás víctimas, tanto supervivientes como no, de los infaustos campos de concentración nazis. Imagino que todo el mundo sabrá perfectamente qué y quiénes fueron el partido nazi, Hitler, Himmler, Goebbles, Mengele, Mussolini, la Segunda Guerra Mundial, 'Mi Lucha', Auschwitz o Nuremberg. No me animo a describirlos ni a redactar ningún texto explicativo porque, además de considerarlo innecesario, me veo incapaz de hacerlo y, sobre todo, de hacerlo bien.

Y si, por un casual, me equivocara y cupiera la posibilidad de que alguien estuviera leyendo estas líneas sin saber absolutamente nada de lo anterior o teniendo sólo vagas nociones... Bueno, pues más motivo todavía para insistir en que aborde la lectura de este tebeo.

Está realizado con una labor de documentación exhaustiva, a fin de retratar con la más rigurosa fidelidad posible las tristes y deleznables circunstancias históricas que relata; pero no pretende en absoluto, sin embargo, ninguna objetividad; siendo, por el contrario, muy personal e íntimo.

Es sincero, desnudo y de gran emotividad, rozando quizás el exhibicionismo pero sin caer en él ni en el sensacionalismo gratuito; y está narrado en dos (o más) niveles distintos pero tan entrelazados y complementarios dentro de la visión del autor que, realmente, estamos hablando del mismo.

Con el testimonio de Vladek, 'Artie' Spiegelman nos relata también su complicada y a menudo tensa relación con él; y, por extensión, de manera colateral pero premeditada, parte de sus propias vicisitudes, traumas, miedos y ansiedades: su lucha contra los fantasmas de una madre trágicamente muerta, el de un hermano idealizado al que nunca llegó a conocer y el de un progenitor entonces todavía vivo, al que admira y detesta a un mismo tiempo y al que se esfuerza por comprender para, quizás de esta manera, comprenderse a sí mismo; sobre todo ahora que también va a ser padre: su hija Nadja nacerá durante el proceso creativo de esta obra y a ella estará dedicada su segunda parte.

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De esta manera, nos revela como toda su vida y todas sus percepciones se han visto condicionadas por esa tragedia de magnitudes ingentes, que tan cercana y tan distante le resulta a la vez y que, todavía a día de hoy, sigue sembrando sus secuelas y compitiendo con otros horrores de una raza humana que parece no haber aprendido la lección.

Quizás por proceder del mundo del cómic 'underground' (aunque creo que nunca tendré del todo claro el significado de este término) tiene una manera bastante sui genéris de presentar la historia, mostrando a judíos y alemanes con rasgos faciales de roedores y felinos respectivamente, en lo que viene a ser el rasgo más característico e icónico del título.

La única representación que se hace de Adolf Hitler es la que aparece en las portadas y, aún así, resulta perfectamente reconocible, de una manera estremecedora. Sin embargo, recuerdo que al ver esas cubiertas con ratones y esvásticas en mis años mozos, solía pensar: 'Menuda chorrada'. Nunca hubiera afrontado su lectura (y menos su adquisición) si no hubiera leído algunas críticas previas o si no me hubiera sido muy recomendada.

Huelga decir que las referencias al archifamoso Walt Disney y a su ratón Mickey no son para nada gratuitas y que, si tuviera oportunidad o posibilidad de viajar en el tiempo, abofetearía a mi 'yo del pasado' por semejante prejuicio.

Excepto por este tratamiento visual tan particular de los personajes, el dibujo es bastante sencillo y se encuentra subordinado por completo al guión. Sólo en contadas ocasiones, especialmente seleccionadas por el artista, se deja llevar por cierta abstracción a fin de expresar más eficientemente ciertas emociones.

Todas estas características gráficas no rebajan en lo más mínimo la crudeza de una historia que, como decíamos antes, se presenta intacta, literal y descarnada; sino que forma parte de un juego de alegorías que el autor propone desde un principio. A menudo, incluso, son parte indispensable de su 'metalingüística' (si es que tal término es aplicable a los cómics).

Dicha metalingüística es inherente a la narración: Spiegelman se presenta a sí mismo como personaje y tanto la concepción de la propia obra como las motivaciones tras ella son utilizados dentro de la misma como motores narrativos.

La llamada 'cuarta pared' se rompe habitualmente; bien de forma sutil, a través de pequeños detalles; o, por el contrario, de maneras igualmente elegantes pero algo más abruptas, como cuando somos metafóricamente golpeados por las fotografías reales de Richieu Spiegelman o del propio Vladek. Afortunadamente, no se abusa de estos recursos, manteniendo así intacta su capacidad de impacto.

Considero que es una novela (gráfica) demasiado grande, en muchos aspectos, como para ser despiezada y viviseccionada en una burda reseña como la de este humilde servidor. Creo que el mejor favor que se le puede hacer (en el fondo, realmente el único) es recomendar encarecidamente su lectura a todo aquel que esté mínimamente interesado. Es el primer cómic que ha ganado uno de los prestigiosos Putlizer; ya saben, esos famosos galardones periodísticos. Lo cual, por supuesto, no es garantía inherente de calidad, pero sí que certifica su singularidad.

Bastante más interesante, veraz y personal que muchas otras obras artísticas y narrativas sobre Auschwitz, en un libro que merece, sin duda, estar en cualquier estantería.

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3 Comentarios
Conan692
Fecha: Lunes, 25 febrero 2013 a las 01:34
Mucho que aprender de tí crak! estaré atento a mas reseñas tuyas y a las que ya tengas :) un abrazo de un onubense por los madriles
Nieves
Fecha: Jueves, 21 febrero 2013 a las 22:44
Jope, me están dando ganas de leérmelo otra vez... :P Como siempre que hablas de alguna obra, me da la sensación de que me he perdido (o he olvidado) un sinfín de detalles ^^U
Inku Sen
Fecha: Domingo, 17 febrero 2013 a las 00:31
Es genial! queremos más reseñas tuyas ^^

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