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Daniel Rodrigo
Viernes, 5 octubre 2012

La generación perdida

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Hace unos días participaba en una conferencia donde en el turno de preguntas los participantes se quejaban, amargamente, de que estamos ante la generación más preparada de la historia, al menos la que más formación tiene, pero a la vez nos encontramos con que esa generación, paradójicamente, es la peor preparada, abriendo una brecha que va a ser complicada cerrar.

Esta generación es la misma que ahora se encuentra con datos del 52,1% de desempleo, la generación con más alta cualificación (en España hay 1.412.472 de universitarios) y la de menos formación, el 14% de población entre 16 y 24 años ni trabaja ni estudia.

Pero, ¿cómo hemos llegado hasta esto? Algunos podrán pensar que es culpa de los gobiernos, más preocupados por la especulación y el enriquecimiento rápido que por el futuro de otras generaciones. Y tienen parte de razón. Esos gobiernos formados por políticos elegidos en las urnas y algunos de esos políticos padres de esos jóvenes mejor preparados de la historia de España que ahora empiezan a ocupar puestos de cierta responsabilidad en la política, como el consejero de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid o como las consejeras de Presidencia y Fomento y Vivienda de Andalucía, son todos menores de 40 años y cachorros de esos políticos entre la especulación y la corrupción.

Los padres de esta generación perdida se preocuparon de dar la mayor formación posible, el que no iba a la universidad era un pequeño fracaso, excepto cuando llegó ese momento que facilitaba el ingreso fácil y rápido de dinero auspiciado por los políticos del crecimiento y no fueron capaces de exigir otras políticas, otras formas de empleo. Se generó un empleo que favorecía la picaresca, la evasión fiscal y el consumo de bienes de alto nivel. No era extraño ver un vehículo de alta cilindrada conducido por un joven que ganaba 3.000 euros al mes trabajando en la construcción o en el trapicheo, y sorprendentemente a todos les parecía normal.

Ahora nos rasgamos la vestiduras, y volvemos a culpar a los gobiernos que votamos, por “permitir” que los jóvenes se marchen de España, sin darnos cuenta de que los han empujado, que les han taponado el desarrollo profesional, que los puestos de responsabilidad en la política, en las empresas y en el resto de ámbitos sociales, siguen ocupados por personas de más de 55 años que tiene menos preparación que sus propios hijos pero no son capaces de plantear que es más rentable que los jóvenes trabajen que seguir con una población laboral envejecida.

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