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Miércoles, 13 febrero 2013
clorofobia

Beas y el miedo al verde

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Hace unos días puse mi nombre a un árbol, lo “bauticé”. Fue en Vitoria-Gasteiz, una ciudad que el pasado año fue declarada Capital Verde de Europa. Allí ciudadanos y naturaleza se dan la mano, llevan muchos años haciéndolo: cuidando su entorno natural, mimando sus parques y jardines, fomentando políticas de apoyo y respeto por la naturaleza y el medio ambiente... En definitiva creando conciencia verde.

Mi árbol no ha sido el único que se ha bautizado en la ciudad con un nombre. Junto al mío, otros 250.000 ya tienen identidad personal. Este es el resultado del Programa Green puesto en marcha por la Concejalía de Medio Ambiente de la capital vasca.  

Me gustaría hacer ese mismo gesto en mi  pueblo, el que me vio nacer, Beas.  Precisamente el color verde y el nombre de mi pueblo están muy relacionados: BEAS, significa VERDE, vega, lugar rico en agua, en árboles, en huertas, aquéllas que dieron vida y origen al pueblo. Pero ese gesto no puedo realizarlo, se antoja difícil por muchas razones. Mi pueblo vive de espaldas a sus orígenes, al arroyo, a las huertas, e incluso padece de CLOROFOBIA, es alérgico al color verde. Muchas especies arbóreas de sus calles, plazas y parques van muriendo, sin que nadie alce la voz para evitar su desaparición o, al menos, paliar su ausencia con la plantación de un retoño. Es más, a esta desidia se ha unido ahora la política activa del equipo de gobierno municipal para hacer desaparecer los pocos árboles y zonas ajardinadas existentes en el pueblo, reemplazándolas por cemento. 

En Beas, como en otros muchos pueblos de la comarca del Condado, en las primeras décadas del siglo XX, se empiezan a plantar árboles en algunos espacios públicos para que sirvieran de zona de paseo y recreo. Fueron básicamente dos las zonas elegidas para ello: la parte alta de la Plaza de España, que fue a partir de entonces conocida como El Paseo, y el camino de arrieros que atravesada el extremo sur de la población, en las calles conocidas entonces como El Barrio, Nador, o el Concejo (hoy avenidas de Andalucía y del Belén Viviente), donde se plantaron grandes hileras de moreras, hoy taladas, y sustituidas, en parte, por  naranjos nuevos.

Precisamente en esta última zona, donde se ubican las instalaciones de nuestro conocido Belén Viviente, así como uno de nuestros referentes patrimoniales, el Pozo del Concejo, hace apenas tres años se decidió emprender una serie de obras de mejora de su entorno, rehabilitándose la vieja fuente pública, y ajardinando esta avenida con una mediana de setos vegetales para mejorar y poner en valor el entorno del Belén. Ahora los regidores municipales han decidido destruir parte de lo realizado. De la noche a la mañana, sin planificación, sin comunicación pública, sin posibilidad de opinar y alzar la voz por parte de los vecinos, sin poder plantear alternativas, llegaron las máquinas, las palas y todo lo destruyeron. El verde, otra vez, fue sustituido por el cemento. 

Si tuviese que poner un símil a esta forma de actuar diría que “llegó el dragón malo y puñetero, con sus brujas para destruirlo”, recurro a estas palabras porque fueron las empleadas por nuestro actual alcalde, Guillermo Rivera Rosario, hace algunos años, para referirse a hechos que, por entonces, les parecían intolerables.  En tres años los vecinos hemos pagado por hacer unas mejoras en el pueblo, y hemos vuelto a pagar por destruirlas. Yo me pregunto y pido una explicación: ¿Por qué se actúa de esta forma? ¿No existían alternativas posibles al seto verde? ¿No podía ser reemplazado por otras especies vegetales? ¿Por qué, si no hay dinero para políticas activas, si hay disponibilidad para la destrucción? ¿Por qué no se informa a los vecinos antes de actuar?...

Tengo que alzar mi voz porque éste no es un hecho aislado, sino que parece ser el modo habitual de actuar en los espacios públicos, en las pocas zonas verdes de mi pueblo. Por ejemplo, en la plaza de Andalucía también se han eliminado todos los árboles –excepto un naranjo- y sus espacios han sido ocupados nuevamente por el cemento. 

Podría seguir poniendo ejemplos: han desaparecido los naranjos de la calle Cruz Verde, plantados cuando se peatonalizó; las palmeras de las calles y plazas de Candón van muriendo sin que nadie ponga remedio, o intente evitar los estragos causados por el picudo rojo; la plaza pública situada delante del colegio municipal sigue apareciendo desierta de arboleda después de muchos años de haberse eliminado la anterior; se talaron los árboles que ajardinaban la fachada del cementerio municipal; la zona verde más antigua del pueblo, la de los naranjos de la plaza de España sufre ataques casi constantes: podas abusivas por parte de particulares cuando alguna rama "molesta" durante la construcción de la plaza de toros o el desfile de algún paso procesional; en El Llano de la Fuente, donde en el pasado hubo árboles y fuentes, hoy el hormigón es el gran protagonista para que pueda ser usado como aparcamiento público sin ordenación alguna; los jardines del acceso norte al pueblo, desde Valverde del Camino, carecen de mantenimiento y están mal cuidados, sucede algo parecido con las zonas ajardinadas de acceso a Candón; los matojos invaden la Plaza de los Derechos Humanos; y la gran zona verde del pueblo, el parque municipal, aparece cercada con una gran valla y pocas puertas abiertas que inviten a los vecinos a disfrutar de sus instalaciones.

En fin, son éstos sólo algunos ejemplos que reflejan la fobia que en Beas se siente por las zonas verdes, una CLOROFOBIA amparada e impulsada por los responsables municipales, quienes por desidia, o por actuaciones activas, contribuyen a la desaparición del verde en nuestro pueblo. Alzo mi voz para que mis palabras sirvan de denuncia y reflexión. Alzo mi voz porque quiero que los políticos nos dejen participar a los vecinos en la vida municipal más allá de convocarnos a elecciones cada cuatro años. Alzo mi voz para que estos regidores municipales nos permitan opinar. Y, alzo mi voz para reclamar que Beas sea más verde, pierda el miedo. BEAS, TE QUIERO VERDE.

Diego Lorenzo Becerril Pérez
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3 Comentarios
NO ESTOY
Fecha: Jueves, 18 abril 2013 a las 23:32
Si.... Como lo que cuidan en ese pueblo a la Vía VERDE...Deberían pedir a cada uno que untra en ella con el coche o moto a pagar el coste de obra que pago el Ministerio
ELENA L
Fecha: Martes, 19 febrero 2013 a las 15:53
Diego quiero agradecer tus palabras tan sinceras y que tanta e indiscutible razón llevan. Con ellas seguro que remueves dentro de muchos beasinos y no sólo beasinos, su capacidad de denuncia y reivindicación. Espero que también por esta parte de España nos demos cuenta de que la naturaleza y los seres humanos no van cada uno por un lado, que formamos parte de un todo y nos necesitamos mutuamente para vivir con dignidad. Gracias de nuevo, un saludo! BEAS, TE QUIERO VERDE!!
Rocío
Fecha: Jueves, 14 febrero 2013 a las 13:54
Diego, he leído y trístemente suscribo lo que dices, tengo una casa en la zona de la estación, es de vergüenza el estado en el que está el parque infantil que pusieron, todos los árboles muertos, toda la basura tirada y desperdigada. Mis emails al ayto. nunca respondidos, en fin, para que seguir.

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