Sábado, 15 septiembre 2012
psicosalud

Enfrentar la frustración

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Esperanza Gómez Harriero

Hace unas semanas hablábamos de la importancia de reconocer las propias necesidades; hoy me gustaría que continuáramos este tema que considero tan importante, centrándonos ahora, en las consecuencias de una necesidad no cubierta: la frustración.

Pongamos un ejemplo para verlo más claramente. Si tengo hambre, mi necesidad es comer. Si consigo algo de alimento cuando percibo esta necesidad, todo está bien, me siento feliz y satisfecha. Ahora bien, si no logro mi objetivo, aparece la frustración. Lo saludable en este caso, lo que menos daño hace a mi organismo, es expresar mi insatisfacción, mi agresividad, entendida ésta como la energía que produce la frustración. Esta agresividad podemos utilizarla para hacer o hacernos daño o podemos canalizarla saludablemente y responsabilizarnos de nuestros actos. Vamos a explicar esto detenidamente.

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Cuando expreso la agresividad (la frustración) que siento ante una necesidad no cubierta de una forma dañina, puedo dirigir esta energía hacia los demás o hacia mí misma. Esto es, puedo comportarme de forma violenta con las personas, cosas, animales, etc. que están alrededor, fuera de mí; o puedo maltratarme yo, ya sea juzgándome, culpándome o dedicándome cualquier tipo de acto, pensamiento o sentimiento negativo contra mí.

Veamos otro ejemplo que nos puede ayudar a entender esto último. Tengo la necesidad de recibir cariño, un abrazo, un beso, una caricia. Pongámonos en la situación de que, efectivamente, asumo que ésa es mi necesidad y soy lo suficientemente valiente como para pedir lo que quiero. Sin embargo, la persona a quien estoy haciendo mi demanda me rechaza. ¿Qué puedo hacer? Según lo que acabamos de comentar, podría comportarme de una forma violenta y, por ejemplo, darle una bofetada o insultarle. O también, culparme por no ser digna del cariño de los demás, desvalorizarme y pensar que no valgo para nada. Tanto una como otra, muy posiblemente (y quizás a la larga) acarreen unas consecuencias muy perjudiciales para nosotros mismos.

¿De qué otra forma, entonces, podemos enfrentar la frustración? Pues podríamos probar a hacernos responsables de nuestra necesidad: quiero un abrazo y lo voy a conseguir. Una manera de hacerlo sería sustituir a la persona a la que va dirigida mi demanda, es decir, pedirle cariño a otra persona distinta. ¿Y qué ocurre si el único abrazo que me vale es el de esa persona en concreto? Quizás podamos, entonces, recurrir a nuestra asertividad para volver a pedírselo hasta que lo consigamos, o en lugar de esto, aplazar nuestra necesidad, esperar a que pase un tiempo y volver a pedirle ese gesto que nos hace falta porque quizás no hayamos cogido a esa persona en su mejor momento.

Pero… ¿y si ni sustituyendo ni aplazando mi necesidad me siento feliz? Entonces muy probablemente estemos ante un proceso de pérdida, ante una situación que no es como nos gustaría que fuera y que quizás sea conveniente comenzar a asumir. Y como éste último punto nos ocuparía un artículo completo volveremos con él la próxima semana.

Te invito a que reflexionemos sobre lo que hemos tratado, y cualquier consulta que tengas no dudes en ponerte en contacto a través de la dirección que facilitamos.

¡Sé feliz!


psicosalud@huelva24.com

Esperanza Gómez Harriero

@PsicologaHuelva

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www.esperanzagomezharriero.com

¡Deje su comentario!
Esperanza
Fecha: Jueves, 11 octubre 2012 a las 11:44
¿Realmente existe la pareja ideal? No tengo la respuesta para eso. Un abrazo.
ñititi
Fecha: Jueves, 20 septiembre 2012 a las 02:46
la pareja ideal sería pues la que cubre todas tus necesidades?
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