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Esperanza Gómez Harriero
Sábado, 9 febrero 2013
psicosalud

Una ilusión para vivir

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A veces la realidad es dura de aceptar al romper las expectativas de muchos sueños e ilusiones. Pero en gran parte son esas ilusiones las que hacen que nuestra vida no carezca de sentido; de ahí la importancia de tener ilusiones.

A través de las ilusiones distorsionamos la realidad para soñar despiertos, para proyectar objetivos que no siempre son alcanzables. Sin embargo, a pesar de que no siempre se cumplen nuestros deseos, sí es cierto que van proporcionando pellizquitos de felicidad momentánea. Hay quienes dicen que “un ser humano sin ilusiones sería como un reloj antiguo sin cuerda”. ¿Qué pensáis?

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Los desengaños que sufrimos a lo largo de la vida pueden llevarnos a desilusionarnos y a sentirnos decepcionados. En ocasiones esto suele ser la antesala de sentimientos y estados de ánimo dañinos para nuestra salud. ¿Qué es lo que podemos hacer, entonces, para que las ilusiones nos aporten beneficios en lugar de perjuicios? Las ilusiones personales sólo pueden llegar a lograrse cuando somos nosotros mismos quienes las manejamos, y no dependen de terceras personas.

Cuando queremos alcanzar metas y sueños en los que otra persona tiene el mando, con bastante frecuencia nos quedamos en una mera fantasía, y en el peor de los casos podemos sentirnos fracasados, desilusionados, apáticos o deprimidos. En cambio, si el logro está en nuestra mano, ahí las probabilidades de conseguir lo que anhelamos indudablemente aumentan, y ya sólo depende de la motivación que pongamos en nuestro empeño.

Lo que parece evidente, logremos o no hacer realidad nuestros sueños, es que sin ilusiones es difícil (por no decir imposible) tener una vida feliz. Tener ilusiones es una maravillosa cura contra la amargura, el resentimiento y la pasividad. Además, la ilusión transmite ilusión, lo que es un componente esencial para estar motivados, y si estamos motivados… ¡podemos conseguir lo que nos propongamos! Es un bucle cargado de optimismo.

Una aclaración que podríamos hacer es que no es lo mismo vivir de ilusiones que vivir con ilusión. Vivir de ilusiones, al final, queda en nada, en fantasías, en el pensamiento. Pero vivir con ilusión nos lleva a ponernos las pilas para conseguir lo que queramos. Vivir con ilusión no nos convierte en ilusos, en absoluto; lo que nos hace es pensar que no todo es malo, que no todo son obstáculos, y nos ayuda a aceptar que las cosas malas pasan sin llevarnos al derrotismo.

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Tener ilusiones es vivir hacia adelante, tener metas, retos, objetivos, planes… Esto no quiere decir que nos olvidemos del presento, muy al contrario lo que consigue es activarnos hoy para seguir nuestro camino con ganas y energía. Tener ilusiones es estar vivo.

En definitiva, tener ilusión por las cosas que hacemos es importante porque nos ayuda a levantarnos con una sonrisa y una dosis de energía extra, porque nos mueve para ponernos en marcha e impulsarnos, y porque añade pasión a nuestras acciones en el día a día.
Para terminar, me gustaría compartir un pequeño relato que llegó a mis manos, y cuyo autor desconozco. Creo que puede servirnos para reflexionar. ¡Feliz semana!

“La primera vez que Luca oyó hablar de la Isla de los Inventos era todavía muy pequeño, pero las maravillas que oyó le sonaron tan increíbles que quedaron marcadas para siempre en su memoria. Así que desde que era un chaval, no dejó de buscar e investigar cualquier pista que pudiera llevarle a aquel fantástico lugar. Leyó cientos de libros de aventuras, de historia, de física y química e incluso música, y tomando un poco de aquí y de allá llegó a tener una idea bastante clara de la Isla de los Inventos: era un lugar secreto en que se reunían los grandes sabios del mundo para aprender e inventar juntos, y su acceso estaba totalmente restringido. Para poder pertenecer a aquel selecto club, era necesario haber realizado algún gran invento para la humanidad, y sólo entonces se podía recibir una invitación única y especial con instrucciones para llegar a la isla.

Luca pasó sus años de juventud estudiando e inventando por igual. Cada nueva idea la convertía en un invento, y si algo no lo comprendía, buscaba quien le ayudara a comprenderlo. Pronto conoció otros jóvenes, brillantes inventores también, a los que contó los secretos y maravillas de la Isla de los Inventos. También ellos soñaban con recibir "la carta", como ellos llamaban a la invitación. Con el paso del tiempo, la decepción por no recibirla dio paso a una colaboración y ayuda todavía mayores, y sus interesantes inventos individuales pasaron a convertirse en increíbles máquinas y aparatos pensados entre todos. Reunidos en casa de Luca, que acabó por convertirse en un gran almacén de aparatos y máquinas, sus invenciones empezaron a ser conocidas por todo el mundo, alcanzando a mejorar todos los ámbitos de la vida; pero ni siquiera así recibieron la invitación para unirse al club. 

No se desanimaron. Siguieron aprendiendo e inventando cada día, y para conseguir más y mejores ideas, acudían a los jóvenes de más talento, ampliando el grupo cada vez mayor de aspirantes a ingresar en la isla. Un día, mucho tiempo después, Luca, ya anciano, hablaba con un joven brillantísimo a quien había escrito para tratar de que se uniera a ellos. Le contó el gran secreto de la Isla de los Inventos, y de cómo estaba seguro de que algún día recibirían la carta. Pero entonces el joven inventor le interrumpió sorprendido:

- ¿Cómo? ¿Pero no es ésta la verdadera Isla de los inventos? ¿No es su carta la auténtica invitación?

Y anciano como era, Luca miró a su alrededor para darse cuenta de que su sueño se había hecho realidad en su propia casa, y de que no existía más ni mejor Isla de los Inventos que la que él mismo había creado con sus amigos. Y se sintió feliz al darse cuenta de que siempre había estado en la isla, y de que su vida de inventos y estudio había sido verdaderamente feliz.”


psicosalud@huelva24.com
Esperanza Gómez Harriero
@PsicologaHuelva

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