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Enrique Gómez
Viernes, 12 octubre 2012

Quién necesita una patria

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En el día de la Hispanidad, efeméride del gran genocidio, comparecen en televisión pública todos los miembros de su campo semántico: la monarquía, el ejército y los pueblos oprimidos. Del campo semántico que atañe a los genocidios. La calle Cánovas de Madrid parece el fuerte de playmobil de no sé qué dios alocado, abarrotada de soldaditos de colores, gorritas estrafalarias, espadones, panoplias, vejestorios, reyes decrépitos, príncipes atávicos, princesas ortopédicas, reinas de cera y vientos de otras épocas y otras avenidas.

En el graderío hay muchos niños que azuzan banderitas del reino y un retén de policía sigue de cerca a los anti-sistema. Algunos tercios lucen capas blancas y tarbushes morunos, grandes trompetas e histriónicas coreografías de cabaretera, un tanto incompatibles con las exigencias de la batalla. Sobre el cielo, ciertos aviones confeccionan nubes del color de España y queman el combustible de las golondrinas. 

Es todo tan diabólico en este día de España que hasta el nombre resuelve su prosapia imperialista. Hispanidad.  España como noción que se exporta y se asume, que se impone y se atraviesa. La fiesta que conmemora el inicio de la conquista de Latinoamérica allá por 1492, algo de lo que, por otra parte, no creo que debamos sentirnos avergonzados los españoles de hogaño. Al fin y al cabo, como acostumbran a aducir los nacionales, todas las civilizaciones incurrieron en la costumbre de guerrear contra otros pueblos, de sojuzgarlos, de someterlos, de saquearlos, por lo que nuestra vergüenza planetaria, de ser acumulable, no hallaría espaldas entre la humanidad de hoy donde apalancar su mórbida y obscena obesidad.  Sin embargo, lejos de rebatirlo, España se celebra en la dudosa gloria de una grandeza fundada en la ignominia, asumiendo una culpa que se desprende de los siglos con la boca abierta, como bebiendo de un cielo lluvioso de masacres. Ahí radica nuestra vergüenza. Nuestra vergüenza reside en esa paupérrima nostalgia de imperio, aferrada a un valor apestoso y a unos acontecimientos terribles. Reside en festejar la dominación y concebirla como parte de la identidad de la patria. 

Máxime cuando la patria no es tal. Han sacado los tanques a la calle, al cielo los aviones, al rey al palco, también al presidente, a algunos súbditos tras las vallas, es decir, han recreado una pequeña patria, pero curiosamente lo han hecho aquéllos que consienten que ésta haya dejado de existir como tal. De reunir una escala de patria, el palco presidencial debería acoger a sus dueños reales, banqueros, accionistas, poseedores de conglomerados mediáticos, de equipos de fútbol, de multinacionales de ropa y de alimentos, a todos ellos antes que a unos meros compromisarios de sus exigencias. A todos ellos que no tienen nacionalidad, como tampoco la tenemos sus asalariados. A ellos a los que España les importa un carajo, como un carajo nos importa a sus pueblos esclavos. Pues pienso que la patria, de ser algo, estaría hecha de gente, de gentes que convienen compartir servicios, idiomas, infraestructuras, modelos de organización, que erigen instituciones que salvaguarden esos intereses colectivos, que desarrollan su vida en consecuencia de su obligada convivencia en este planeta, que son lo suficientemente inteligentes como para aunar servicios y necesidades sin que se instale la contaminación del beneficio. Nosotros no hacemos patria, somos patria de otros. Somos la mina de oro de otros, al delegarles un Estado, al regalarles unas leyes que satisfacen su enriquecimiento, que nos hacen trabajar en condiciones leoninas, generando el paro preciso como para que estemos obligados a agarrarnos a sus condiciones, otorgándonos una deuda que tiene forma de yugo y tiene forma de religión monoteísta.  

No tenemos, pues, patria, ni empacho de patria, ni hartazgo de banderas, ni fobia a los himnos, ni miedo al rey. Tenemos necesidad de patria. La misma necesidad de patria de nuestros compatriotas asalariados portugueses, o griegos, o nigerianos, la misma necesidad de patria que alguien que nace en mitad del océano y no tiene pueblo donde aprender a hablar. Una patria cuyo día de fiesta conmemore la hazaña de un pueblo que supo imponerse, unido, internacional, contra el dominio de los robapatrias que hoy se ausentan de los palcos.  

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18 Comentarios
TenteMente
Fecha: Jueves, 25 octubre 2012 a las 20:14
Gracias a ti por tus palabras
Enrique
Fecha: Miércoles, 24 octubre 2012 a las 10:26
Ah, y muchísimas gracias por los comentarios y por haber leído el texto. Gracias a todos.
Enrique
Fecha: Miércoles, 24 octubre 2012 a las 09:17
Tengo dos perras pero no toco la flauta, tan sólo la guitarra. Y mal.
tito
Fecha: Miércoles, 24 octubre 2012 a las 07:01
PERRO-FLAUTA
Capitán Salami
Fecha: Miércoles, 17 octubre 2012 a las 10:16
Aunque no comparto lo que dice debemos reconocer que el muchacho tiene dotes y facilidad de palabra, muy bien redactado, con artículos así la clase roja (Tralarí) podrá seguir nadando en su mar de utopía e incomprensión. Un amigo. C.S
Tantomonto
Fecha: Martes, 16 octubre 2012 a las 09:05
Yo, en lo referente a los legionarios, reconozco que nunca le diría cara a cara a un soldado que sus bailes son de cabaretera (por miedo a una somanta de consagradas hostias como panes), pero reconozco que el autor del artículo ha logrado bastante el símil. Mi temor a expresarle a un legionario que no me gusta la legión ni aún menos la cabra, no es motivo suficiente para que sonría feliz cada vez que me imagino a un legionario contoneándose sobre una barra americana. No me estoy explicando bien, así que voy al grano: He vuelto a leer el artículo y aún más me gusta. Mi patria es Inditex, Repsol, Meliá y los empresarios que dominan este tejemaneje, mi bandera sus logotipos, mi himno sus jingles y mi lema sus eslóganes. El resto es Historia y nostalgia cañí.
yo sí necesito una patria
Fecha: Martes, 16 octubre 2012 a las 08:01
Yo doy argumentos, los demás insultan.Con eso está dicho todo.
jpg
Fecha: Lunes, 15 octubre 2012 a las 22:03
Si necesitas una patria es porque necesitas que te den por detrás
como nos están dando a todos
perraflauta
Fecha: Lunes, 15 octubre 2012 a las 20:55
pues si no lo has leido en serio,a lo mejor es que no tienes el suficiente nivel cultural para entenderlo, vamos que tu te lo pierdes
yo sí necesito una patria
Fecha: Lunes, 15 octubre 2012 a las 19:24
En cuanto ha aparecido la palabra "Genocidio" he dejado de tomar en serio el resto del artículo, porque es absurdo juzgar hechos que ocurrieron hace siglos con la mentalidad de hoy.
Lo del combustible de las golondrinas me ha dado ganas de llorar amargamente, snif snif. Me gustaría que le dijeses frente a frente a un legionario que lo que hace son coreografías de cabaretera.
charo
Fecha: Lunes, 15 octubre 2012 a las 11:45
Tengo que reconocer que no me gustó el soneto que hiciste dedicado a la ministra (recurrir a defectos físicos de otra persona no tiene justificación), pero éste si me gusta. Mucho.
antonia
Fecha: Domingo, 14 octubre 2012 a las 19:10
solo decir que me ha gustado este articulo
JD
Fecha: Sábado, 13 octubre 2012 a las 15:32
Nunca lo pensado fue mejor expresado. GRACIAS por volver
perraflauta
Fecha: Sábado, 13 octubre 2012 a las 13:49
Espectacular, has tardado en volver a escribir, pero lo has hecho a lo grande.
luismi
Fecha: Sábado, 13 octubre 2012 a las 11:59
Gracias por regalarnos esta columna. Te echábamos de menos....
Tantomonti
Fecha: Sábado, 13 octubre 2012 a las 11:55
Ayer, tras la primera lectura, dije: impresionante. Hoy he regresado para releer algunos fragmentos gloriosos. Solo puedo añadir que soy mucho más ácrata que antes de leer Quién necesita una patria. Gracias Enrique por escribir con sangre.
perraflauta
Fecha: Viernes, 12 octubre 2012 a las 23:44
espectacular,has tardado en volver, pero lo has hecho a lo
Tantomonta
Fecha: Viernes, 12 octubre 2012 a las 20:46
Impresionante.

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