Es de esos misterios que no deseo descifrar. Cuando un guiri aterriza en Huelva, la gente lo mira con ojos estupefactos y la primera pregunta que se le hace es: “¿Pero qué haces aquí?”. Luego tira piedras sobre su propio tejado: “¿Qué te parece Huelva? Es muy fea, ¿verdad? No tiene nada…”, pero se le ilumina la cara con un “¡¿Has visto nuestras playas?!” La respuesta es “Sí, he visto vuestras playas y están hechas un asco”.
![[Img #46010]](upload/img/periodico/img_46010.jpg)
Una arena dorada, unas dunas preciosas, chiringuitos con encanto... Entonces, ¿por qué? Si las playas de Huelva llenan a los onubenses de orgullo, ¿por qué las tratan tan mal? Ya sea en El Cruce, Mazagón, Punta Umbría o cualquier otra, el acceso a la playa se hace a través de montones de basura. Pequeños y grandes, para todos los gustos: latas, botellas, envoltorios, pañales, papel higiénico enganchado en las hierbas… Bolsas enteras de basura, a veces cerradas, a veces abiertas ya por los pájaros.
En los bordes de los carriles bici, más de lo mismo. Con lo preciosos que son estos carriles bici... Un lujo. Un día vi a un pescador tirando conscientemente bolsas de plástico al mar. No pude reprimir un: “¿Y eso?”, pero él, como si de algo natural se tratase dijo: “¡Si se lo lleva el agua!”.
Es una realidad que se va repitiendo año tras año y que, personalmente, hace que me cueste cada vez más ir a estas playas tan guays, sobre todo en pleno verano, que a las siete de la tarde ya se puede constatar lo que han comido, desechado y evacuado las familias que pasaron por allí a lo largo del día.
¿Cómo los onubenses, manteniendo sus hogares impecables, pueden convertirse en irresponsables a la hora de aprovechar uno de sus recursos más preciados?
¿Por qué voy a hacerlo yo si después alguien lo hará por mí?
No sólo ocurre esto en las playas. ¿Será la misma gente que tira chicles, paquetes de tabaco, bolsas y todo lo que les viene en gana por la calle, la que maltrata así sus playas? “Alguien lo limpiara por mí”. Qué poca dignidad tienen esas personas. Qué falta de respeto tanto a los demás como a sus propios valores. ¡Y ya no funciona lo de echar la culpa a “los putos sevillanos”!
¿Cómo explicar tal falta de civismo, por no decir de sentido común? De ecologismo ya ni hablamos. Quizás si el Ayuntamiento dejara de limpiar las playas nada más que una semana… ¿La basura olería lo suficiente para que la gente abriera los ojos (y cerrara la nariz) a esta realidad?
Algunos se atreverán a decir que es por no quitarle trabajo al personal del servicio de limpieza. Otros intentarán excusarse diciendo que no hay cubos de basura próximos. Hay playas en Europa en las cuales los contenedores no existen. No hay excusa válida.
El servicio de limpieza ya tiene bastante con limpiar las huellas de chicle incrustadas en los suelos y, algo más necesario todavía, quitar los regalitos de perro que adornan las calles.
Para esta plaga hay un remedio muy sencillo: que cada uno se lleve su mierdecita hasta la basurita de su casita. ¿Costará demasiado trabajo? ¿No merecería la pena? ¿Cómo se puede querer una cosa y maltratarla tanto? Es un misterio.
Audrey Bussiére